No hay que dar por el pito más de lo que el pito vale. Eso es lo primero que más de uno pensó cuando leyó que fracasó la licitación del Gobierno nacional para la compra de 10.000 penes de madera destinados a educación sexual en centros de salud y otros entes públicos. El anuncio lo había dado a conocer la ministra de Salud, Carla Vizzotti.
Para la ministra Carla Vizzotti, muchos tienen rollos con la palabra pene

Ministra de Salud, Carla Vizzotti: "Muchos tienen problemas con la palabra pene".
La versión oficial indicó que se debió a los precios exorbitantes que presentaron dos de los cuatro oferentes. Los otros dos fueron descartados porque estaban laxos de papeles.
Los que tenían todo en regla ofrecieron sus penes de madera pulida a valores muy superiores a los que sugería la licitación. En uno de los casos el precio unitario referencial fue un 700% superior al que establecía el Gobierno. En el barrio les hubieran contestado:¡estos tipos se deben creer que sus pitos son de oro!
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Pene y pepino
El presupuesto oficial para comprar los penes y máquinas proveedores de preservativos era de $13,3 millones, lo cual levantó variadas críticas por disponer ese gasto en época de pandemia. Sin embargo la ministra de Salud, Carla Vizzotti, dijo que "pareciera que el problema es la palabra pene, lo que demuestra que hay que seguir trabajando en ello". ¡Cuidado, Carla!, la gilada puede agarrar su concepto para el churrete.
Vizotti añadió: "No puede pensarse que alguien va a ir a comprar un pepino para aprender cómo se pone un preservativo". La respuesta demuestra que la ministra tiene también su costado jodón, quizás adquirido en tantos viajes realizados a grandes capitales del mundo con la asesora presidencial Cecilia Nicolini por el tema de las vacunas que no llegaban.
En algo está acertada la ministra. Basta que se mencione el concepto "educación sexual" para que aparezcan los reproches por hache o por be. Por eso es tan importante que estos temas se comuniquen bien. Algo que en esta ocasión no se hizo. No se le dio contexto a la información. Ni naturalidad.
Ni nacional ni popular
Los penes de madera no son un invento argentino. Se usan desde hace varios años en diversos países, pero dentro de una batería de herramientas para educar en sexualidad a fin de evitar embarazos adolescentes, frenar enfermedades infecciosas, o evitar abusos contra niños y mujeres.
Vizzotti dijo que "estos que ahora cuestionan el uso de los penes de madera son los mismos que cuando se votó la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo lo hicieron en contra bajo el argumento de que los embarazos no deseados se prevenían con educación sexual y no con abortos, y ahora que hablamos de educación sexual también se oponen".
En este asunto hay muchas ganas de joder. Vizzotti no lo dijo así, pero lo debe haber pensado: no hay una que les venga bien.
No eran para escuelas
Los penes en cuestión no estaban destinados a las escuelas secundarias, como se creyó en un primer momento, lo que llevó a que muchos imaginaran que cada alumna se iba a llevar uno a su casa, como las notebooks que permitieron que L-Gante se hiciera famoso y ganara plata (según Cristina). Craso error de comunicación del Gobierno.
Los penes de madera eran para la promoción de cuidados sobre la salud sexual que se brindan en los centros sanitarios del Estado, por ejemplo para que médicos y el personal técnico de los centros de atención primaria de las provincias y de los municipios explicaran los usos correctos de un condón y alentaran a su utilización como parte de una educación sexual más acorde a los tiempos.
Puede parecer un chiste, pero incluso no faltaron unas pocas feministas arrebatadas que advirtieron que las autoridades eran falocráticas y que le estaban dando más importancia al pene del varón que a la vagina de las mujeres.