Gil Pereg antes de la mugre, la sangre y la locura

Antes de transformarse en prototipo de asesino macabro y repugnante, Nicolás Gil Pereg fue otra cosa. Nunca fue un sujeto común, que pasara desapercibido, pero no tenía la carga de sangre y suciedad que ahora adorna su figura irremediablemente pública.

“Me daba mucha pena. Era un hombre muy solo”, dice ella. Es otra de las relaciones amorosas que tuvo Gilad Saroussy, este israelí ingresado a la Argentina como Nicolás Gil Pereg y que en San Martín se hizo llamar Floda Reltih (Adolf Hitler, al revés).

Parece ser que la vida más “normal” de Gilad, un nombre cuyo origen significa “el que cuida los camellos”, fue en San Martín, donde vivió un par de años, entre 2008 y 2010 aproximadamente.

En esa normalidad, Gilad tuvo al menos dos relaciones sentimentales y este medio pudo dialogar con ambas. G. una docente, ya contó lo suyo. Y a raíz de esa nota, X contactó a este periodista para ampliar, corregir y dar algunos datos más que ayudan a reconstruir la historia.

“Hay gente que tenía relación con él, que decía ser amiga y que ahora dice que no se acuerda o niega haberlo conocido. Yo no me olvido y mi familia tampoco. No voy a negar haberlo conocido”, dice X.

Es difícil entender esta negación mayoritaria de la relación con “Floda”.
¿Por qué ocurre esto?

“Lo que pasa es que seguramente esas personas andan en otras cosas y les debe dar miedo meterse en esto y que se descubran esas otras cosas.

¿Esas "otras cosas", es droga o qué?

Sí…y cosas donde tienen los negocios de pantalla.

Más de 15 testimonios de gente diversa permiten hacer un bosquejo de este hombre, pero no se logra llegar hasta uno de los puntos más oscuros: ¿Cuáles eran los negocios en donde movía millones y cuál su perfil psiquiátrico?

En San Martín Gilad Sarussi dijo llamarse Floda Reltih y a la mayoría le aseguró ser noruego.

“Nos contó que su mama era de un país, su papá de otro y que él había nacido en Noruega”•, recordó X.

Alquiló un restaurante en Belgrano 35, frente a la plaza departamental, que atrás tenía algunas canchas depádel (de allí nació la idea de hacer su propio complejo en Guaymallén), una pieza precaria en donde dormía y acumulaba sus cosas sin desembalar y un galpón en donde guardaba un Mercedes Benz, un BMW y un Mazda nuevos, pero que prácticamente no usaba.

“A mí me buscó varias veces en el Mazda gris”, dijo la ex novia.

A pesar de tener restaurante (“creo que jamás funcionó normalmente”) compraba todos los días comida preparada en la rotisería de la sucursal del Supermercado Vea cercana a la Terminal. Y hacía lavar su ropa en un lavadero ubicado en otro de los laterales de la plaza. “Agarrábamos la bolsa con ropa y la vaciaban en el patio, para que se ventilara un poco, porque tenía un olor insoportable”, recuerdan.

La ex novia dice que “lo llevaba conmigo a comer asado con mi familia. Me daba pena. Se lo veía muy solo”.

Dice que ella lo recuerda “siempre limpio”, pero que era “intenso”.

¿A qué te referís con “intenso”?

Me llamaba cada 5 minutos. Él quería tener una compañera todo el tiempo. Me decía que estaba solo y extrañaba a su familia, en especial a su mamá… ¡Por eso me quedé  helada cuando me enteré lo que pasó!. Cuando le dije que ya no quería seguir más, me llamaba y me insultaba…Después me pedía perdón.

También la mujer sostiene que “me quedé helada con todo lo que pasó. Él se mostraba muy protector en esos años”.

Pero, por más que se urgue sobre las actividades comerciales y económicas Gilad Sarussi sigue siendo un misterio. Préstamo, lavado de dinero, compraventa de armas y autos. Todo y nada. Un misterio aún.

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