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La mamá de Nicolás Merlos pidió que cambien las leyes

El asesino de Nicolás Merlos tenía 14 años y quedó en libertad. Pide que se revea la imputabilidad para que pague por el crimen ocurrido en el barrio La Gloria

Sé quién mató a mi hijo. Sigue libre, sigue haciendo de las suyas, mató, robó y está en la calle haciendo lo mismo porque sabe que no va a estar preso”, expresó a Diario UNO Andrea Ávila, mamá de Nicolás Merlos, quien fue asesinado de un disparo en el pecho en diciembre del 2019 en la plaza del barrio La Gloria, por un adolescente de 14 años que quería su celular. A 10 meses del hecho, la madre de la víctima pidió que se revean las leyes de imputabilidad de menores.

“Mi hijo, con la misma edad del que lo mató, venía de rendir su última materia para pasar a 3° año, nunca había repetido, tenía un futuro por delante. Y un menor con la misma edad de él que ya no tenía futuro, o no pensaba en su futuro, pensaba en robar, delinquir y matar”, sostuvo con dolor la mamá de Nicolás.

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Andrea Ávila junto con otras madres y padres del dolor comenzaron una campaña para pedir la baja de la imputabilidad de los menores, para que sean juzgados y condenados por delitos graves.

En el caso de Nicolás Merlos, de 14 años, el autor del crimen es un chico de su misma edad, quien estuvo un tiempo contenido y con promesas hacia la familia de arrepentimiento y rehabilitación, pero, según varios dichos, el joven volvió al barrio y continúa con sus mismas actitudes. “La plaza es de ellos”, indicaron algunas personas.

Mi pedido de justicia es por Nicolás y por todas las víctimas de la injusticia. Es lo mínimo que puedo hacer para que él encuentre la paz, como yo, que no queremos más ángeles en el cielo, queremos a nuestros seres queridos acá, junto a nosotros, donde deberían estar”, dijo Andrea.

Y siguió: “Es necesario el cambio de leyes de imputabilidad de menores porque delinquen, matan, no les importa nada porque saben que son inimputables. Los mayores agarran a los menores para delinquir. Hoy soy yo quien pide ese cambio de leyes para que esto cambie, ya que ven dinero fácil y también la oportunidad de salir fácil. Que los defensores de los derechos humanos empiecen a trabajar también a favor de las víctimas, de las familias, porque una vez que pasa el hecho la familia sigue hasta el día que cierra sus ojos con este dolor”.

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El dolor que carga la mamá de Nicolás es muy grande, y no encuentra consuelo debido a que por el crimen no hay detenidos ni imputados. “Nadie se hace responsable de la muerte de mi hijo, ni siquiera los padres de ese menor que mandaron a robar. Como el adulto que lo acompañaba que le guardó el arma. Para mí están ocultando un homicidio, sabés que estás haciendo, pero la Justicia lo ve como que lo ayudó porque eran familiares, y eso duele mucho porque a mí nadie me da respuesta, nadie me da el consuelo que haya un responsable”, se lamentó la mujer.

Yo no quiero que haya otro Nicolás, ese es el miedo que da, que las leyes siempre favorecen al malo y uno que es bueno llora”, expresó la mamá del joven asesinado de un disparo en el pecho en la mañana del 13 de diciembre de 2019.

Duele que a mi hijo lo tenga en la tierra y a mi otro hijo encerrado por pánico. Este Día de la Madre va a doler mucho. Todos los 13 para mis son terribles. Se acerca un año sin mi hijo y ellos están libres y siguen haciendo de las suyas porque no tienen una familia, la sociedad, ni un organismo que los apoye”, señaló Andrea, quien desde ese día tiene miedo de salir de su casa y le tiene hasta miedo a las personas.

“Hoy me toca a mi llorarlo y sufrirlo todos los días, porque para su cumpleaños tengo que ir a saludarlo a un cementerio, besar una foto, extrañarlo en todo momento. Para nosotros era todo, para mí era todo. Una frase que suena mucho entre las mamás del dolor es estár muerta en vida, te queda seguir luchando para que esto cambie, que este dolor no siga en las familias mendocinas, es un dolor terrible desde que abrís los ojos y los cerrás, lo extrañás, lo llorás, lo sufrís”.

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La mujer asegura que el ETI (Equipos Técnicos Interdisciplinarios) “no está bien organizado o le faltan medios, porque me dicen que están desbordados con esta situación, pero los errores de ellos los pagó mi hijo. Porque si ese chico hubiese estado un poco más controlado o en otra situación como mi hijo, porque ese niño debería haber estado estudiando o haciendo alguna actividad, no con un arma para matar a los 14 años”, dijo la mamá de Nicolás.

Debido a la pandemia hoy no pueden realizar marchas, pero aseguró que el pedido de justicia está siempre presente en todas las mamás y papás del dolor, aunque no tienen dónde ser escuchados.

El crimen

Nicolás Merlos regresaba a su casa del barrio La Gloria, de Godoy Cruz, el viernes 13 de diciembre, cerca de las 11, luego de haber ido al colegio a rendir la última materia para pasar a 3° año de la secundaria.

Le había avisado un rato antes a su mamá que había aprobado y que ya regresaba a su casa. Se bajó del micro en la plaza principal del barrio, ya que él vivía a muy pocos metros de allí. Pero fue sorprendido por un chico de su misma edad quien lo apuntó con un arma de fuego y le pidió el celular. Nicolás estaba asustado y nervioso, y el ladrón le dio un tiro en una pierna para que le diera el celular, a plena luz del día.

Nicolás le sacó la carcasa a su celular porque allí llevaba su DNI, y le dio el teléfono, pero no conforme, el ladrón le exigía que le entregara “el otro teléfono”, creyendo que llevaba dos. Ante la negativa de Nicolás, el joven ladrón le apoyó el arma en el pecho y le disparó directo al corazón.

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El asesino escapó y se ocultó en la casa de un familiar, quien lo ayudó a esconder el arma homicida.

Tal fue el revuelo que se armó en el barrio que finalmente los dos quedaron detenidos. Cuando descubrieron la edad del autor del hecho, constataron que era inimputable, por lo que no podía ser acusado por el hecho.

Respecto al familiar que lo ayudó a ocultar el arma, fue imputado por encubrimiento y también recuperó la libertad.

El chico de 14 años es conocido en la zona como El Bebé o El bebito, mientras que al otro le dicen Chicho, de 25 años, son sobrinos del Omar el Tanga Gómez, condenado a perpetua por el crimen de Matías Quiroga, ocurrido en 2012.

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