Análisis y opinión

Massa, estamos mal, pero ¿vamos bien?

Se vislumbra que el camino trazado para evitar la hiperinflación lleva al sacrificio y al aumento de los conflictos

Con los paros del SUTE y de ATE se hace evidente el malestar por la situación económica que, vale señalarlo, no es exclusiva de los sectores estatales. Piqueteros que marchan hacia Plaza de Mayo, cortes de calle, y una serie creciente de reclamos por todos lados reflejan el ánimo social sobre el que se montan las medidas de fuerza.

Las huelgas docentes expresan no sólo la necesidad de un sector esencial, sino las tensiones en ascenso en todo el cuerpo social que se ve cada día más castigado por la inflación irrefrenable. El 7,4% que arrojó julio en el país (7% en Mendoza) muestran una curva que difícilmente sea modificada sensiblemente en agosto y ha sido motivo para la nueva convocatoria a paritarias del Gobierno provincial.

La advertencia realizada por el Ministerio de Hacienda de que se actualizarán los salarios atendiendo a la realidad inflacionaria, pero dentro de las limitaciones con que cuenta la Provincia, se basa en la incertidumbre respecto del escenario económico próximo. Es una forma de blindaje a las finanzas públicas ante un eventual desmadre mayor de la macroeconomía.

Nada asegura que se pueda transitar un camino de estabilidad a partir de las decisiones de Sergio Massa, la figura del momento, teniendo en cuenta la cantidad de variables dislocadas.

Los cambios en el gabinete económico han traído una quietud temporaria que permite ganar tiempo para acomodar un poco la macroeconomía, antes de chocar todo por vía de una hiperdevaluación e hiperinflación que implicaría una tragedia de pobreza extrema y desocupación.

Las medidas y movimientos adoptados por el Gobierno apuntan primeramente a ese objetivo, aún a riesgo de frenar la economía hasta la estanflación. La caída de la actividad económica combinada con inflación alta tiene fuertes consecuencias en pérdida de empleos, mayores reclamos por recuperación de salarios y aumento de los conflictos sociales. En un contexto tal, escalaría a un nuevo pico de tensión la interna en el Gobierno, con un núcleo duro que no querrá que se lesione su relato y, consecuentemente, se desgrane su base electoral.

Pero no son muchas las alternativas que tiene el Gobierno, que ha cobrado una nueva impronta con el desembarco de Massa, después de haber llevado al país hasta acá, ya sea por los problemas estructurales de larga data, la herencia recibida (la macrista y la kirchnerista misma), las consecuencias del manejo de la pandemia, la guerra en Europa y, hay que destacarlo prioritariamente, por el malgasto exacerbado en el Estado.

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Los piquetes sacuden diariamente la calma en Buenos Aires.

Los piquetes sacuden diariamente la calma en Buenos Aires.

El cálculo electoral

Días pasados, la portavoz Gabriela Cerruti, declaró: "Hay una sensación de estabilización"..."pudimos hacer frente a un intento de corrida cambiaria y una especulación buscando una devaluación"... "desmintiendo los rumores de la oposición sobre reperfilamiento que contribuyó al clima de incertidumbre...".

De sus aseveraciones se desprende que los temas de aumento del dólar, etcétera, no obedecen al desmanejo de la gestión de Alberto Fernández, ni a la desestabilización que provocara la vicepresidenta, que terminó con la renuncia de Martín Guzmán, sino a la acción de una oposición desestabilizadora.

Ha de pensar Cerrutti que con pontificar en contra de los opositores se logrará normalizar la economía y atenuar responsabilidades.

La dirigencia de la principal coalición opositora está ocupada más bien en sus propias rencillas internas alentadas por la creencia de que su llegada al poder es inexorable.

Con esa perspectiva, además de ocuparse en atenuar a una Lilita Carrió desatada, debería avanzar en un proyecto de gobierno, lo que es decir, un programa económico con respaldo político unificado de todas las cabezas de Juntos por el Cambio.

Más temprano que tarde, los anotados en la carrera presidencial deberán ser capaces de moderar sus ambiciones y levantar la medianía en la que han entrado por el juego anticipado de las candidaturas.

El arte de lo posible

Como están las cosas, para el Frente de Todos es difícil optar entre un escenario malo u otro catastrófico.

A ráiz del desbarajuste, estabilizar la economía se ha convertido en un imperativo para la corta gestión que tiene por delante Sergio Massa. Clavar la inflación en el 90 por ciento que están proyectando los consultores privados es una meta deseada, mientras se van alineando los factores y sectores en un sendero común, por vía de la convicción, la resignación o la disciplina. Se trata del tan mentado ajuste, reactivo al catecismo populista, al que se ha llegado a causa del espanto.

Más que la de 2001, la crisis de finales de los '80 y principios de los '90 está a la vuelta de la esquina. Lo saben tanto Massa como Cristina, quienes se están jugando atados su futuro político.

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