Diego Gareca, el secretario de Cultura de la Provincia, estuvo durante mucho tiempo en la parrilla. O en el horno. O en el infierno. Como funcionario le ocurrieron varias cosas fuleras en lugares vinculados a la cultura. Desastres, descuidos, accidentes, imprevistos.
Se quemó el Espacio Contemporáneo de Arte (ECA) en pleno centro de la Ciudad. Una grúa y una enorme parrilla de luces se desplomaron sobre las gradas y el escenario del anfiteatro Romero Day. Valiosas esculturas aparecieron rotas o dañadas en el cerrado Museo Fader. Tomemos aire.
Sigamos: una lluvia de críticas despertó su decisión de instalar una colonia de verano para chicos en el patio del Espacio Cultural Le Parc donde se colocaron decenas de piletas Pelopincho para los niños siendo que el lugar no estaba preparado para tal fin. No era, claro, un club. También fue muy cuestionado por haber contratado a un artista internacional, John Malkovich, que no estuvo a la altura de lo esperado.
El listado de sucesos poco felices es mayor, pero preferimos dejarlo acá porque el hombre también tuvo sus momentos felices. Y tiene a su favor la apariencia de ser alguien de buen carácter ya que se bancó como un budista las burlas y críticas, algunas despiadadas.
Chabón con banque
Chamuscado políticamente, muchos creyeron que iba a renunciar por amor propio y para no generarle problemas al gobernador Cornejo. Pero fue el propio mandatario el que lo bancó hasta el final.
Ahora ha presentado la solicitud para salir del averno e ingresar al Purgatorio antes de concluir su tarea el 10 de diciembre.
Con ese banque cornejista, Gareca se ha dado el gusto por estos días de reinaugurar el Espacio Contemporáneo de Arte (ECA), que se quemó en enero de 2017 cuando un grupo de obreros realizaba la restauración de su cúpula vidriada, al parecer sin haber tomado las debidas precauciones de seguridad laboral.
Volver al Fader
Y ahora se apresta a la reapertura (luego de siete años de estar cerrado al público) del Museo Fader ya que, por fin, han concluido los trabajos de restauración del que es sin duda uno de los enclaves culturales más bellos del mundo. Acá hay que decir a su favor que cuando él asumió, el Fader ya llevaba tres años cerrado.
Como si en todos estos años Gareca se hubiese puesto un traje de amianto, el funcionario ha curado las heridas y ahí anda ahora, agrandado como galleta en agua, como diciéndonos a todos que a pesar de toda la mala gamba, está concluyendo su gestión tan mentada y meneada, nada menos que inaugurando museos claves de la Provincia.
Permítame la confianza, lector, de sugerirle que se de una vuelta por el ECA. Privados como estamos del Museo Municipal de Arte Moderno, de la Plaza Independencia, también en reparación, es muy bueno tener en pleno centro un centro cultural de estas características.
Allí uno puede demorarse frente a obras de Sarelli, Azzoni, Molinelli o Sobisch, entre decenas de otros autores. O asombrarse ante los trabajos de creadores más jóvenes y audaces.
O subyugarse frente a la restaurada cúpula de vitraux, o ante las nuevas pinturas de los techos abovedados situados en la entrada (mire hacia arriba apenas ingrese). O para valorizar uno de los edificios más emblemáticos y señoriales de la Ciudad.
¿Lo dejamos, entonces, entrar al Purgatorio al que te jedi?
