Tal como lo hacía en su casa de Guaymallén, Nicolás Gil Pereg continúa con sus extraños hábitos de vida incluso en el penal San Felipe, en Capital, donde está solo en una celda y defeca y orina en el piso.
Su raro comportamiento no deja de llamar la atención para quienes deben custodiarlo a diario, e incluso para los demás presos que están en otras celdas del Módulo 3 de San Felipe, donde se encuentra alojado.
Acusado de asesinar a su tía Lily Pereg a balazos, y a su madre, Pyrhia Saroussy, a golpes y ahorcada, Gil Pereg se niega a las conductas habituales de cualquier interno.
Su preferencia es defecar y orinar directamente en el suelo de su celda, y luego se niega a limpiar, por lo que otros internos deben hacerlo por él.
Además, tiene la costumbre de estar desnudo, no quiere usar ropa, en especial pantalones, por eso en un primer momento se había negado a recibir ropa. En algunas ocasiones, sus abogados son quienes le llevan algún pantalón para que se cubra, especialmente cuando tiene que ser trasladado a algún lugar.
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Es más, rompió el inodoro de su celda debido a que no quería usarlo, y defecó arriba de una mesa.
Su abogado Lautaro Brachetta, indicó que, al parecer, debido a estos comportamientos, los médicos del Servicio Penitenciario decidieron medicarlo con un antisicótico, por lo que van a pedir que los galenos sean citados a declarar y expliquen esta situación.
De todas formas, todas estas conductas son muy similares a las que tenía en su propia casa, donde dormía en un colchón sobre el piso de tierra, rodeado de excrementos y orina de gatos, repleto de mugre y basura, y donde tampoco usaba baño.
Ataques
Es un interno muy particular para quienes deben custodiarlo a diario, pero para los demás internos también quienes lo hirieron en una oportunidad y en otra ocasión fueron controlados por los penitenciarios.
El primer hecho fue un pequeño corte en una de sus piernas que le hicieron con una chuza, la cual la pasaron por un agujero que había en la pared colindante.
El segundo hecho ocurrió a mediados de febrero, cuando un grupo de internos rompió el candado de su celda y fueron directo a la de Gil Pereg, aunque no llegaron a realizar nada porque fueron atrapados en ese instante por los penitenciarios.
