Politica Domingo, 16 de septiembre de 2018

El comprador de "la casita de Dios" que quiere ser gobernador

Omar De Marchi levantó polémica tras adquirir el edificio del Próvolo para llevar allí el gobierno municipal; y ahora no sabe cómo impactará esto en su carrera política

No le falta audacia y pone su mejor cara de circunspección, con severo rictus ceremonial, a la hora de entrar en polémicas decisiones de las que está convencido. Lleva dos décadas militando en la política, viene de un partido chico y tradicional como el PD (Partido Demócrata) que lo obligó a reinventarse a paso firme. Lo hizo una y otra vez y cuando se le acabó el hilo allí, apuntó con éxito adonde tenía espacio. Así llegó a la presidencia del PRO mendocino.

Sin aflojar el tranco, camina desde hace años la senda por la que quiere alcanzar un solo objetivo: ser el primer gobernador de Mendoza no radical ni peronista desde la década del '60.

Sus jugadas públicas, pocas pero de repercusión, generaron más de un revuelo cuando las puso en marcha, sin perder jamás el saco ni aflojarse la corbata.

Lo hizo más de una vez y lo repitió ahora con una cintura política que pocos arriesgan.

La polémica compra

Su último movimiento, la semana pasada, dejó dando vueltas un runrún, cuyos efectos Omar De Marchi podrá evaluar para bien o para mal, a largo plazo.

Apoyado en las espaldas que le dan una alta aprobación a su gestión entre la ciudadanía, se largó de un día para el otro, sin que nadie se lo imaginara, ni siquiera los afectados, y anunció la compra de las instalaciones del instituto religioso Antonio Próvolo, la casita de Dios, donde niños sordomudos que no eran educados en la lengua de señas por norma interna, y por lo tanto no podían expresarse, fueron abusados sexual y sistemáticamente durante años por sacerdotes, religiosos y personal civil, casi como si fueran esclavos sexuales.

Allí, en la casa del horror -como la llamó, quebrada por el llanto, el día del anuncio de la venta, la madre de una de las víctimas-, el intendente Omar De Marchi dio la novedad: la Municipalidad de Luján en pleno se mudará al gigantesco complejo del instituto Antonio Próvolo, en Luján, luego de haberlo adquirido en $156 millones; "un vuelto", aseguran, ya que el inmueble estaría valuado en muchísimo más.

La noticia dejó helados a muchos y sorprendidos a otros.

El cacique no dudó en plantear con grado de prioridad los interrogantes que su decisión venía a resolver: ¿qué hacer con ese tremendo complejo que está cerrado desde hace dos años y que se irá deteriorando día a día? ¿Cuál iba a ser su destino si el Municipio no intervenía?

Cualquier debate se estrellaba con su reciente y dramática historia todavía fresca en la memoria pública.

Pero el jefe comunal, equivocado o no, decidió jugar fuerte, comprándolo para beneficio del Estado y la comunidad de Luján, defendiendo su decisión sin perder la calma y tomando todos los recaudos a su alcance. Incluso el de una cláusula contractual con la orden religiosa, que dispone que los fondos depositados para la compra deberán permanecer reservados ante la posibilidad de que las víctimas del Próvolo quieran cobrarse con esos fondos las indemnizaciones por daños y perjuicios que la Justicia podría otorgarles como justa compensación por los tormentos que pasaron.

La decisión tomada por el intendente dejó una muestra de qué clase de político se perfila en su persona.

Uno que está dispuesto a abordar medidas complejas de alto impacto en el siempre resbaloso y traicionero piso de la política.

Un autódromo de Fórmula 1

Aunque nunca tan impactante como ahora, el intendente de Luján mostró en el pasado ese carácter.

Dos veces fue jefe comunal del departamento por el PD y logró reconquistarlo seis años después pero con el sello del PRO.

Presidió ambos partidos, y ese coqueteo con sus primos porteños le valió más de un revuelo interno con los gansos.

