Desmarcando a Suarez

Debe ser harto fulero y estresante estar en el lugar de Rodolfo Suarez. Es muy raro eso de tener que actuar de candidato a gobernador del oficialismo provincial y, al mismo tiempo, hacer como que él no tiene nada que ver con Mauricio Macri, por más que éste sea su presidenciable en la nación.

Es más, el libreto que le han marcado para que no corra riesgos en la elección a gobernador del 29 de setiembre lo obliga no sólo a esconder al actual presidente sino que incluso lo faculta a criticarlo en nombre de los intereses de la provincia, como hemos visto en estos días.

A ver, pongámoslo en estos términos: estamos hablando de Rodolfo Suarez, no de un, digamos, Alfredo Cornejo, que es su antítesis en un montón de aspectos.

¿De qué me me hablas?

Suarez es, o ha sido hasta ahora, un político de perfil recoleto, alguien que ha burilado una fama de ordenado, eficiente y tranquilo. Hasta diríase, de aburrido si se lo compara con otros políticos más dados a las marquesinas y los micrófonos.

Suárez venera el paso natural de los tiempos y le gusta tener todo acomodadito. Además él viene de una fábrica política como la Municipalidad de la Ciudad de Mendoza, que es un proyecto político donde las cosas funcionan, en apariencia como es casi todo en política, como un relojito.

El postulante es un sancarlino típico, y no como otro de ese departamento que yo me sé, y del que paso a hablar a continuación.

El juego de las diferencias

Cornejo, de él se trata, es en cambio una mezcla entre un pasional y un cerebral. Una tromba política, pero a la vez un constante armador. Alguien que está obsesionado con la eficiencia y la capacidad de gestión.

Por eso es que el actual mandatario provincial se permite chicanear a la candidata a gobernadora por el kirchnerismo, Anabel Fernández Sagasti, endilgándole que nunca ha gestionado ni un kiosco.

En efecto, Sagasti se sacó la lotería cristinista. Y, de ser nadie, pasó a ser diputada nacional y luego a senadora nacional, Es decir que le faltan cucardas de ejecutividad.

Cornejo la "sobra" a Anabel diciéndole que no es lo mismo votar leyes que tener que pagar proveedores y sueldos o mantener la seguridad de un Estado.

La chimenea

Suarez es un típico producto de esa fábrica política que es la Municipalidad de la Ciudad de Mendoza, donde todo está -o parece estar- muy aceitado. Un sitio en el que desde la vuelta a la democracia sólo han gobernado radicales.

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El peronismo ha probado con todo tipo de postulantes para cortales la racha, incluída la postulación de ex gobernadores como Arturo Lafalla, pero no ha habido aun con qué darles a los radichetas.

La Muni es una usina que ha parido a políticos como Víctor Fayad, Roberto Iglesias o Julio Cobos. Todos llevan la marca en el orillo.

Por eso (estiman en los laboratorios de la UCR) sería imperdonable que  justo el actual intendente Rodolfo Suarez, a quien Cornejo ungió como su sucesor "natural" cuando fracasó la operación para premiar al ministro Martín Kerchner, se vaya a ver afectado por la "ola albertista" si es que  en octubre se repiten los números del 11 de agosto, algo que nadie sabe a ciencia cierta en este país inclasificable donde las encuestas son el show del desacierto.

En las PASO mendocinas del 9 de junio pasado Suarez ganó con un buen margen a la Sagasti, pero nadie puede desconocer que el rejunte del PJ con el kirchnerismo es algo para tener en cuenta, máxime luego de ese tsunami llamado Alberto.

Ese es el escenario inusual donde reluce el embravecido Alfredo Cornejo.  Con el cuchillo entre los dientes, como si fuera un Rambo de provincia, "el Alferedo" está decidido a batallar contra cualquier adversidad, así se llame Macri.

Como en la famosa pintura de Miguel Angel llamada La creación de Adán, Cornejo parece estar fieramente dispuesto a insuflar vida, con el suave tacto de su dedo, a su designado sucesor.