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De un continente a otro

El verdadero náufrago: sobrevivió más de un año en una lancha de 7 metros

Una tarde rutinaria de pesca se convirtió en 438 días a la deriva y una increíble historia de supervivencia

Editado por Sebastián Salas
salas.sebastian@diariouno.com.ar

El 17 de noviembre de 2012, José Alvarenga (37) zarpó desde Chiapas, México, en una lancha de fibra de vidrio de 7 metros. Su plan era una jornada de pesca de tiburones de 30 horas, pero terminó en un naufragio que duró más de un año.

José Alvarena no se subió sólo. Lo acompañaba Ezequiel Córdoba (22), otro pescador pero que no tenía experiencia en alta mar.

Poco después de zarpar, una fuerte tormenta impulsada por vientos del norte desvió la embarcación. El motor falló, los instrumentos electrónicos de navegación y comunicación quedaron inutilizados, y la lancha quedó a la deriva en un naufragio: se encontraron solos, a casi 500 kilómetros de la costa, enfrentando un océano inmenso sin provisiones suficientes ni esperanza inmediata de rescate.

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El pescador que protagonizó una de las mayores historias de naufragio.

Naufragio y supervivencia

Sin comida ni agua potable, los dos pescadores recurrieron a medidas desesperadas. Sobrevivieron inicialmente con una dieta de pescado crudo, tiburones, tortugas y aves marinas, complementada con agua de lluvia, sangre de tortuga y, en los momentos más críticos, su propia orina.

José Alvarenga, con su experiencia como pescador, demostró una capacidad notable para adaptarse al naufragio. Recogía plásticos flotantes para almacenar agua y cazaba aves atraídas por los percebes y algas que crecían en la lancha.

Sin embargo, Ezequiel Córdoba no pudo soportar las condiciones. Cayó en una profunda depresión y, tras enfermar por consumir un pájaro en mal estado, se negó a comer. Aproximadamente un mes después del naufragio, murió de inanición y deshidratación.

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El pescador que protagonizó una de las mayores historias de naufragio.

Alvarenga mantuvo el cuerpo en la lancha durante varios días, conversando con él en un estado de delirio, hasta que, ante la descomposición, lo lanzó al mar. Este episodio marcó un punto de inflexión emocional para el ahora único náufrago, quien confesó haber considerado el suicidio.

El rescate del naufragio

Tras 438 días, el 30 de enero de 2014, José Alvarenga llegó a las Islas Marshall, a más de 10.000 kilómetros de su punto de partida. Prácticamente había cruzado el ancho del océano Pacífico y estaba en otro continente. Desnudo, con barba y cabello largos, pero en aparente buen estado de salud, fue encontrado por dos habitantes locales.

Fue trasladado a un hospital donde se le diagnosticó anemia y estrés postraumático, pero su condición física sorprendió a muchos. El 10 de febrero, regresó a El Salvador, recibido como un héroe en su pueblo natal tras el extenso naufragio de un año y 2 meses en un pequeño bote.

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