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Las repercusiones del hecho, 19 años después

Por Enrique Pfaabepfaab@diariouno.net.ar

SAN MARTÍN– Quieren olvidar. Cualquier cosa que les recuerde la mañana de ese 22 de agosto les produce inquietud, molestia, dolor. “Creo que lo vi, pero no estoy seguro. No me acuerdo muy bien de cómo era su cara.  Además debe de haber cambiado después de tanto tiempo en la cárcel”, dice un vecino de Chapanay, que ahora tiene 40 años y que era un muchacho cuando Julio César Giménez degolló a sus cuatro hijos, enceguecido por la ira que le causó haberse enterado de que supuestamente su mujer lo engañaba.
Julio tenía 28 años en el '94. Ahora está alcanzando los 50. En este pueblo de San Martín todos quieren olvidarlo y que se lo olvide. Que esté a poco tiempo de cumplir su sentencia y que esté disfrutando de salidas transitorias es algo que los tiene sin cuidado, siempre y cuando no modifique La vida parsimoniosa de Chapanay. Seguramente Julio regresará. Ese es su pueblo. Allí estuvo una de las pocas veces que pudo salir de la cárcel hace 9 años, cuando se le permitió concurrir al velatorio de su madre. Allí viven sus hermanas Teresa y Ana, quienes con enorme paciencia y afecto han sido las pocas visitas que recibió en prisión y gestionaron una y diez veces una reducción de pena ante el gobernador, cosa que nunca se produjo. Julio Giménez es de Chapanay y también lo es quien era su esposa, Rosa Alejandra Soria. Cada uno tiene familia o parientes allí y la tragedia dividió las aguas. Para unos el hombre es el único responsable y para otros Rosa también tuvo su culpa. Quizás ella sintió ese desprecio y por eso abandonó el pueblo, después de enterrar a sus cuatro hijos y de que sentenciaran a su marido.“Se fue de acá. Dicen que formó pareja con otro hombre”, se anima a contar un vecino. Para borrar aún más ese pasado doloroso la casa en donde fueron degollados Mariana (7), Ana Rosa (6), Julio César (5) y Juan Exequiel (2) ya no está más. Allí hay una construcción nueva y vive otra familia. Era una casa  de adobe que estuvo abandonada 10 años. Nadie quería vivir allí, hasta que desde otro punto de la provincia llegó una pareja joven que sin condicionamientos por el pasado la derrumbó y construyó algo  mejor y sin historia. La pareja tuvo que trabajar mucho ya que todo estaba lleno de basura. De juguetes rotos. En su terruño a Julio lo describen como un hombre tranquilo que jamás tuvo problemas con nadie. Pero  también algunos dicen que era celoso. Y todos coinciden en que el hombre mató a sus hijos para castigar a su mujer. “Déjenlo tranquilo. Estuvo muy deprimido los primeros años y después fue reponiéndose lentamente. Tuvo muy buen comportamiento en la cárcel y pagó sus culpas. Tiene derecho a poder rehacer su vida algún día”,  ruega un pariente de este hombre que desde hace un tiempo y cada semana sale a la calle 10 horas para intentar readaptarse a la libertad.

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