Análisis y opinión

Pensar, regular e integrar: el uso del celular en la escuela mendocina

Romina Méndez es coordinadora de Innovación & Tecnología Educativa de Mendoza y defiende la política educativa digital de la DGE

La nota de opinión publicada en Diario Uno bajo el título “Celulares en las escuelas: es más fácil prohibir que pensar” propone una reflexión necesaria sobre cómo abordar el uso de los dispositivos móviles en el ámbito escolar. Coincidimos en el punto de partida: las prohibiciones automáticas no constituyen una respuesta educativa adecuada frente a los desafíos del presente.

Ahora bien, también es imprescindible visibilizar lo que efectivamente se está haciendo. Porque en Mendoza no se prohíbe: se piensa, se planifica y se implementa una política educativa digital integral, sostenida y con resultados verificables.

Desde hace varios años, la provincia desarrolla una estrategia tecnológica educativa con planificación, inversión pública y fuerte anclaje territorial. El programa Edutec constituye el eje de esta transformación, integrando equipamiento, conectividad, plataformas educativas, formación docente y acompañamiento técnico a las escuelas. No se trata de acciones aisladas ni improvisadas, sino de una política pública estructurada.

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Romina Méndez, coordinadora de Innovación & Tecnología Educativa de Mendoza .

Romina Méndez, coordinadora de Innovación & Tecnología Educativa de Mendoza .

Como parte de esta estrategia, ya se entregaron más de 700 Aulas Digitales Móviles en toda la provincia, priorizando zonas rurales y contextos de mayor vulnerabilidad. Estas aulas incluyen netbooks, notebooks, proyectores, pizarras digitales y carros de carga, y se complementan con relevamientos de conectividad, mejoras en infraestructura de red y asistencia técnica permanente.

La formación docente es un componente central. Miles de docentes trabajan hoy con plataformas educativas integradas al currículo como Matific, Eduten, FlexFlix y Cumbre. Su uso no es marginal: alcanza a decenas de miles de estudiantes de primaria y secundaria y se sostiene tanto en el aula como en los hogares, configurando entornos híbridos de aprendizaje.

En el área de Matemática, los resultados son elocuentes. A través de Matific y Eduten, más de 60.000 estudiantes resolvieron millones de actividades, con un dato pedagógicamente relevante: los mayores avances se registraron entre quienes presentaban desempeños iniciales más bajos. La tecnología, cuando está bien integrada, no amplía brechas; contribuye a reducirlas.

Estas plataformas se utilizan tanto desde computadoras institucionales como desde celulares personales. En algunos casos, más del 50% de las actividades se realizan desde teléfonos móviles, lo que amplía el acceso, especialmente en contextos donde el dispositivo personal es el principal recurso tecnológico disponible. Esto muestra que el celular no es un problema en sí mismo, sino una herramienta que puede integrarse pedagógicamente con reglas claras y sentido educativo.

Lejos de prohibir su uso, muchas escuelas mendocinas incorporan el celular en propuestas concretas: producción de contenidos audiovisuales, podcasts, búsquedas guiadas de información, participación en plataformas educativas, registros de experiencias, simulaciones científicas y narrativas digitales. El celular deja de ser un “enemigo del aula” para transformarse en un recurso que los estudiantes ya dominan y que los docentes aprenden a integrar en prácticas significativas.

La inteligencia artificial también forma parte de esta política. Con el programa Mendoza Aumentada, más de 30.000 estudiantes de secundaria trabajaron con entornos mediados por IA. Las evaluaciones muestran que quienes partían de niveles más bajos lograron las mayores mejoras, confirmando que la innovación tecnológica, cuando está guiada pedagógicamente, puede funcionar como un verdadero ecualizador educativo.

Iniciativas como MateMendozIA o el PISATÓN, que involucró a más de 1.400 estudiantes en simulaciones de evaluaciones internacionales, reflejan que no solo hay dispositivos y plataformas, sino también un modelo de aprendizaje activo, participativo y contextualizado.

Nada de esto es espontáneo. Se acompaña con formación docente específica, diseño curricular y desarrollo de materiales con enfoque humanista y crítico. No se trata solo de incorporar tecnología, sino de formar ciudadanos capaces de comprenderla, usarla responsablemente y reflexionar sobre sus implicancias.

Decir que “es más fácil prohibir que pensar” puede resultar provocador. En Mendoza se eligió un camino más exigente y más valioso: pensar, regular, acompañar e integrar. Porque el verdadero desafío no es evitar los celulares en la escuela, sino enseñar a usarlos con criterio, responsabilidad y sentido pedagógico. Asumiendo que los dispositivos, las plataformas y la inteligencia artificial no son amenazas, sino lenguajes contemporáneos que la escuela tiene la responsabilidad de enseñar a comprender y a cuidar.