Federico Pagano (41) es el gerente general de Montemar, una de las empresas más pujantes de la economía mendocina. En esta entrevista con Diario UNO abordó varios temas de la Argentina actual y también de la que vendrá en los próximos meses. Su mirada sobre el mercado financiero, el haberse quedado "solos" en el centro y una fuerte crítica al gobierno de Alberto Fernández: "Hicieron desaparecer entidades que eran centenarias". Claves para entender el momento que atravesamos los argentinos.
Federico Pagano: "Este gobierno puede hacer una Argentina similar a Estados Unidos cuando más creció"
- En la gestión Fernández decías que nunca habías visto una relación peso-dólar como la que teníamos . Que te sorprendía enormemente, entre otras cosas, que la brecha fuera mayor al 100% y las consecuencias que eso tenía. ¿Cuál es tu primera reacción hoy, con este contexto cambiario nuevo, de blue totalmente planchado y brecha muchísimo menor?
- Bueno, es que la realidad que teníamos con Fernández era completamente distinta a la actual, por supuesto. Antes que nada, hay que decir que lo que pasó hace dos meses en el país es que hubo un mandato social muy marcado, que fue elegir un cambio. Un cambio absolutamente radical. A partir de eso, es lógico que quien ganó diciendo lo que iba a hacer, lo primero que haga al llegar al poder sea ejecutar eso que prometía. Lo que pasa es que eso nos tiene desorientados, porque no estamos acostumbrados: siempre pasaba lo contrario. Eso que pasa con Milei hace que los valores estén estables, también. El Gobierno llevó el dólar a un tipo de cambio real alto y ese es el primer elemento. Pero a su vez, claramente el voto de confianza hacia el gobierno también aplaca la volatilidad de los mercados. Es una mezcla de dos factores: la esperanza de que le vaya bien y lo nueva que es la gestión. Eso también juega.
- Vengo a Mendoza: otro elemento de esa última gestión nacional es que modificó tanto el mercado cambiario, que desaparecieron muchas casas de cambio. En la provincia, todas, prácticamente. ¿Qué implica eso para ustedes? Digo, históricamente tuvieron una determinada relación con su competencia y ahora están casi solos en el mercado oficial. Al menos en el microcentro.
- Bien, lo primero a tener en cuenta es que esas casas no desaparecieron por los cambios en el valor del dólar, sino porque ese gobierno sacó regulaciones que hicieron inviables las operaciones. Hubo casas centenarias de la Argentina que se quedaron en el camino. Y fijate que eso fue muy habitual en ellos: con la birome terminaban con actividades económicas que funcionaron históricamente. Y sí, es cierto. Hoy estamos prácticamente solos en el mercado minorista. Si mañana este nuevo gobierno saca el cepo, tendríamos una ventaja competitiva, pero eso se agota rápido: cuando una actividad es negocio, muchos la miran y se meten de nuevo. Uno compite de otra manera porque tenemos más presencia territorial o más capacidad para traer fondos de distintos lados, entre otras cosas. Bueno, vamos a cumplir 67 años en el rubro...
- ¿Y ya lo ven a eso? ¿Se empieza a percibir de alguna manera esa reactivación de entidades cambiarias por el factor Milei?
- En lo que respecta a operación cambiaria no. Porque las restricciones que hubo en el gobierno anterior, hoy siguen: por ejemplo, si vos tuviste un ATP (NdR: Asistencia al Trabajo y la Producción), medida que surgió en la pandemia, no podés comprar dólares. Y no se ha eliminado por cuestiones que son de AFIP y del Banco Central, que tienen que cambiar las normas. Vos podés sacar una ley, pero sin las entidades que regulan el mercado no podés hacer nada. El Presidente dijo que, hoy por hoy, las operaciones de pesos y dólares entre particulares son lícitas. Eso implIca, en teoría, que yo también las voy a poder hacer sin restricciones, pero la norma que está vigente me dice que tengo que seguir pidiendo permiso al BCRA.
- ¿Y por qué un Milei que está haciendo cambios tan drásticos, y tan rápido, aún no modifica eso?
