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"Dale cagón, levantate": estremecedores testimonios que complican al rugbier Máximo Thomsen por el crimen de Fernando Báez Sosa

Máximo Thomsen, imputado como coautor del homicidio agravado de Fernando Báez Sosa, es el más apuntado por los testigos y los "extras" de las ruedas de reconocimiento. Es aquel al que los patovicas tuvieron que sacar del boliche Le Brique entre dos por la furia que presentaba. Es aquel que sería el dueño de la zapatilla ensangrentada con la que remataron al joven de 18 años que dejó su vida en Villa Gesell.

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"Qué cagada se mandaron", relata Infobae que le dijo uno de los "extras" de la rueda de reconocimiento. "Sí, sí", contestó él ya sin efusividad.
Antes, en una de las primeras ruedas, el relato había sido otro: "Fue una pelea común, pero desmedida", habiá dicho.

Los videos de la noche del crimen lo ponen en un papel protagónico. Eufórico junto a Fernando en sus últimos minutos de vida.

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Sus zapatillas de lona negra y suela blanca son idénticas a las que incautó la policía cuando allanó el chalet en el que se hospedaban los diez rugbiers.

Estaban ensangrentadas y la fiscalía cree que son las que se usaron para darle la patada mortal a Fernando.

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Hay dos testimonios clave que lo complican, además de aquellas pruebas. Ambos testigos son neutrales al crimen y de ambos surge que él fue el que le dio patadas a Fernando hasta matarlo.

"Había mucha gente en el lugar, mucho calor, casi no se podía respirar -en el boliche-. Alrededor de las 4 de la mañana vimos una pelea, yo no lo vi tan claro porque estábamos lejos. Solo vi que eran hombres y que volaban piñas. En eso se acercó un patovica y sacó a un grupo de chicos -Fernando y sus amigos-. Luego los patovicas vuelven a sacar a otro grupo que son los que después vi afuera peleándose en frente a Le Brique, los agresores", cuenta en su testimonio uno de los jóvenes.

El testigo no duda a la hora de describir a uno en particular: "Era de contextura robusta. Pero no gordo sino de cuerpo trabajado. Tenía pelo corto, rapado a los costados y lacio arriba de color morocho. Tenía una camisa oscura con botones desprendidos y una bermuda clarita. Ese fue el que más me llamo la atención porque el personal de seguridad cuando lo sacan los tenían agarrado con una llave del cuello y el se quería soltar, se resistía a salir. Hacia tanta fuerza que ellos tuvieron que sacar entre dos o tres patovicas".

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Para los investigadores no quedan dudas. El chico del relato es Thomsen.

"Había uno que tenia remera clarita y pantalones largos oscuros. Era robusto pero no de gimnasio, más bien gordito. Tenía a los costados el pelo más corto y arriba ondulado", declaró otro testigo en referencia a uno de los Pertossi. "Había otro que me llamo la atención. Tenía un rodete en el pelo tipo samurai. Era flaquito y de altura media", dijo de quien sería Matías Benicelli.

Así sacaban a Thomsen del boliche

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Los testimonios que describen la furia de Thomsen

“Estaba en la puerta charlando con un amigo cuando veo que en la vereda de enfrente del boliche había un Volkswagen Vento que se empieza a sacudir. Pongo mi atención ahí y veo piñas que vuelan. Yo estaba enfrente a donde estaba la supuesta pelea pero justo a la altura de donde cae Fernando, que es al lado de la trompa del auto que describí. Vi todo. Vi claramente cuando le pegaban”, señaló el primer testigo.

El testigo número 2 contó cómo comenzaron los golpes directamente a la víctima: “El de camisa oscura (Thomsen) le pegaba piñas y patadas solo a Fernando. Otro más alto le pegaba a un amigo de Fernando, no lo vi pegándole directamente a el. A este chico también le pegaba el del rodete y cada vez que se intentaba levantar le volvían a pegar”.

La secuencia continúa con lo contado por el primero de los testigos, con detalles específicos: “Lo veo a Fernando arrodillado, tratando de defenderse con los brazos, él estaba imposibilitado de pegar, solo trataba de defenderse. La persona que más le pegaba era el que tenía la camisa oscura desprendida que describí más adelante. Este chico parecía el líder del grupo, era el que iba al frente y el que más pegaba”. El testigo vuelve a hacer alusión clara a Máximo Thomsen.

