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El pequeño de 4 años aban­do­na­do por su ma­dre y pre­so de la bu­ro­cra­cia ju­di­cial encontró papás en otra provincia.

Adoptaron al niño que vivió 14 meses internado en el hospital de CONIN

El varón de 4 años que pa­só 14 me­ses in­ter­na­do en CO­NIN aban­do­na­do por su ma­dre y con­vir­tién­do­se su

ca­so enun gran es­cán­da­lo,
, fue adop­ta­do y des­de ha­ce tres me­sesha­ce una vi­da pro­pia de un pe­que­ño de su edad. Ma­ría del Car­men San Mar­tín, ti­tu­lar del Re­gis­tro Úni­co de Adop­ción de laPro­vin­cia, con­fir­mó a UNO que "a fin de año el chi­qui­to se re­ti­ró de CO­NIN con sus nue­vospa­pás lue­go de un tiem­po de adap­ta­ción que lle­vó va­rios días has­ta que los acep­tó". El pe­que­ño ga­nó los prin­ci­pa­les ti­tu­la­res de la pren­sa por­que lle­gó alhos­pi­ta­li­to de Las He­ras don­de tra­tan a ni­ños por des­nu­tri­ción con la con­sig­na de quees­ta­ría allí só­lo unos días y se ter­mi­nó que­dan­do más de un año, so­lo y al cui­da­do de lasen­fer­me­ras y mé­di­cas del no­so­co­mio. El me­nor ha­bía lle­ga­do allí en se­tiem­bre de 2008 jun­to con su ma­dre bio­ló­gi­ca,de­ri­va­do del Not­ti. Pe­ro gran­de fue la sor­pre­sa cuan­do los es­pe­cia­lis­tas de CO­NIN vie­ron a la mu­jerdán­do­le al ni­ño un par de bru­ta­les pa­li­zas. Los pro­fe­sio­na­les die­ron avi­so a la Jus­ti­cia e im­pi­die­ron a la ma­dre quevol­vie­ra a ver al ni­ño. La mu­jer no vol­vió a apa­re­cer por el hos­pi­tal. Cuan­do lle­gó al hos­pi­ta­li­to, el ni­ño –en ese mo­men­to de ca­si tres años– no sa­bíaha­blar, no te­nía com­por­ta­mien­to so­cial, no ju­ga­ba con otros ni­ños ni mi­ra­ba a los ojos.No son­reía, no da­ba a abra­zos ni be­sos y tam­po­co se de­ja­ba to­car o que se le acer­ca­ran. En esos 14 me­ses fue apren­dien­do esos há­bi­tos y ani­mán­do­se mien­tras se es­pe­ra­baque la Jus­ti­cia de fa­mi­lia lo de­cla­ra­ra en con­di­ción de ser adop­ta­do. Y el día lle­gó Fi­nal­men­te en di­ciem­bre un ma­tri­mo­nio con re­si­den­cia fue­ra de la pro­vin­cia fueele­gi­do des­de el RUA. La ma­dre adop­ti­va vi­no has­ta Men­do­za pa­ra co­men­zar laadap­ta­ción. Lo vi­si­ta­ba a dia­rio y se que­da­ba con él to­da la jor­na­da en CO­NIN. De a po­co elpe­que­ño em­pe­zó a sa­lir a pa­sear con su nue­va ma­dre. Lue­go a que­dar­se a dor­mir con ellay el pa­pá adop­ti­vo, que arri­bó des­pués. Has­ta que en Na­vi­dad el chi­qui­to pre­fi­rió ir­se con sus nue­vos pa­dres y noque­dar­se a dor­mir en CO­NIN. Así se ce­rró exi­to­sa­men­te el pro­ce­so. Pa­ra pre­ser­var su in­te­gri­dad res­pec­to de la fa­mi­lia bio­ló­gi­ca se man­tie­nen ense­cre­to los da­tos so­bre su nue­va fa­mi­lia e iden­ti­dad y su lu­gar de re­si­den­cia.

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