- Porque una cosa son las cabezas de los organismos y otra es cómo se van desgranando estos para abajo. Todo organismo público tiene una parte política; como el BCRA con su directorio. Después está la estructura técnica. Son personas que tienen mucho años trabajando y hasta que el directorio no les dice lo que deben cambiar con respecto a cada cosa, no las cambian. Hay que desarmar la maraña de regulaciones que cada cosa tiene y eso demora. Para que tengamos una idea, el BCRA emitió una regulación nueva por cada día hábil de la gestión que pasó. Ahora, así como hizo Federico Sturzenegger con las leyes, ahora tenés que tomar todas esas regulaciones y hacer lo mismo.
- ¿Una regulación por día metía el BCRA? ¿Cómo es para una empresa vivir con un Banco Central que te emite una regulación por día? Es algo que suena como una locura, obviamente.
- Es una locura, sí. Muy difícil. Tenés que tener mucha gente trabajando en eso, porque no podés operar si no te adecuás a la norma. Y nosotros estamos obligados a atender a nuestros clientes. Implica que mucha estructura tiene que trabajar durante toda la noche, por ejemplo, pasarse la madrugada leyendo y analizando, por una norma que salió a las siete de la tarde y que hay que interpretarla sí o sí. Es más: quizás tenés un negocio que estás trabajando durante mucho tiempo y de la noche a la mañana, de un plumazo, no existe más, porque vino alguien y te cambió las reglas. Muy vertiginoso; muy agotador. Y uno, en vez de poner la cabeza en mejorar los servicios para mejorar la experiencia del cliente, termina trabajando para cumplir disposiciones del Banco Central.
- Miguel Pesce, el ex titular de ese BCRA, es mendocino. ¿Alguna vez pudiste hablar con él de esto? ¿Aunque sea de modo informal?
- Mmm. Sí, informal sí, pero porque tengo una relación de parentesco lejano con él, a través de la familia de mi mujer. Pero nunca hablamos del Banco Central.
- ¡Ah! ¡O sea que te has encontrado con él en una juntada familiar!
- (Ríe). Sí, hace un tiempo estuvimos en una juntada familiar en Rivadavia. Pero no hablamos nada del Banco Central. Es un cargo político el de presidente, y lo nuestro está más relacionado a lo técnico. El directorio, en esos temas, se da vuelta y les pregunta a los técnicos.
- Pero imagino que te habrás tentado alguna vez, de entre vinos y empanadas, decirle "che, no me pongas una regulación nueva por día".
- Y, lo que pasa es que tenemos visiones tan distintas de las cosas, que es mejor brindar y comerse la empanada antes que empantanarse en una discusión que no tiene sentido.
-¿Estás entusiasmado de que Milei sí termine por eliminar todo tipo de cepo al dólar?
- Sí. La lógica es que bajo el discurso de que todo debe ser libertad y mercado, en vez de que esté casi todo prohibido con algunas cosas permitidas, como antes, todo esté permitido, salvo lo que atente contra la seguridad de las personas. Una economía tan informal como la argentina, con las regulaciones actuales, no le permite al sistema financiero entrar en juego. Si cambia eso, lo que pasará es que el flujo de fondos va a aumentar y hará que haya tasas infinitamente más bajas. Entre otras cosas que se modificarían, por supuesto.
- Profundizanos eso, por favor.
- Por ejemplo antes a una persona jurídica no la podíamos asistir financieramente si tenía atrasos en el pago de aportes patronales a su personal. Entonces una empresa que tenía problemas, que no le daban los números, se quedaba sin asistencia del sistema financiero porque el Estado no lo permitía. Y eso es contrafáctico: en vez de poder prestarle plata para que sí cumpla, no le podías prestar esa plata. Bueno, esto ya cambió la semana pasada. Una línea que va por el lado de la lógica.
- Decís que son temas que debe abordar el gobierno y no el sector financiero.
- Es que no podemos ser el brazo ejecutor de la persecución a los que no pagan impuestos. El impuesto a débitos y créditos es otro ejemplo. Las cuentas bancarias son espacios de retención para el Estado. Todo eso, en un Estado tan costoso y con semejante carga tributaria, atenta para que el sistema crezca. Y si no crece, no hay inversión.
- Pensando en esos puntos, las empresas financieras son más perjudicadas por el Estado de lo que parecería a simple vista, entonces. O lo son en un volumen mayor al que tenía en cuenta.
