Este lunes estuve en Vaca Muerta, una de las formaciones de gas más importantes del
mundo, para darles una noticia muy importante: después de muchos años de producción
decreciente de gas en nuestro país, logramos revertir la tendencia y la producción de gas
volvió a crecer.
En el primer trimestre de este año, gracias a Vaca Muerta, produjimos más de 3% más de
gas que hace un año. Desde 2011 que no teníamos una producción tan alta y en abril los
niveles de producción van a ser superiores.
Estamos avanzando juntos en algo tan importante como la generación de energía, pero
falta mucho por hacer. Hoy, con todo lo que estamos haciendo, todavía no nos alcanza
para cubrir toda la demanda, que es muy alta.
Durante años nos hicieron creer que el gas y la electricidad eran gratis, que los subsidios
eran un regalo, que el derroche no tenía costo. El subsidio a la energía era tan imprudente
que, por ejemplo, un hogar humilde pagaba lo mismo que un departamento que
consumía dos, tres, cuatro veces más. Incoherencias como ésta hicieron que se haya
llegado al extremo de calefaccionar veredas con lozas radiantes en algunas ciudades del
sur del país, mientras había otras como Córdoba, Santa Fe y Buenos Aires donde miles de
personas sufrían los cortes de luz durante días. El sistema era irresponsable, cortoplacista,
y nos llevó al límite.
Más allá de las obras que estamos haciendo para ampliar el acceso al gas a más familias,
o medidas como la Tarifa Social que destina los subsidios a quienes realmente lo
necesitan; más allá de las inversiones que las empresas distribuidoras están haciendo para
avanzar en obras que estaban pendientes hace mucho tiempo, y más allá del pedido
personal que hice a gobernadores e intendentes de todo el país para que eliminen los
impuestos que cobran sobre los servicios públicos, una ayuda que aliviaría la carga de los
usuarios, comercios y PyMEs, la única manera de lograr un cambio profundo y verdadero
es que todos los argentinos aprendamos a consumir menos. Cuidando el consumo de
gas y electricidad, vamos a cuidar la factura.
Cada luz que apagamos, cada canilla y cada hornalla que cerramos, cada termotanque
que regulamos para no tener que enfriar el agua caliente, cada vez que en lugar de
calefaccionar, nos abrigamos. Todas esas pequeñas medidas suman para cuidar la energía
y pagar menos. Esos hábitos son también parte del cambio cultural que estamos logrando,
una transformación auténtica y duradera que se logra de a poco, poniendo un pie delante
del otro.
Sé que para muchos es muy difícil enfrentar una actualización de tarifas. Sé lo que pesa
en el bolsillo. Y quiero decirles, una vez más, que, si hubiera habido una alternativa para
evitarla, hubiese sido el primero en ponerla en marcha. Una y otra vez nos dedicamos a
buscar otros caminos, a pensar soluciones posibles para salir de la crisis energética que
trababa a nuestro país hace años, y éste es el único camino.
Estoy acá para trabajar por y para cada argentino, para que podamos vivir mejor, día a
día, juntos. Y vivir mejor significa poder contar con energía, para nosotros, para nuestras
casas, y para que las fábricas y los comercios puedan funcionar. Porque la energía es,
junto a su gente, lo que pone a un país en movimiento. La necesitamos para crecer, y
depende de cada uno de nosotros.
Cuidar nuestra energía es una prioridad. Cambiemos hábitos, generemos conciencia,
cuidémonos entre todos. Logremos juntos que cada vez más argentinos tengan la energía
que necesitan para hacer realidad sus proyectos. Sé que vamos a lograrlo. Sé que un día,
sin darnos cuenta, nos va a parecer natural cuidar cada una de nuestras costumbres para
ahorrar energía.
