Hace casi dos años, Florencio quería pero Cristina no quería o viceversa. Aquel desencuentro con rabieta incluida, propio de las viejas telenovelas de la tarde, sería la pequeña grieta de una ruptura que definiría, con derrota para ambos, la elección presidencial.Pasaron 18 meses y el escenario peronista apenas pudo poblarse de tímidos actores de reparto, sin figuras de primer nivel ni referentes carismáticos. Vacía de liderazgo, la vieja fórmula reapareció y en una nueva entrega, después de un apropiado descanso, regresó esa historia de amor electoral frustrado que supo calentar las pantallas y ganar las tapas de los diarios. El argumento de hoy es el mismo: Cristina quiere, pero Florencio no quiere o viceversa. Como sea, el romance trunco del Florencio y la Cristina vuelve a llenar los espacios, a vender la esperanza inalcanzable, el final feliz anhelado, el amor imposible, y promete, nuevamente, una batalla de pronóstico reservado sobre el destino de ambos, en las legislativas de este año. Dicen que el Florencio se ha rebelado y que se la escucha bramar a la Cristina, "pero si fue mi ministro, mío y no de Néstor, durante ocho años". Pero decir que se rebeló es negar el pasado, porque el Florencio ya en 2015 se había rebelado. Fue cuando se dio el lujo de darle un portazo histórico a su presidenta, a su jefa, a su líder, a su Cristina: "Quiero ser presidente", le dijo él. "Vas a ser gobernador", le dijo ella, y la tormenta se había desatado. Dicen que en La Rosada, el Florencio pataleó y se negó a recibir órdenes, ante una Cristina asombrada. Él se fue ofendido y ella buscó otro gallo para ganar la provincia de que terminó en el bando contrario. Pasó el tiempo, pero los sueños no amainaron. El Florencio quiere ser presidente y por eso reapareció en el escenario para congregar a la audiencia peronista en un sólo y único aplauso. Pero donde está el Florencio está la Cristina, y otra vez se miran ambos del otro lado. Ella le recuerda que es la estrella, la jefa y le ofrece el primer lugar de la boleta de diputados nacionales pero el Florencio no quiere, se resiste, responde contundente: "No gracias, PASO". Otra vez, el Florencio se ha rebelado.Él quiere ser presidente de los argentinos y para eso, aseguran sus seguidores, está trabajando, para ser presidente sin Cristina o ganándole a ella en la PASO, sin ceder posiciones, al frente de un peronismo unido y renovado.Como en el portazo del 2015, prefiere el todo o nada y no andar acordando. Prefiere matar o morir. Es él o ella y no los dos de la mano. Esta disputa, de corte cuasimarital, de lucha por el poder (¿hay diferencia?) aún no ha terminado. El Florencio va en serio y por eso el viernes presentó su espacio político, al que llamó Cumplir, para dar batalla sin dar un paso al costado. Según los amigos del Florencio, por no haber él negociado, la Cristina le mandó a decir que si no acordaba o se bajaba, ella se iría a otro lado y lo dejaría solo en esta nueva novela peronista de las PASO.La advertencia no es casual ni sosa: a Cristina el rating electoral la está beneficiando. Las últimas mediciones dicen que ella tiene el 30% de los votos y que el Florencio apenas consigue un puñado. También dicen los relevamientos que si el peronismo tiene alguna chance de ser primero en la provincia de Buenos Aires, es con Cristina comandando. Esos ratings revelan que al Florencio, aún midiéndolo solo, inclusive sin ella participando, las encuestas lo dan segundo, detrás de Cambiemos, y hasta tercero, si la dupla Massa-Stolbizer llega a hacer estragos.Pero él no se achica. Sus amigos aún le siguen el paso, porque Randazzo mira el sillón de Rivadavia y no el de diputados. Cuenta con el apoyo de Alberto Fernández (ex jefe de Gabinete de Néstor Kirchner), que dejó las filas de Sergio Massa para acompañarlo, también con dirigentes de la CGT y con el aguante de algunos varones del conurbano, esa franja pobladísima de la provincia de Buenos Aires donde viven millones y millones de seres humanos. Otro que lo acompaña es Juan Abal Medina, el ex jefe de Gabinete de Cristina y ahora alejado del kirchnerismo puro y duro que aún sigue batallando. Abal Medina no viene solo sino con el Movimiento Evita, que se está jugando por Randazzo: "Somos peronistas y queremos reconstruir el peronismo. Las discusiones podemos darlas dentro de un tupper o de cara a la gente", dijo el legislador del Movimiento Evita Fernando Chino Navarro durante la presentación de Randazzo candidato. El propio Florencio chapeó con el eslogan de su nuevo espacio: "Cumplir, el valor de la palabra", sentenció, y le reclamó un cambio de rumbo al presidente Mauricio Macri, al que acusó de ser "refractario a la realidad social". Para querer ser presidente su presentación no fue con bombos y platillos. Se lanzó a la competencia en un acto a puertas cerradas en un hotel céntrico del distrito electoral de al lado, la Ciudad de Buenos Aires, donde no competirá Randazzo. Mientras tanto, espera. Ella nada dice y por ella hablan sus subordinados, que aseguran que será candidata pero de lista única, sin dar a nadie las PASO. La telenovela concluirá este año, cuando a la audiencia diga si quiere al Florencio o a la Cristina de antaño.
El ex ministro K se lanza otra vez como precandidato, esta vez a legislador, pero con la meta de llegar a la Rosada. Como en 2015, su desencuentro con la ex presidenta promete un final de telenovela
El romance imposible con Cristina vuelve a la pantalla central del PJ

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