- Habría que diferenciar. Los bancos públicos, que se manejan como organismos públicos, justamente, primero que nunca están fundidos. Porque cuando le faltan recursos, el socio capitalista emite plata y se las da. Eso es una competencia desleal contra la banca privada: nosotros no podemos emitir plata. Segundo: la banca pública tiene todos los fondos del Estado disponibles. Hasta los sueldos de los empleados estatales.
- ¿Verías positivo que privaticen el Banco Nación, entonces, que es una idea que anda dando vueltas?
- Yo creo que sí. Es un organismo que ha demostrado ser tremendamente ineficiente y que hace política populista. Supongamos que la inflación va a ser del 300% anual; las tasas pasivas están al 110% y el Banco Nación saca una linea de créditos al 50%. Si tengo que prestar en esas condiciones, pierdo plata. Y esa plata que se pierde, ¿quién la pone? El pueblo argentino con sus impuestos. No hay cosa más direccionada que el crédito de un banco, porque yo elijo a quien le presto. ¿Y cuántas veces un conocido tuyo fue a pedir para ampliar su empresa, lo vueltearon dos meses y al final no les dieron nada? Es algo tremendamente discrecional.
- Ahora, supongamos que el Banco Nación no está. O que se adecua y ofrece créditos a la misma tasa que ponen los privados. ¿Eso haría que esos privados después puedan subir la tasa tanto como deseen? ¿O podrían irse para abajo esos porcentajes? Tal vez depende de otras variables y no se puede hacer un pronóstico, pero ¿qué creés que pasaría?
- El que fija las tasas, ¿sabés quien es?
- Quién es.
- El depositante. El inversor fija las tasas. Vos hacés es un plazo fijo: el que define a qué tasa deja su plata, sos vos. Si se sacaran las regulaciones y limitaciones, y la gente volviera a los bancos, con sus fondos y con su confianza, al ingresar muchos fondos a los bancos, éstos necesitarían prestarla. Porque el banco se sobreestockea y debe bajar la plaza activa: lo tiene que colocar. Cuando tenés liquidez y no la prestás, todos los meses perdés plata. ¿Por qué? Porque al depositante se la tenés que pagar, y si no la tenés prestada, no compensás esos fondos con nada. Con lo cual, en la medida en que el sistema financiero se desregule y crezca a partir de que la gente se vuelque en él con pesos y dólares, van a bajar las tasas y van a aumentar los plazos de crédito. Insisto: es la forma en que más dinero podrán colocar los bancos; entonces es un círculo virtuoso. Por eso la gente en Chile, por ejemplo, puede sacar créditos a 30 años. Así pasa en los países desarrollados: no con un Estado retando a los bancos y diciéndoles qué pueden hacer. Es simplemente ser más eficientes. Y otro tema ligado a esto es la mora: porque el zaffaronismo no sólo está para los delincuentes en la Argentina: también está para los morosos. Si a mí alguien no me paga, soy yo el que debo perseguir al deudor, pagar el juicio, notificarlo, etcétera. Si no, no puedo avanzar. Se armó un esquema pensado para que el deudor salga indemne.
- ¿Y cómo debería ser o cómo es en otras partes?
- Te cuento. En Chile, vos emitiste un cheque y no pagaste y vas preso. En Estados Unidos, la morosidad no se llama morosidad: se llama delincuencia. Si no pagás tu deuda, inmediatamente te congelan todas tus cuentas. Esto es una lógica básica, porque los países necesitan sistemas financieros fuertes para poder crecer; entonces no se puede no castigar el impago. No podés poner la responsabilidad en quien prestó la plata. Eso pasa en la Argentina: a nosotros los jueces nos dicen "¡pero cómo le prestó usted a esta persona!"; y nosotros les contestamos que tenía empleo esa persona cuando le prestamos. "Ah, pero ahora no tiene", nos dicen. Entonces nos obligan a condonarle la mitad de la deuda. Y cuando los jueces hacen eso, la famosa "Robin Hood", y le condonan ese 50%, ¿sabés qué tiene que hacer la entidad? Darse vuelta y cobrarle más cara la tasa a los que la venían pagando al día.
- Claro. Y si pagaron justos por pecadores, entonces no fue tan "Robin Hood" la medida.
- Porque cuando vos beneficiás a alguien económicamente, a alguien más le tenés que estar sacando esa diferencia. Todo en la Argentina funciona así: dejo que alguien no pague su deuda y entonces, a cambio, la tienen que pagar más alta los demás.