“También veo que le pega una segunda persona, que adentro yo no lo había visto. Llevaba una remera blanca y tenía el pelo corto con rulos. También tenía pantalón largo oscuro de contextura robusta pero más bien gordo. Este chico le pego a Fernando patadas y piñas. Había dos más que estaban de espaldas a mí que también le pegaban. En ese momento Fernando cae al piso”, cuenta el joven.

En este momento el testigo 1 se adentra en la parte puntual en la que la víctima recibe los golpes que le sacaron a vida: “Cuando Fernando estaba ya en el piso, los dos que estaban de espaldas se alejan. Quedan los dos que le pegaban de frente. Uno de ellos le daba patadas en el sector de las costillas. El otro, el de camisa abierta, (Thomsen) queda al lado de la cabeza y le empieza a pegar puntinazos, es decir con la punta de la zapatilla. Fueron dos puntinazos del lado izquierdo de la cabeza. Le pegaron de muchas formas”.

“Luego esta misma persona (Thomsen) flexiones sus rodillas y agarra a Fernando de los pelos, creo que con la mano izquierda. Después le pega dos o tres patadas más, creo que con la pierna derecha. Luego de eso lo suelta y arenga a seguir pegándole. Decía: ‘Dale cagón, levántate’. Cuando Fernando estaba en el piso, el único que vi que le pegó en la cabeza fue el chico de camisa negra”, señaló el testigo.

En otro tramo de la declaración, el joven habla de las personas que para la Justicia son partícipes necesarios por haber impedido que alguien ayude a Fernando, principalmente su amigo T., que fue a defenderlo y resultó golpeado: “Había otro del grupo de los agresores que no pegaba pero estaba deambulando por ahí. En un momento veo que otro chico, no se si era amigo de Fernando porque no los conozco, que se quiere meter a ayudarlo. Cuando se acerca, el chico que merodeaba le pegó una piña en la cara, en el lado izquierdo. El chico retrocede y cruza para el lado que yo estaba”.

En ese momento de la declaración la fiscal le pregunta al testigo si esos golpes que recibió el amigo de Fernando fueron efectivamente para impedir que la víctima sea auxiliada. La respuesta es contundente: “Sin dudas, cada vez que intentaba incorporarse para ayudar a Fernando le volvían a pegar y caía al piso. También le daban puntapies”.

El testigo 1, a raíz de otra pregunta de la fiscalía, relató los calificativos que escuchó decir a los rugbiers para con Fernando: “Escuché diferentes voces, no puedo precisar quiénes fueron, pero sí escuché que a Fernando le decían ‘negro de mierda’. Era obvio que se lo decían a él porque era el único que de tez morena al que le estaban pegando”.

“Luego de que le pegan al amigo de Fernando que trata de asistirlo, veo que una señora que estaba del lado izquierdo de Le Brique, y un señor que estaba del lado derecho, reaccionan y el ataque frena por ellos. La mujer cruza desesperada diciendo que dejen de pegarle porque lo iban a matar. Ahí los agresores se empiezan a asustar porque la gente les empieza a gritar y se alejan. Precisamente se ubican en las mesas que están en la puerta del restaurante de la izquierda”, explicó el testigo.

“Ahí vuelvo a escuchar al que para mí era el lider (Thomsen) que seguía gritando y arengando para que vayan a pelearse. No le gritaba a Fernando sino a todos: ‘Dale cagones, vengan’. El resto del grupo estaba detrás de él. Si bien no decían nada el lenguaje corporal era de querer seguir peleando. Estaban con lo puños cerrados, el pecho inflado y un movimiento ascendente y descendiente de sus brazos”, siguió.

En el final de la declaración, el testigo, a pedido de la querella comandada por Fernando Burlando, cuenta cuál fue la impresión que le quedó de la víctima: “Me quedó la imagen de una persona débil por los golpes que recibía. En ningún momento pegó, solo trataba de defenderse. No agredía pero le seguían pegando. No fue una pelea, porque Fernando no dio pelea en ningún momento. Solo recibió golpes”.

El testigo también participó de la rueda de reconocimientos y al ver a Máximo Thomsen, entró en crisis, se largó a llorar y tuvo que ser asistido por psicólogos.

Con información de Infobae

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