Mustafá miró a su nieta y la reconoció, algo que hacía bastante que no ocurría, y después le dijo: “Ivana, tené paciencia, porque la vida se trata de eso”. Fue su adiós, sin saberlo.
Sebastián Mustafá Asmar, que para San Martín y para todo Mendoza es Mustafá Tafito, murió en la siesta de este miércoles, a los 93 años. Fue parte de la historia del boxeo mendocino, por más que muchos casi lo habían olvidado.
No fue hace tanto. Eran los últimos días de febrero de este año y cuando aún la sombra era un buen lugar para la charla. Tafito, con esa sonrisa nostálgica y pícara que tenía siempre, repasaba por enésima vez sus historias de joven, de boxeador aguerrido, como si estuviera viviendo todo nuevamente.
Lo hacía mientras les sonreía y seguía con los ojos a las mujeres que lo atendían en el geriátrico y que aseguraban que Mustafá Tafito seguía siendo el galante que fue siempre.
Sonreía, se emocionaba y acomodaba su estampa cuando intuía que le estaban por sacar una foto.
La charla, la misma, ya se había repetido otras veces. Algunas fue más abundante, más clara, cuando todavía el Alzheimer no había llegado.
En la última aseguraba que debía entrenar todas las mañanas, porque sostenía que al día siguiente debía pelear en el Luna Park. Y uno de esos días, haciendo ejercicios, se cayó y se fracturó cuatro costillas. A raíz de eso se le perforó un pulmón y tuvo neumonía. Lo que no pudieron sus rivales en el ring, lo pudo ese tropezón y su salud comenzó a ser más frágil.
Fue sparring del Mono Gatica y amigo de Pascual Pérez. En su historia hubo 260 peleas, muchas de ellas en el ring del Luna Park.
Vivió casi toda su vida en el barrio Jardín, de San Martín. Después del boxeo, se había transformado en colchonero y, aún después de jubilado, los vecinos seguían buscándolo para que ejerciera ese oficio.
Salvador Asmar, padre de Mustafá, llegó a Mendoza a principios del siglo XX. Venía del Medio Oriente. Se afincó en el Este y junto con él llegaron otros dos apellidos árabes: Llaver y Morcos.
Salvador era ya un hombre grande. Sus descendientes locales suponen que en Arabia dejó esposa e hijos, alguno de los cuales se debe haber llamado Tafito. “Por eso me puso ese apodo”, imaginó Sebastián Mustafá Asmar quien tenía un efímero recuerdo de su padre, y que murió dejando una viuda argentina y cinco hijos chicos. “Yo soy el del medio y el único que sigue vivo”, contaba.
El apodo Tafito fue tan poderoso que anuló su apellido y en San Martín muchos conocen a Mustafá Tafito pero nadie sabe indicar dónde vivía Sebastián Asmar, datos que solo han sido útiles en trámites administrativos y que generaron siempre confusión y desconcierto. “Una vez hice una pelea acá con Rubén Dávila, un sanjuanino que estaba muy bien ubicado en el ránking argentino. Le gané muy bien. Me acuerdo que en la revista El Gráfico salió: Dávila perdió con Tafito, un desconocido”. Es que en Buenos Aires al sanmartiniano lo conocían por su apellido real y lo tenían bien ubicado, después de 230 peleas como amateur, casi 30 como profesional y varios combates de semifondo en el Luna Park.
“Con Pascualito fuimos muy compañeros y el Mono solía pedirle a mi profesor: Che, prestame el pibe. Nos estrenábamos juntos los dos. El me pegaba fuerte y yo le daba con todo. Pero éramos amigazos”. “Con Pascualito fuimos muy compañeros y el Mono solía pedirle a mi profesor: Che, prestame el pibe. Nos estrenábamos juntos los dos. El me pegaba fuerte y yo le daba con todo. Pero éramos amigazos”.
Sin embargo los últimos recuerdos que tiene Tafito de estos dos hombres son agrios, aunque él no parece sufrirlos. “El Mono vino un día a pelear a Mendoza. Paró en una bomba de nafta de San Martín. Iba en un auto con tres mujeres. Yo no lo alcancé a ver”, dijo.
También su memoria guarda el día en que Pascual Pérez regresaba a la provincia después de consagrarse campeón mundial en Tokio ante Yoshio Shirai el 26 de noviembre de 1954. “Venía en tren y yo fui a la estación, pero había tanta gente que no lo alcancé a ver”.
Mientras su padre Salvador vendía chucherías en un carrito y después se montaba un almacén y compraba el primer colectivo que iba a transitar las calles de San Martín, Mustafá comenzaba a boxear en el precario ring de un baldío, cuando tenía apenas 12 años. Después vinieron 230 peleas como amateur por todo el país, “no como ahora, que hacen 10 y ya pelean por el campeonato Mundial sin salir de la provincia”.
Cuando estaba haciendo el servicio militar en la Marina, en Puerto Belgrano, le tocaron las eliminatorias para los Juegos Olímpicos de Londres.
Le tocó combatir con otro mendocino, Cirilo Gil. “Fue una pelea pareja, pero me la dieron por perdida. Después a Cirilo lo operaron de apendicitis y finalmente no fue nadie a las Olimpíadas en esa categoría”, se lamentó.
Durante 55 años, desde que dejó el boxeo, se dedicó a fabricar y restaurar colchones “de esos que duran 20 años”.
Recordaba: “Un día llegué al Luna y me encontré al Mono Gatica sentado, con los pies arriba de un escritorio y fumando un habano. Nene, nunca hagas lo que hago yo, me dijo. A él lo quería mucho el general Perón y por eso pudo ir a Estados Unidos y conseguir una pelea con el campeón del mundo. Recibió una paliza y al pobre lo noquearon en el primer round. Perón casi lo mata cuando volvió”. Tafito hacía mención a la incursión que hizo José María Gatica en el Madison Square Garden de Nueva York en 1951, cuando peleó con el gran Ike Williams. En ese combate el cinturón de campeón mundial no estaba en juego. No hacía falta.
Tafito contaba: “Yo era pluma. Una vez peleé con Ubaldino López, que un mes antes había empatado con Alfredo Prada, campeón argentino. Tuve que subir de peso y le gané muy bien. Como la pelea había sido acá, en Mendoza, en las notas periodísticas me nombraron como Mustafá Tafito y en Buenos Aires me conocían como Sebastián Mustafá Asmar. Entonces El Gráfico dijo que López había perdido con un desconocido”.
Su última pelea fue en el Luna Park. “Yo pesaba 58 y me hicieron bajar a 54 para pelear con el campeón argentino. No aguanté, estaba demasiado débil y perdí. Después me volví a Mendoza”.
Ahora, finalmente, a Mustafá Tafito le levantarán el brazo derecho y lo proclamarán ganador. Se lo merece.
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