- Y en los 20 años que llevás en la toma de decisiones de Montemar, ¿cuál es el momento en que más morosa estuvo la gente?
- Hoy.
- ¿Hoy es el momento en que más cuesta cobrar una deuda en la Argentina?
- Sí, porque cuando se salió de la converitibilidad subió mucho la morosidad, pero la Justicia no había sufrido esta legislación pro deudor o pro delincuente que hay ahora. Entonces fue mucho más fácil salir de eso. Ahora, tantos años de zaffaronismo generaron cosas como una defensa del consumidor excesiva. Por ejemplo: vos podés perseguir a una empresa si te vendió una heladera y la heladera no funciona. ¡Eso está perfecto! Ahora, si alguien toma un crédito y no lo paga, está usando una herramienta que no le corresponde. Nunca la defensa al consumidor le discutiría al vendedor el precio de la heladera. Sólo los obliga a que funcionen. Bueno, a nosotros sí nos discuten el precio.
- Esto último que decís me hace pensar en los créditos UVA.
- Bueno, los UVA es una barbaridad lo que pasó. Porque las condiciones contractuales que se hicieron con los créditos, los bancos las tuvieron que cumplir a rajatabla. Y a la hora de cobrar no los pudieron cobrar, porque hubo cautelares y un montón de medidas. Si uno piensa que los bancos van a afrontar eso con sus patrimonios, entonces desconoce un dato fundamental: las carteras presentadas son infinitamente superiores al patrimonio de esos bancos. No hay entidad que aguante si vos de golpe le decís que no puede ir a buscar ese dinero que le corresponde. Pasó en el 2001, que todas las deudas se pasaron a $1,40 e inmediatamente se fundieron casi todos los bancos.
- Aprovecho que nombraras el pasado. Como economista: hay mucha gente que dice que el plan económico de Milei es simplemente el mismo de Menem. ¿Hay diferencias o es tan similar como marcan sus detractores?
- Hay sustanciales diferencias. Lo de Menem fue un gobierno peronista que giró al liberalismo. Este, en cambio, es un gobierno de base totalmente liberal. Este es un gobierno que haría de la Argentina un país similar a lo que fue Estados Unidos cuando más creció: en las décadas del '50, '60 y '70. No es lo mismo que un partido político, que tiene cuestiones profundamente arraigadas, vire al liberalismo, a que un partido asuma desde una base plenamente liberal. Estas diferencias importan porque, cuando la libertad se aplica con firmeza, desaparece mucho la regulación del Estado y eso hace desaparecer también la corrupción. Esto, claro, hace doler muchos callos. Así que habrá que ver si el gobierno lo puede aplicar. Por ejemplo: si uno mira la reforma laboral, nada de lo que cambia es retroactivo. Y la CGT que lo cuestiona es la misma CGT que estuvo durante décadas. Décadas en las que Argentina no creó ni un sólo puesto laboral privado nuevo. Es claro que lo que defienden es otra cosa.
- Pero vuelvo para atrás. Tomaste sus diferencias ideológicas: Menem era peronista y giró al liberalismo, mientras que Milei es un "pura cepa"; está bien. Pero ¿qué diferencias materiales, sustanciales, ves en sus planes?
- Que vas a achicar el Estado si sos liberal. No tiene sentido este tamaño. Vas a eliminar regulaciones, con todos los efectos que eso trae. Algunos como los que hablábamos antes.
- ¿Pero eso no es parecido a la década del '90?
- "Si, pero". Es decir: sí, pero esto va más allá. Si uno lee la Ley Ómnibus, esto es mucho más extremo de lo que se hizo en los inicios de los noventa. Todo lo que quiso hacer Menem lo pudo hacer porque, al ser peronista, tenía el apoyo que quería. Esto es distinto: nunca se hizo una reforma laboral. Ni con Menem se hizo. Siempre se fue poniendo todo más restrictivo y brindando derechos a los trabajadores, pero a la vez eliminando obligaciones.