Fue De Marchi quien vio hace años en el partido de Mauricio Macri la oportunidad de darle al PD un aliado de tracción nacional, cuando ni el Presidente soñaba con ser presidente.

Es recordada la polémica que desató cuando en una alianza electoral con el PRO hizo la campaña local con un colectivo ploteado de amarillo con el sello del PD, lo que desató pelea de perros entre los conservadores demócratas, que pusieron el grito en el cielo protestando porque se licuaba su legendaria identidad.

La polémicas movidas del intendente nunca jorobaron su carrera política. Hace muchos años también dio la nota en la pelea contra la construcción de Almafuerte, la cárcel de condenados ubicada en Campo Cacheuta, Luján, cerca de la ruta 7.

En ese tiempo transitaba su segunda intendencia y se opuso a que le levantaran un establecimiento penitenciario en la comuna, decisión que había tomado el gobierno provincial.

A la hora de argumentar por qué ese lugar no era apto, afirmó sin ponerse colorado que allí iban a construir en breve "un autódromo de Fórmula 1", lo que generó la socarrona incredulidad de periodistas y dirigentes políticos.

Siguió dando batalla, incluso en la Justicia. El día que los ministros de la Suprema Corte de Mendoza fueron a hacer una inspección ocular al predio donde se levantaría la cárcel, con abogados de la Comuna de Luján y del Gobierno provincial, el letrado enviado por De Marchi volvió a postular el faraónico proyecto internacional. Al fin perdió la pulseada.

Un parque urbano en la mira

En 2017 sacó de la galera otro proyecto rimbombante del que aún se esperan novedades. Le compró a la Provincia la abandonada Colonia 9 de Julio y anunció que estaba en conversaciones con la Nación para enviar ahí la Quinta Agronómica del INTA, que está ubicada sobre el carril San Martín, cerca del centro de Luján. De Marchi se explayó señalando que estaba en conversaciones con el Gobierno nacional para que le cediera la quinta del INTA, 78 hectáreas de añosos arbolados, generosa vegetación sembrada y parquizados que él quiere convertir en la envidia local: el Parque Urbano de Luján.

El momento y la oportunidad

La noche que consiguió por tercera vez la intendencia de Luján celebró desaforado ante el público que fue con él a festejar su victoria.

Su arribo a la Comuna ponía fin a una gestión peronista muy mal calificada hasta por los peronistas.

Desbordado, De Marchi celebró a los gritos. Con micrófono en mano y sin filtro bramó: "Perdón, pero venimos hace mucho tiempo juntando bronca: que se vayan a la reputa madre que los parió", apuntando al PJ gobernante. Lejos de la reprobación, cosechó vítores y aplausos.

Otro escandalete que sorteó sin problemas fue una denuncia en su contra en un canal nacional que lo acusó de corrupción. Publicaron que la Comuna de Luján compraba combustible en la estación de servicio de su suegro.

El kirchnerismo rápidamente le apuntó en los medios y en las redes, pero duró poco. De Marchi atacó con dureza calificando todo de una "operación de prensa" y dio las explicaciones como también su familia política dando cuenta de que la provisión de combustible de la estación de su suegro era de vieja data y producto de un convenio del Estado de Luján con YPF. Salió ileso y fortalecido, sepultando la polémica en 24 horas.

Otro hito que consiguió, caro a los sentimientos lujaninos, fue la disputa territorial con Las Heras por el distrito Blanco Encalada, que lleva al circuito de montaña. Lo ganó en la Suprema Corte poniendo fin a una disputa sin fin y dejando dentro del mapa un circuito de altísimo desarrollo turístico.

Es el más importante referente del partido del presidente Macri en Mendoza. Su suerte política, quiera o no, está atada a la del mandatario nacional, que pasa ahora por su más crítico momento en la gestión gubernamental.

Con fama de impermeable a las situaciones críticas, tiene por delante un nuevo desafío.

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