Mauro Torres es un joven mendocino destacado y representante de la juventud de estos nuevos tiempos. Tiene 26 años y sabe abrirse camino con inteligencia en la vida. Hace apenas tres años descubrió que "su" destino estaba unido al kickboxing, y ya está en la élite mundial de este deporte de combate y es pupilo del campeón Fernando Amaya. Ganó su categoría en el Panamericano y sueña con viajar al mundial de España 2024. ¿Su único obstáculo? -El dinero para el viaje.
Mauro Torres y el sueño cumplido de clasificar al Mundial de Kickboxing de España
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El pasado mes de noviembre, entre el 22 y 25, Mauro Torres se consagró en un importante certamen de artes marciales como fue el Panamericano 2023 de Buenos Aires, Allí resultó campeón en la modalidad K1 y subcampeón en Low Kick, lo que significó integrar la selección argentina que participará del Mundial de la World Kickboxing Federation (WKF) en España, en noviembre del año próximo.
Mauro Torres, profesor en el Campo de Deportes de la Universidad Maza, y trabaja como administrativo en una conocida empresa de transportes y turismo de Mendoza. Pese a la intensa actividad, hace su tiempo para entrenar a conciencia para las competencias.
Respecto al tema económico y a su proyección internacional, Mauro confesó: "Gracias a Dios el Panamericano se hizo cerquita, en Castelar, Buenos Aires, y eso me permitió participar. Si hubiese sido en otros lugares habituales, como Brasil o México, no podría haber ido".
Torres es un joven que comenzó a hacer deportes desde chico. De la mano de su papá, comenzó a practicar fútbol y también hizo natación. "Pronto me di cuenta que no era lo mío. De grande pude elegir un deporte que me llamó mucho la atención, y elegí el kickboxing, porque es más de combate, más de contacto que otros", recordó Mauro, que agregó: "Pronto me di cuenta que tenía una facilidad natural para el kickboxing, y me metí de lleno".
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Explosión y lanzamiento internacional en apenas tres años
Pero no todo fue fácil. este artista marcial trabajaba en una agencia de motos, y los horarios no coincidían con los de las clases. La solución vino paradigmáticamente de la mano de la pandemia y los cambios de modalidades de trabajo.
"En el gimnasio que tiene al profesor Fernando Amaya, campeón mundial, cambiaron de lugar y horario, y ya pude coordinar el trabajo con las clases", explicó. "En pocos meses ya podía competir y ganar. El profe Amaya decía que los años de aprendizaje que no tenía los compensaba con horas de entrenamiento diario", detalló el esforzado deportista.
Para concluir quiso agradecer a quienes lo han apoyado en esta aventura: "Quiero dar las gracias a la Universidad Maza, donde estudié para acompañante terapéutico y ahora doy clases de deportes, porque también soy instructor. También agradezco a Turismo Uspallata, que me facilitó los pasajes para ir al Panamericano; y a los chicos de Las Heras Motos, que siempre me han acompañado".





