Con la declaración del único acusado del denominado "crimen de la Sexta" comenzó ayer el juicio por
la muerte de Mirta Quinteros (63), la mujer que fue asesinada el 31 de mayo del 2009 en su casa
durante un asalto. El imputado, y ex yerno de la víctima, apuntó a un vecino suyo como el autor del
homicidio y aseguró, entre varias contradicciones, que él sólo "estaba guardando" los elementos
robados a pedido del supuesto asesino.
Mirta Quinteros de Femenía murió degollada la madrugada de ese domingo, cuando al menos dos
delincuentes entraron por una ventana a su casa de calle Olascoaga 2826 de Ciudad. Los atacantes se
alzaron con $7.000, algunas joyas, una notebook, dos cámaras filmadoras y una fotográfica. En su
momento se especuló con que los asesinos no esperaban encontrarla en la casa –la familia Femenía
posee dos locales de comidas en Ciudad y la mujer solía quedarse en alguno de ellos los sábados por
la noche– y por eso la habrían matado, pero luego sonó más fuerte la hipótesis de que el o los
homicidas pueden haber sido reconocidos por su víctima y eso los obligó a quitarle la vida para que
no los delatara.
Ese dato y algunos elementos que se fueron sumando a la investigación pusieron la lupa sobre
el ex novio de una hija de la mujer, Leonardo Cabrera (31), quien tenía antecedentes policiales y
había trabajado en la remodelación de la casa. El hombre fue detenido días después del crimen en
San Martín y se le secuestró gran parte del botín obtenido en el robo.
Ayer, a dos días de que se cumpliera un año del crimen, los integrantes de la Quinta Cámara
del Crimen, presidida por Gonzalo Guiñazú e integrada por Rafael Escot y Laura Gil de Chales,
escucharon atentamente la versión del único imputado por el asesinato, Leonardo Cabrera, quien
incurrió en notorias contradicciones a la hora de desandar su coartada. Cabrera deshiló una versión
que por momentos no pudo sostener.
Una declaración incoherente
El acusado aseguró que la madrugada del 31 de mayo del año pasado, cerca de las 6 a su casa
del barrio San Martín llegó su vecino Gustavo Busto –también había trabajado con él en la casa de
Femenía– para pedirle que le guardara una bolsa con algunos elementos robados (que Cabrera no
reconoció como pertenecientes a Quinteros). Allí habrían acordado que se los entregaría en San
Martín. A todos los presentes les extrañó que Cabrera, recién ahora, después de pasar un año
detenido, sacara a la luz el nombre del supuesto asesino. El imputado sólo adujo que sentía miedo
por su familia.
Según el acusado, el día pactado él y su nueva pareja, Evelyn Ortubia, tomaron un remís hasta
el departamento del Este, desde donde planeaban salir en colectivo a Junín de Buenos, ya que su
madre, que vivía allí, estaba muy enferma. Esta versión se cruzó con la de la mujer, que en
principio había dicho que viajaban a esa provincia porque los esperaba un hermano. No justificó por
qué si el micro salía de la Terminal del Sol ellos decidieron tomarlo en la zona Este.
El hombre no pudo justificar por qué cuando el supuesto asesino no acudió a la cita él le
ordenó a su novia que viajara a Buenos Aires y se escondió a esperarlo. Tampoco pudo explicar la
causa por la cual a su novia también se le encontró parte del botín en su poder, ni por qué él se
escondió en un pozo, en donde la policía lo encontró con parte de lo robado.
Cabrera no supo qué contestar cuando uno de los jueces le preguntó cómo si hasta había
vacacionado con la familia Femenía –cuando era novio de una de las hijas– no reconoció entre los
elementos que supuestamente le dio el apuntado como autor del asalto las cámaras de fotos y
filmadoras que habían usado en esos viajes.
En la jornada de ayer también declararon el viudo de Quinteros, Lorenzo Femenía, y su hija
Estevaliz Femenía, ex novia del imputado, quienes coincidieron en recalcar que el acusado conocía
al detalle la casa y de hecho sabía –porque había trabajado en esa ampliación– que la reja que fue
removida el día del asalto había quedado floja y por consiguiente era más fácil de arrancar.