Hace más de cuatro décadas, la Unión Soviética construyó uno de los submarinos más avanzados. Se trata del K-278 Komsomolets, conocido en Rusia simplemente como K-278. Diseñado para operar en las profundidades extremas del océano Ártico, su misión era transportar torpedos nucleares.
Sin embargo, el submarino terminó hundido a 1.680 metros de profundidad en el mar de Noruega. Hoy, décadas después del desastre, la nave continúa en el fondo del océano mientras científicos monitorean las filtraciones radiactivas que todavía emergen desde sus restos corroídos.
Noruega explora el océano y descubre un antiguo submarino nuclear de la URSS que sigue liberando radiación
El Komsomolets fue uno de los submarinos nucleares más avanzados de la Unión Soviética y símbolo del poder militar durante la Guerra Fría. En 1989, mientras navegaba por el mar de Noruega, un incendio se desató en su interior y provocó una tragedia que terminó con la muerte de 42 marineros.
Horas después, el gigantesca nave se hundió a más de 1.600 metros de profundidad junto a sus reactores y torpedos nucleares. Décadas más tarde, el submarino continúa en el fondo del océano liberando pequeñas cantidades de radiación, convirtiéndose en una de las mayores preocupaciones ambientales heredadas de la era soviética.
Implicacias actuales de este submarino
Las implicancias actuales del K-278 Komsomolets van mucho más allá de un antiguo accidente de la Guerra Fría. Décadas después de su hundimiento, el submarino continúa descansando a más de 1.600 metros de profundidad en el mar de Noruega mientras científicos siguen vigilando las filtraciones radiactivas que emergen desde su estructura corroída.
Las investigaciones recientes detectaron niveles extremadamente altos de cesio-137 y estroncio-90 cerca de uno de los tubos de ventilación del submarino, elementos vinculados al reactor nuclear que todavía permanece en su interior. Aunque los expertos no encontraron rastros de plutonio apto para armas nucleares en el agua cercana y aseguran que la radiación se diluye rápidamente en el océano, el deterioro constante del casco sigue generando preocupación.
El paso del tiempo y la corrosión marina amenazan las estructuras selladas décadas atrás con titanio por las misiones soviéticas. Si esas barreras fallaran, podrían liberarse mayores cantidades de material radiactivo al ecosistema marino del Atlántico Norte y el Ártico.
Al mismo tiempo, el Komsomolets se transformó en uno de los símbolos más visibles de la herencia nuclear que dejó la Unión Soviética bajo el océano. Hoy, Noruega continúa enviando robots submarinos y equipos científicos para monitorear el estado del submarino y medir cómo evoluciona la contaminación en las profundidades marinas.




