Buena movilidad. Mucho riesgo. Gran dinamismo. Con pretensiones de equipo de primer nivel, pero todavía muy lejos de eso arranca los partidos Independiente.
Holan le ha cambiado la cara a este equipo que parece sentirse mejor lejos del Libertadores de América y juega en consecuencia. Pero le falta mucho para darle el gusto al famoso paladar negro.
Cuando domina el partido, cuando parece que tiene todo bajo control, incluso con un gol a los 15 minutos que le da tranquilidad, aparecen los errores: malas entregas, foules innecesarios y goles imposibles de errar, errados.
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Este combo genera sofocones que paralizan corazones rojos y reviven con las intervenciones -muchas veces milagrosas- del arquero Martín Campagna (aunque a veces él también se equivoca).
Así crece, como es habitual, la confianza del rival (incluso los que menos historia, presente y plantel tienen).
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El mismo Rojo creó los espacios de ataque que Atlético Tucumán no sabía crear y cuando en las tribunas se volvían más interesantes los celulares que el partido llegó el golazo de los tucumanos.
Recién entonces se despierta la hinchada, se despabila Holan que mete a Barcos.
No obstante, la defensa sigue durmiendo y Rodrigo Aliendro mete el segundo.
El resto fue desesperación y esperar el milagro que nunca llegó para dejarnos afuera de la Copa Argentina en 16vos de final. Al parecer, no estamos para más.
