Stephen Port, un cocinero británico de 40 años, apareció brevemente en un episodio de MasterChef Celebrity en el Reino Unido en 2014, sirviendo pasta y albóndigas junto a figuras como la actriz Emma Barton. Sin embargo, detrás de su fachada de chef anodino, se escondía un asesino serial.
Cocinaba en MasterChef Celebrity pero en realidad era un asesino serial
El caso ocurrió en Londres y sacudió a toda la comunidad de Londres a mediados de 2015

El cocinero que era asesino serial
Stephen Port trabajaba como cocinero en una cantina de Londres, un empleo que le permitió participar como asistente en el famoso programa de cocina MasterChef.
Su vida pública parecía ordinaria: un hombre reservado, de complexión promedio, que vivía en un departamento al este de Londres. Sin embargo, en la intimidad, tenía un “fetiche mortal” para cometer crímenes: drogar a hombres jóvenes para abusar de ellos y, en cuatro casos, matarlos.
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Las víctimas del asesino serial fueron Anthony Walgate (23), Gabriel Kovari (22), Daniel Whitworth (21) y Jack Taylor (25), todos contactados a través de aplicaciones de citas para homosexuales como Grindr.
La vida oculta del asesino serial
El modus operandi del asesino serial era escalofriantemente metódico. Conocía a sus víctimas en línea, ganándose su confianza con promesas de encuentros casuales. Una vez en su departamento, les administraba dosis letales de droga, a menudo disfrazadas en bebidas.
Tras abusar de ellos, abandonaba los cuerpos en lugares públicos junto con botellas para sugerir sobredosis accidentales.
Algunas muertes fueron clasificadas como sobredosis no sospechosas, a pesar de las pruebas para apuntar contra el asesino serial por los crímenes.
No fue hasta el crimen de Jack Taylor, en septiembre de 2015, que las familias de las víctimas, frustradas por la inacción policial, presionaron para conectar los casos. Su insistencia llevó a la reapertura de las investigaciones, que finalmente señalaron al asesino serial como el culpable.
En noviembre de 2016, Stephen Port fue condenado a cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional por los cuatro asesinatos, además de múltiples cargos de violación y agresión sexual. El juicio reveló que el asesino serial no solo drogaba y mataba, sino que también manipulaba los teléfonos de sus víctimas para enviar mensajes falsos, creando coartadas.