El entrenador de Gimnasia de La Plata, Diego Armando Maradona, se emocionó hasta las lágrimas luego de la primera victoria como local en la Superliga y confesó que se prendió "un habano" en el entretiempo por la confianza que tenía en dar vuelta el resultado frente a Central Córdoba (SdE).
"Los muchachos tenían fe en que en el segundo tiempo lo dábamos vuelta, por eso me prendí un habano. Porque éstos pibes trabajan de verdad, nosotros no vinimos de verano a conocer La Plata", lanzó Maradona, casi sin voz, acompañado por su nieto Benjamín, hijo de Gianinna y el futbolista Sergio "Kun" Agüero.
"Rompimos el maleficio de esta cancha hija de puta. Gimnasia tiene que ser grande, grande, grande", aseguró Maradona a la televisación oficial.
Las lágrimas del astro argentino se debieron a la racha negativa que arrastraba en su ciclo jugando como local en el estadio "Juan Carmelo Zerillo", donde había sufrido cinco derrotas en fila.
El "Diez", que vistió una gorra con la leyenda "Pellegrino Presidente", en referencia a la candidatura del actual mandatario del "Lobo", abrazó a sus jugadores y antes de irse al vestuario se arrodilló sobre el césped pidiéndole disculpas a los hinchas.