- La aparición de Milei nos aportó algo interesante: meternos como nunca en la cabeza de un economista. Con anécdotas llamativas, como cuando dijo haberse decidido por esa profesión luego de ver cómo "pasaban las chicas con el marcador", cambiando precios en un supermercado, en plena hiperinflación de Alfonsín. Tu inclinación por la carrera supongo que tuvo una causa mucho más familiar, pero ¿no te pasó algo parecido? ¿Decir: "quiero estudiar esto a ver si entiendo un poco mejor a la Argentina?
- (Piensa). No. Te diría que, como vos decís, lo mío fue más por lo familiar. Yo lo que quería era ser como mi papá. Y la carrera que más se asimilaba a lo que hacía mi viejo era esa: Economía. Si uno la apoyaba con cuestiones como negociación, como Recursos Humanos, yo entendía que iba a poder hacer algo parecido a las características que tiene mi viejo y a la vez terminaba ser un profesional completo de cara a lo que a mí me interesaba.
- En este tiempo de carrera que llevás, entre otras cosas por el éxito que tiene la empresa, te ves como una de esas personas que parece tener todo resuelto, de saber cómo encaminar siempre los desafíos. Pero calculo que has recibido cachetazos, como todos. ¿Te ha golpeado la profesión o la misma forma cambiante que tiene la Argentina?
- Primero que resuelto no tengo nada, como cualquier persona tengo dudas todo el tiempo. De qué conviene hacer y de distintos interrogantes que a uno le surgen. Es más: hacemos muchas cosas que salen mal. Hacemos cien cosas y a veces ochenta salen mal y veinte salen bien. Lo que he aprendido es que hay que estar siempre atento, siempre probando cosas nuevas y encontrarle la vuelta al camino. Pero la cantidad de piñas que nos comemos con la empresa es grande. Como te decía recién: a veces contás con un negocio, de repente viene un funcionario, firma algo, y listo, no lo podés hacer. Entonces podés tomar dos caminos: paralizarte y putear, que a veces uno lo hace; o decir "ya está" y mirar para adelante.
- Avanzar.
- Es que las cosas no son como uno quiere, sino como son. Uno tiene que administrar la realidad. Tiene que estar con los pies en la tierra y ver cómo son. Y en función de eso, gestiona. Cuando salen bien, salen bien. Y cuando salen mal hay que entender por qué no salieron. Eso hace que uno cometa menos errores. Pero de ninguna manera uno tiene las cuestiones resueltas. Ni cerca. Trato de levantarme e ir a trabajar. Y eso también pasa porque uno tiene un montón de gente que trabaja con uno y que lo acomoda. Las empresas son el cúmulo del personal y de la capacidad de ese personal. Y Montemar es una empresa que tiene a gente de mucha trayectoria y a gente joven. La combinación de eso es lo que nos hace capaces de resistir los embates. Quizás todo eso que hemos hecho nos prepara para que, más adelante, si somos un país normal, disfrutemos de mayores éxitos en vez de estar simplemente sobreviviendo.
- Ahora, en tu caso particular, además de tus pares de la profesión, tu día a día ha sido con tu propia familia al lado y eso no es algo que le pase a todos. ¿Se te viene, no sé, un consejo de tu papá, por ejemplo?
- Mirá, generalmente, uno tiene que tener buenos valores. Y eso lo inculca la familia. Ser buena gente a pesar de todo y siempre poner la otra mejilla. Eso siempre suma. Hay que sacarse lo intestinal y trabajar desde lo racional. Porque además te hace menos daño si vos trabajás despojado de la emoción; la emoción te nubla el juicio. Siempre hay que ir para adelante y seguir empujando. Por lo menos en mi familia es una característica: siempre ir para adelante. La definición es esta: siempre te va a pasar que te vas a caer. El tema es qué tan rápido te vas a levantar. Esa es la clave. el pasado te tiene que servir para no cometer los mismos errores. Pero nunca para no hacer algo.
- ¿Los esquíes están guardados? Calculo que no...
- (Ríe) No, nunca. Siempre están esperando que caiga nieve. Es la actividad familiar número uno. Pero ahora en verano estamos acá, disfrutando del calor.
- ¿Y la idea de viajar a Europa no anda por el radar? Recuerdo que en una nota anterior que hicimos para el diario, contaste que fuiste instructor en Suiza.
- Cuando mejoren las cosas (ríe). Por ahora hay que trabajar y afrontar lo que está pasando. Es importante estar codo a codo con toda la gente que, en definitiva, es la que hace que la empresa funcione.
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