Michael Vaujour fue uno de los peores criminales de Francia de finales del Siglo XX. Durante años vivió atrapado en un espiral entre delitos, prisión y ansias de liberación. Sus intentos de fugas y los escapes que logró hacer parecen de película. Sin embargo, el episodio más extraordinario ocurrió cuando su esposa logró rescatarlo a bordo de un helicóptero.
Aprendió a volar un helicóptero y sacó a su esposo de una cárcel de máxima seguridad
Una mujer ayudó a su marido a protagonizar una de las fugas más descabelladas de la historia criminal
Vaujour tuvo una infancia difícil. Sus padres lo abandonaron siendo muy pequeño, así que una tía se encargó de su crianza hasta que un cáncer le provoco la muerte cuando Michael tenía 8 años. Al poco tiempo las travesuras se convirtieron en incidentes y luego delitos. A los 18 años fue detenido por primera vez por el robo de un auto.
Poco a poco, el francés comenzó a entrar y salir de la cárcel constantemente, hasta que recibió su primera condena larga: diez años. Desde el momento en el que ingresaba a prisión sus pensamientos estaban puestas en diseñar planes de escape, por lo que llegó a lograr seis fugas exitosas de diferentes presidios.
En la primera ocasión, el delincuente obtuvo las llaves de los portones de una prisión provincial, luego de quitarle a un guardia el manojo de llaves y utilizar un jabón para hacerle el molde y replicarlas. En otra oportunidad, talló un arma de jabón, la pintó de negro y la usó para amenazar a todos, así que salió caminando por la puerta.
El escape en helicóptero
Michael terminó en La Santé, una cárcel parisina de máxima seguridad. Todos estaban alertados de sus intenciones, así que los ojos de cada guardia sobre él. Sin embargo, no fue suficiente, ya que el 26 de mayo de 1986, salió a la luz que se había producido la fuga más espectacular de la historia.
Esa mañana, Vaujour y Regis Hernández, un cómplice que estaba en su mismo pabellón, amenazaron a compañeros y guardias con lanzar granadas, por lo que fueron abriéndose paso en la prisión. Pero en vez de ir hacia las puertas exteriores se dirigieron a los techos. Los guardiacárceles no entendían con claridad qué pasaba pero no se preocuparon demasiado porque no entendían de qué manera se escaparían.
La amenaza de las granadas los persuadió, por lo que mantuvieron una distancia prudencial. Sin embargo, pasadas las horas descubrieron que esas supuestas granadas eran frutas pintadas de verde y negro por los dos reclusos. Una maniobra que solía usar Vaujour para evitar los agravantes por uso de armas de fuego.
De repente, un helicóptero sobrevoló La Santé. La aeronave desoyó todas las advertencias y quedó muy cerca del techo de la cárcel. Los dos hombres llegaron corriendo con un arma (que luego se supo que también era de juguete). El piloto lanzó una soga de la que los hombres se asieron. Mientras levantaba vuelo, Vaujour se estiró y con sus dos brazos se colgó de uno de los patines del helicóptero. El otro hombre se soltó de la soga y quedó dentro del presidio levantando sus brazos, ofreciendo la rendición.
Escape perfecto
La nave aterrizó en una cancha de fútbol de una universidad, y el delincuente con el piloto se fugaron en un auto que los esperaba, por lo que la policía encontró el helicóptero vacío. Al tiempo, alguien se presentó para reclamar la propiedad de la nave, una agencia parisina que lo alquilaba.
El dueño confirmó que alguien lo había alquilado, por lo que los investigadores le pidieron que describa al hombre. El dueño de la empresa se río, y confirmó que Nadine Vaujour había alquilado el helicóptero, la esposa de Michael.
Tiempo después, se dio a conocer que Nadine se subió a un helicóptero por primera vez cinco meses antes. Sin embargo, había hecho el curso correspondiente, por lo que había obtenido la matrícula habilitante para pilotearlos. De hecho, sus instructores dijeron que era una mujer discreta y muy aplicada.
La búsqueda policial se extendió por todo Francia. Pero la pareja, junto con sus dos hijos pequeños, había desaparecido. No obstante, cuatro meses después del gran escape, tuvo un enfrentamiento con la policía mientras robaba un banco. Uno de los disparos fue directo a su cabeza, así que los efectivos lo trasladaron al hospital. Allí, pudieron determinar su identidad a través de sus tatuajes y huellas dactilares.







