Era conocido como "El monstruo de los mangones" y jamás se conoció su nombre. Se trata de un asesino serial de Colombia que nunca pudo ser identificado, pero que mató a entre 30 y 38 personas, la mayoría de ellos menores de edad, entre 1960 y 1970 y todos los crímenes ocurrieron en la ciudad de Cali.
"El Monstruo de los mangones": mató a casi 40 menores y nunca pudo ser identificado
Un asesino serial colombiano llamado "El Monstruo de los mangones", mató a casi 40 menores de manera sangrienta y nunca pudo ser identificado

"El Monstruo de los mangones": mató a casi 40 menores y nunca pudo ser identificado
Foto gentileza elpaís.comLos asesinatos se cometieron en distintos terrenos baldíos situados en zonas bien alejadas y a este homicida hasta se lo comparó con Luis Alfredo Garavito, el peor asesino serial de Colombia.
"El monstruo de los mangones" utilizaba un método muy particular para cometer sus crímenes: le insertaba a sus víctimas agujas en el corazón o en el tórax, pero antes cometía agresiones, torturas y hasta violaciones.
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De acuerdo a las investigaciones realizadas, este asesino serial solía utilizar jeringas para extraer la sangre de los menores y adolescentes a los que encontraban pálidos.
Las autoridades lo describieron como un auténtico sádico sexual, un personaje oscuro y demente, posible víctima del Síndrome de Renfield, comúnmente llamado vampirismo.
Debido a las características sangrientas de sus crímenes, entre 1960 y 1970 se vivió en Cali con mucho temor e incertidumbre por la desaparición de varios menores, a tal punto que los chicos al momento de dormir tenían pesadillas con la aparición de este temible individuo.
El primer caso aparentemente sucedió el 5 de noviembre de 1963. Ese día se supo que un menor de edad que trabajaba como canillita había sido asesinado, pero los casos de muerte de chicos empezaron a reiterarse con frecuencia.
Otro niño fue encontrado muerto el 4 diciembre de ese año, en unos pastizales, mientras que ocho días más tarde se descubrió un tercer cuerpo sin ojos, muy cerca del río Aguacatal.
Otros dos cadáveres se encontraron antes de culminar ese año 1963 en las cercanías de la estación del Ferrocarril de Cali y en Prados del Norte. Al finalizar el año se habían cometido cinco homicidios de menores de edad, ocurridos en tan sólo dos meses con características similares.
Pocos días después, en enero de 1964, las autoridades caleñas encontraron el cuerpo de un chico momificado, mientras que 48 horas después se descubrieron los restos de un adolescente de 12 años llamado Alberto Garzón.
En el mismo mes de ese nuevo año, aparecieron otros tres cuerpos en distintos sectores de Cali, mientras que entre febrero y abril la cuenta de adolescentes asesinados se incrementó con otros tres asesinatos.
Ante la ola de estos violentos homicidios, la Policía colombiana emitió una serie de comunicados a la ciudadanía, en los que explicaban que estos cuerpos fueron literalmente sacados de los cementerios y posteriormente lanzados en distintas zonas de la ciudad, en la mayoría de ellos en lugares desolados.
La intención de las autoridades era convencer a la población de que no había un criminal suelto en la ciudad y así poder transmitir algo de tranquilidad, pero los habitantes de Cali no creyeron esa versión y exigían conocer la verdad.
A finales de 1964 se repitieron los asesinatos y en total estimaron que los asesinatos iban de 30 a 38, entre adolescentes y menores de edad.
Asimismo, los investigadores nunca pudieron establecer quién era el autor de esos crímenes, pero apuntaron contra una persona a la que no pudieron detener pero que en la ciudad era conocida como "el Monstruo de los mangones".
El caso de este asesino serial mantuvo en vilo no sólo a Cali, sino a toda la población de Colombia, a tal punto que una película que se emitió en 1982 se basó en este peligroso homicida.
El film denominado "Pura sangre" era una creación de Luis Ospina que relataba la historia de un personaje que necesitaba sangre fresca de niños y adolescentes, ya que padecía de una extraña enfermedad.
Gran parte de la película fue rodada entre Cali y Nueva York, y fue considerada como el "primer film colombiano de terror con calidad internacional".