Contradicciones: el menor de 13 años, quien sobrevivió y está acusado de la masacre, primero declaró que un encapuchado los había asesinado, luego dijo que no estaba encapuchado y al final culpó de los homicidios a Ezequiel Miguel, a quien tuvo que matar en defensa propia.
Las pruebas de la fiscalìa
La reacción: el chico no pidió ayuda. Salió por detrás de la casa y no por la puerta. Se cruzó a la suya sin decir nada y empapado en sangre. Se bañó y su abuela comenzó a lavar la ropa manchada, que fue secuestrada a tiempo.
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Único sobreviviente: sólo recibió un corte en una mano; las cuatro víctimas recibieron entre 8 y 37 puñaladas en la masacre.
Diestro: la mano hábil del adolescente es la derecha y el asesino, según el forense, es derecho. Ezequiel Miguel era zurdo.
Huellas: las suelas del calzado del adolescente están marcadas por toda la casa donde hubo ataques, no así la del niño de 11 años, asesinado.
El abuelo: Alí Miguel era un hombre fornido y de casi 2 metros de altura. Tras ser atacado fue arrastrado unos 10 metros, fuerza que no podría haber hecho Ezequiel.
Pericias: el examen psiquiátrico sugirió que el menor tiene una conducta altamente impulsiva y ausencia absoluta de piedad.