Opinión

Alcohol al volante: ¿Por qué sigue matando?

El jefe de bloque de senadores del Frente de Todos, Lucas Ilardo, reflexiona sobre la tragedia ocurrida en San Carlos en la que murieron tres mujeres

San Carlos, Mendoza: conductor ebrio atropella y mata a dos mujeres, y una niña de 6 años, y quiere escapar. Esta escena, que parece extracto de una película de terror, ya la vimos; muchas veces.

Según un relevamiento que presentó la Dirección Nacional de Observatorio Vial en marzo del año pasado, el 94% de los conductores sabe que conducir después de haber tomado alcohol es peligroso o muy peligroso. A pesar del dato, de acuerdo al mismo relevamiento, uno de cada diez conductores admitió que en el haber manejado después de consumir alcohol.

También se sabe que la inseguridad vial es la principal causa de muerte entre los jóvenes del país (y la tercera sobre el total de la población) de acuerdo a las cifras que difunde año a año la Agencia Nacional de Seguridad Vial. Se habla de la vida de 20 personas por día, y de más de 7.000 víctimas fatales por año.

Se calcula que en más del 50% de las muertes por siniestros viales está involucrado el consumo de alcohol.

Y para sumar un último dato: la Organización Mundial de Salud ha informado que el consumo de alcohol o sustancias psicoactivas posee “efectos inmediatos sobre el cerebro del conductor”, e implica una “interferencia en las capacidades de discernimiento y atención del conductor, un empobrecimiento de su agudeza visual, y un aletargamiento de sus reflejos y su capacidad de reacción (OMS, 2010).

Luego del repaso fáctico vuelve el interrogante: ¿Por qué sigue matando?

Siete provincias de la Argentina como Salta, Tucumán, Córdoba, Entre Ríos, Jujuy, Río Negro, Santa Cruz, un partido bonaerense (General Pueyrredón) y tres ciudades, Neuquén, Posadas y Santa Fe, ya regularon que la tolerancia al alcohol debe ser cero al volante.

El año pasado en Mendoza, el gobierno provincial definió agravar penas y multas, como vía de solución a este problema. Las críticas de familiares de víctimas no se hicieron esperar y advirtieron que la decisión no iba a salvar ninguna vida en la provincia.

Para agravar el escenario, seamos honestos, tampoco brinda tranquilidad la justicia, que parece ser una justicia “para pocos”. Solo por mencionar un caso que indignó a la sociedad mendocina, la familia del joven Alan Villouta aún espera un fallo reparador, que nunca llegó. La vergonzosa condena que pesó sobre el empresario César Alejandro Verdenelli (tres años en suspenso y ocho años de inhabilitación para conducir) no hizo más que mostrar la peor faceta de tribunales que miden por la cara del portador.

Dirán que el cambio debe ser más profundo. Que nos debemos un debate como sociedad para repensar los valores que nos impulsen a ser mejores personas. Es cierto. Pueden argumentar incluso, que las leyes no aportarán cambios (algo con lo que no acuerdo, claramente). Lo que sí hay que traer definitivamente a esta mesa es la conciencia real de lo que implican nuestros actos. Es la responsabilidad que nos cabe colectivamente para prevenir Marianas Salinas, Rominas Lazcano y Luanas Lazcano, y tantos y tantas más que ya no están presentes. Hasta que eso no suceda, la escena de la película del primer párrafo de esta nota se repetirá eternamente.

Fuente

https://www.argentina.gob.ar/sites/default/files/ansv_observatorio_informe_controles_alcoholemia_2.pdf

El autor es Jefe de bloque de Senadores del Frente de Todos

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