Por Sebastián Salas
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Una de las condenas más duras en la historia de los Tribunales provinciales en casos de abusos sexuales tuvo lugar este lunes tras un juicio abreviado contra un hombre que tuvo tres niños con su propia hija.
Aproximadamente demoró un año la Justicia desde que se inició la denuncia hasta que se resolvió el caso en la Primera Cámara del Crimen, con el tribunal unipersonal integrado por Lilia María Vila.
El expediente judicial tuvo su inicio el año pasado, cuando la víctima cumplió los 18 años y se animó a denunciar a su propio padre, un hombre de 50 años. La joven aseguró que desde los 12 hasta los 16 años fue abusada sexualmente por su padre. Producto de esas relaciones, tuvo tres hijos.
La investigación inicial avanzó de manera rápida. Las comparaciones de ADN que se realizaron fueron contundentes y ratificaron que el progenitor de los pequeños era su propio abuelo.
Las vejaciones ocurrieron a lo largo de los años en dos domicilios donde vivió la familia en Godoy Cruz y en Las Heras.
La causa fue elevada a juicio y recayó en la Primera Cámara del Crimen, donde actuó como representante del Ministerio Público el fiscal Javier Pascua.
El debate nunca se realizó. Pascua pactó con la defensora oficial del acusado, Claudia Acevedo, y acordaron un juicio abreviado donde el hombre se declaró culpable por el delito de abuso sexual agravado por el vínculo y reiterado en tres ocasiones.
De esta forma, acordaron una condena de 25 años de cárcel para el imputado que trabajaba como empleado de seguridad. Fuentes judiciales aseguraron que en caso que se hubiera realizado el debate, el fiscal habría solicitado 35 años, aunque esta pena estaría sujeta al Tribunal.
El fiscal también solicitó una compulsa para que se investigue la presunta vinculación de la madre de la víctima en los hechos, ya que sospechan que estaba al tanto de la situación y nunca intervino.
De esta forma, el hecho marcó una de las condenas más altas en la historia provincial por casos de abuso sexuales.
El único antecedente con un veredicto más duro fue el juicio contra Ramón Moyano (54), conocido como el Chacal de Santa Rosa, quien recibió 33 años de prisión en mayo de 2012 por abusar durante años de su hija y de otras dos niñas.
