Análisis y opinión

¿Cuánto tuvo que ver la "magia peronista" en el regreso del tren a Mendoza?

El Presidente dijo que la vuelta del ferrocarril a Mendoza era como si retornara el general San Martín "con nombre de tren"

El peronismo saca o pone trenes con similar frescura. "Ramal que para, ramal que cierra" advertía Carlos Menem en los ´90 cuando su política era la de privatizar todo de manera guaranga. Ahora, de una forma bastante renga y con parches (el viaje dura 5 horas más que hace 30 años), el tren ha vuelto a Mendoza.

El senador peronista Lucas Ilardo, conocido también como cultor del stand up político, resumió de la siguiente manera la vuelta del tren a Palmira: "pasaron muchos años, pasaron muchas promesas, pero siempre pasa el peronismo y sucede la magia". Es decir, otra vez la idea del encantamiento y los sombreros con conejos como forma de gobierno.

Es paradójico que el gobierno nacional, que viene de no hallar la vía adecuada en la mayoría de los rubros de gestión, insista al mismo tiempo en no perder el tren. De los últimos 20 años, sólo en 4 no gobernó el kirchnerismo. ¿A quien se refiere Ilardo cuando dice "pasaron muchos años, pasaron muchas promesas?"

Bala perdida

En 2006 el presidente Néstor Kirchner anunció la construcción del primer tren bala de la Argentina. Iba a unir en tres horas las ciudades de Buenos Aires, Rosario y Córdoba. En 2008, ya con Cristina como mandataria, el proyecto se licitó y después el viento se lo llevó. Iba a costar 4.000 millones de dólares.

El ministro de Transporte de Néstor era Ricardo Jaime quien con el tiempo se convertiría en uno de los corruptos más famosos de la historia argentina. A comienzos de 2008, Cristina Kirchner, ya como mandataria, ratificó que arrancaba el proyecto del tren de alta velocidad, lo cual iba a ser "un salto a la modernidad". Y agregó: "la modernidad es una cuestión absolutamente estratégica".

La obra se había adjudicado a un consorcio de capitales españoles, franceses y argentinos. La entonces presidenta aventuró una fecha de habilitación de la obra: a fines de 2011, época de elecciones. Nunca arrancó. Nada por aquí, nada por allá. La vieja magia peronista.

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El tren de pasajeros en su llegada a Palmira.

El tren de pasajeros en su llegada a Palmira.

Don José en versión tren

Alberto Fernández, que durante todo aquel proceso fracasado del tren bala fue jefe de Gabinete de Néstor y de Cristina, definió a Palmira como "ciudad fantasma" por la ausencia del tren, y dijo que la vuelta del ferrocarril a Mendoza era como si retornara el general San Martín "con nombre de tren" a insuflar nuevos aires. La florida verba del Presidente nos tiene acostumbrados a esas simbologías y ensoñaciones.

Desde algunos sectores de Cambia Mendoza se han escuchado voces críticas con ésta llegada del tren ya que creen que no habrá una mejora en calidad si no es con una inversión real.

A pesar de ello las autoridades provinciales (Rodolfo Suarez y el vice Mario Abed) y de la comuna de San Martín (el intendente radical Raúl Rufeil) se hicieron presentes -como corresponde- en el acto que presidió el presidente Fernández y en el que también participó el ministro de Economía Sergio Massa.

Lo que se debe tratar de preservar es la "institución Presidente" y la "institución Gobernador" y no los nombres circunstanciales que ocupen esas jerarquías republicanas.

Es notable ver cómo el peronismo reivindica como propio el tren, un símbolo del transporte que en realidad fue resultado del ímpetu modernizador de los presidentes liberales de la segunda mitad del Siglo 19. Esos sí que dieron "un salto a la modernidad", sin desconocer, claro, todos los piojos que tuvieron.

Vio luz y entró

¿Podrá esta nueva visita del titular de la Casa Rosada a Mendoza, la segunda en dos meses, poner un poco de alivio a la mala relación de Alberto Fernández con ésta Provincia?

Las heridas que dejó en Mendoza el laudo presidencial que dinamitó la "obra del siglo", como llamaban aquí los funcionarios a la construcción del dique Portezuelo del Viento sobre el río Grande, siguen abiertas. Pero parecen haberse atenuado para satisfacer cierta diplomacia básica entre la Nación y Mendoza. Ya bastante tenemos con los desplantes y las trastadas que se hacen a diario el Presidente y su Vicepresidenta.

Al hablar en Palmira, Alberto Fernández hizo un especial pedido al peronismo y a los argentinos: "no me dejen solo soñando con la utopía de la igualdad", para luego fundirse en un abrazo con Sergio Massa. "No me dejen solo" fue una muletilla que en los años ´80 y ´90 utilizó el controvertido comunicador Bernardo Neustadt al concluir cada uno de sus programas de debate político.

A los pies del convoy de vagones ferroviarios estacionados en tierras jarilleras, Alberto Fernández pidió a los militantes peronistas que no silbaran al gobernador radical Rodolfo Suarez: "No hay que silbar a nadie, se puede pensar distinto, hoy es un día celebratorio".

Nadie como el Presidente sabe que las posibilidades electorales para el peronismo en Mendoza son famélicas. Y que raramente estos nuevos gestos de acercamiento hacia los mendocinos puedan volcar esa tendencia en el mediano plazo

En tren de decir las cosas como son, digamos que cuando alguien juega largo tiempo con hacer hocicar al contendiente necesita también un largo tiempo para curar resentimientos. No suele haber magia para esos procesos.

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