Invisible a los fieles y a la prensa, aislado y casi recluido de hecho, el sacerdote católico
filipino Luis Sabarre permanece en la parroquia de la Virgen de la Carrodilla (donde ejercía como
cura y vicario), sin intenciones de dar su versión sobre la denuncia en su contra por abuso sexual
simple agravado a una niña de 9 años, que el viernes pasado lo sentó en el banquillo de los
acusados imputado por un delito que se paga con hasta 10 años de prisión.
Diario UNO lo fue a buscar para que tuviera la oportunidad de decir lo suyo, pero
no hubo modo de acceder a él.
El párroco Pablo Fuentes de buen grado respondió: "No va a hablar, no quiere hacerlo y aquí
hemos quedado que así se hará. Lo que se diga será desde el Arzobispado".
Sabarre es parte de los Oblatos de María Inmaculada, congregación que tiene sus propias
normas (no muy diferentes a las de sus autoridades eclesiásticas superiores) y que ha decidido, con
la denuncia hecha y él sometido a la Justicia, que guarde silencio a la espera de lo que diga la
investigación.
El vocero del Arzobispado, padre Marcelo de Benedectis, explicó a UNO sobre el silencio de
Sabarre: "Si en la congregación han decidido tomar esa medida no acostumbramos a pasar sobre ellos
con una decisión en contrario".
Recluido de hecho
Lo cierto es que tras la denuncia, el padre Luis ha pasado a vivir una reclusión de hecho que
no le impide, sin embargo, salir de la parroquia cuando quiera, visitar amigos, hacer trámites,
pero que sí lo ha aislado completamente de sus actividades pastorales diarias, que eran muchas.
"No puede dar misa, ni bautismos, ni celebrar ningún sacramento, no puede tener actividad
pública dentro de la institución de la Iglesia. Ni siquiera reunirse con los movimientos juveniles
o de matrimonios como lo hacía hasta ahora asiduamente. En eso consiste la suspensión", precisó el
padre Fuentes.
A pesar de la postura inicial Fuentes se refirió finalmente al caso de su colega y confesó
estar muy sorprendido por lo ocurrido: "Nos vinieron a denunciar esta situación y nosotros apoyamos
a la mujer y le dijimos que acudiera a la fiscalía. Pero me sorprendió lo sucedido. Conozco al
padre Luis desde el año 1982, y hace 10 años que está aquí y nunca jamás recibí contra él una queja
ni una denuncia como esta".
Aun más, el padre Fuentes remarcó que "es muy querido por los grupos matrimoniales y sobre
todo por los grupos de jóvenes que hay en la Iglesia, que están muy afligidos por todo esto y le
están brindando ánimo. Él es muy carismático, entre los jóvenes es uno más y por eso lo quieren
tanto".
Mientras tanto en la parroquia de la Virgen de la Carrodilla la rutina transcurre con
tranquilidad a pesar de lo denunciado.
El templo y sus instalaciones administrativas e internas permanecen abiertos sin ningún
inconveniente.
En la iglesia se pueden ver fieles rezando y en el patio adyacente, de características
históricas y centenarias, muchos visitantes pasan a sacarse fotos con el antiguo edificio pastoral
(casi colonial) de fondo y una enredadera de glicinas totalmente brotada.
No ha habido repercusión sobre sus muros ni en los ingresos de la iglesia, ni siquiera en el
vecindario, donde no ignoran la noticia pero dicen no conocer al cura acusado.