El robo de cables y de transformadores es un delito que sigue en auge y que perjudica no sólo a las empresas distribuidoras de energía sino también a la comunidad, que sufre los cortes del servicio.
Este problema se registra en distintos puntos del departamento, pero se presenta principalmente en las zonas rurales aledañas a la ciudad, como Cuadro Nacional, que periódicamente sufre el corte del suministro por este tema.
Aunque este delito bajó el año pasado, aún mantiene su vigencia. En 2011 en el área de cobertura de Edemsa en el Sur (San Rafael y Malargüe) desaparecieron 1.680 metros de cables de media tensión y 24 transformadores, lo que significó un gasto total de $226.216.
Ese perjuicio en 2010 alcanzó los $307.861 por la sustracción de 3.500 metros de cables (entre líneas de baja y media tensión) y 31 transformadores.
En tanto en 2009 el panorama fue similar, con $312.026 por el robo de 3.200 de tendido de media tensión y 33 transformadores, según datos de la empresa.
Ladrones con conocimientos
Este tipo de robo implica un alto riesgo para los mismos ladrones, por lo que se cree que en la mayoría de los casos actúan personas con algún conocimiento en electricidad y con herramientas y elementos de protección, además de con un vehículo para llevarse el material sustraído.
Para esto es necesario saber dónde interrumpir el suministro de energía para bajar los cables y transformadores, aunque es posible que en algunas ocasiones generen un cortocircuito.
En el caso de los transformadores, los “ladrones electricistas” los bajan o voltean de sus emplazamientos y vuelcan el aceite refrigerante para quitar los bobinados de cobre. Esto implica también un “trabajo” importante debido a que esos aparatos tienen un peso importante, por lo que muchas veces buscan los más pequeños.
El cobre de los cables y de los bobinados de los transformadores es lo que buscan los ladrones para reducir en el mercado negro. Este delito se puso en auge tras la devaluación de 2002, que convirtió al cobre en un elemento valioso. Incluso en los años posteriores Argentina exportó mucho de este material, a pesar de que no es productor.
Se sospechaba que esos envíos al exterior surgían de los robos, por lo que se implementaron nuevos controles en el transporte del cobre y en las chacaritas. También se realizaron operativos policiales en ese tipo de establecimientos para “cortar” la reducción de lo robado.
Todo esto tuvo resultado y, aunque este delito sigue vigente, bajó considerablemente con respecto a mediados de la década del 2000.
Dos casos recientes
Los últimos casos de este delito que trascendieron a los medios de prensa se registraron en Cuadro Nacional. El 17 de enero desconocidos “voltearon” un transformador en ruta 146 y callejón San Antonio y le sacaron el bobinado completo.
En tanto el 1 de diciembre pasado en la tarde un sector de ese distrito se quedó sin electricidad y cuando llegaron los operarios de la distribuidora para solucionar el problema se encontraron con que había desaparecido el transformador situado en el kilómetro 382 de la ruta 146.
Y el 25 de octubre de 2011 el camping El Parador, de la Isla del Río Diamante, se quedó sin energía por el robo de 10 metros de cables de cobre preensamblado y seis potentes reflectores.
No siempre se encuentra a los autores de estos robos, pero años atrás se registró un hecho cuyos responsables fueron llevados a juicio. En marzo de 2010 la Segunda Cámara del Crimen condenó a dos años de prisión en suspenso a un policía y a un año de cárcel a otras dos personas por el robo de cables de alta tensión entre el 27 de mayo y el 28 de agosto de 2007. Se trataba de un tendido fuera de servicio entre las fábricas Carbomet y Electro Aleaciones (ex Grassi) en El Nihuil.
