Análisis y opinión

De ser el Massita acomodaticio, a la tabla de salvación del Gobierno y del país

El desembarco empoderado de Sergio Massa en el gabinete ha generado expectativas favorables y los mercados lo hicieron saber

La semana que finaliza, compleja y plagada de acontecimientos, deja puntos suspensivos para lo que viene.

Incertidumbre, angustia, resignación, pero también expectativa ante el golpe de timón que debería dar la administración nacional frente a la crisis que venía acelerándose los últimos días.

Se trata de una crisis provocada por el propio Gobierno, por mediocridad de gestión y por los enfrentamientos en el Frente de Todos, que ubica a la vicepresidenta como protagonista del debilitamiento político de Alberto Fernández.

Un momento desencadenante de los problemas que hoy enfrenta el país hay que buscarlo cuando, tras las derrota en las PASO, al Presidente lo maltrataron públicamente desde las filas del oficialismo, le renunció Wado de Pedro, y Fernanda Vallejos lo trató de ocupa sin que Cristina saliera a desagraviarlo.

Todo lo contrario: le toquetearon el gabinete, obligaron a Martín Guzmán a dar rienda suelta al gasto, y la vicepresidenta jugó al desgaste a través de cartas, tuits y actos públicos. Hasta le votaron en contra al Gobierno el demorado acuerdo con el FMI para refinanciar la deuda multimillonaria que dejó Mauricio Macri.

La inflación se exacerbó y cayó Guzmán, a quien luego cínicamente sindicaron de irresponsable por haber renunciado. Del resto del descrédito del Gobierno se encargó el propio Alberto Fernández por no asumir su responsabilidad presidencial y conceder sin límites, y por el cúmulo de desaguisados al que nos acostumbró, después de haber alcanzado altos niveles de aprobación popular a principios de la pandemia.

La guerra en Ucrania nos encontró en una situación frágil por los niveles de inflación doméstica, el déficit fiscal en aumento, la necesidad de importar energía, la caída de reservas y la explosiva deuda en pesos (de Fernández, no de Macri).

La intempestiva renuncia de Guzmán dejó desnudo al Presidente, lo que quedó evidenciado en las dificultades para encontrar reemplazante, hasta que echaron mano a la malograda Silvina Batakis.

En los últimos días Alberto Fernández se la pasó discurseando sobre los especuladores, mientras otras voces salieron a culpar a la oposición por la crisis y la corrida cambiaria, y no faltaron acusaciones de golpismo.

El desgastado recurso de echar las culpas afuera da cuenta de la hipocresía y de la imposibilidad de reconocer un diagnóstico de la situación correcto. Y, por ende, imaginando conspiraciones, se niega la posibilidad de realizar correcciones planificadas. Por eso, el golpe de timón que pone a Sergio Massa en el centro de la escena es fruto de la imposición de las circunstancias, lejano a un paso premeditado del jefe del Ejecutivo.

El malestar se manifiesta por todos lados

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Fue contundente el paro y la movilización del SUTE.

Fue contundente el paro y la movilización del SUTE.

La contundencia del paro docente, consecuencia de los salarios paupérrimos devaluados por la inflación, ha sido una demostración elocuente de la angustia social.

La medida de fuerza no sólo ha expresado a los trabajadores de la educación, puesto que ha contado con el acompañamiento del estudiantado, de sus familias y de la sociedad en general que también experimenta las dificultades para llegar a fin de mes. Mendoza ostenta el triste privilegio de ser una de las provincias con las peores remuneraciones en empleos estatales y privados. Además, nuestra provincia, pese a que cayó relativamente menos en pandemia está experimentando mayores dificultades que otras para recuperarse en su producto bruto geográfico (informe del IERAL).

El gremio y el gobierno provincial ya venían tratando una mejora salarial, pero luego de la demostraciones del martes y el miércoles -inusuales en los últimos años-, Rodolfo Suarez instruyó a sus colaboradores a subir todo lo posible los sueldos para docentes y celadores.

También anunciaron la disposición para volver a revisar los salarios de acuerdo a la evolución macro económica, atento al escenario inflacionario que se presente en los próximos meses.

La semana que comienza será el turno de ATE, que viene manifestándose con medidas de fuerza y cortes de calle, y mantiene una relación ríspida con el gobierno provincial. Las diferencias que se observan entre las partes llevan a suponer que el Gobierno apelaría al aumento unilateral por decreto, como lo hizo con el sector docente ante el rechazo del SUTE.

El Gobierno sabe que se avizoran meses conflictivos, por eso apela a la austeridad en la administración de las cuentas, al tiempo que ha empezado a militar públicamente para que el justicialismo le apruebe el roll over en la Legislatura con el fin de mejorar el perfil de la deuda y los vencimientos. "Imploro a la oposición...", llegó a decir Suarez en una entrevista en radio Nihuil. Uno de los fantasmas que se busca aventar es la caída en la inversión en la obra pública.

También explican desde el oficialismo que la puja salarial obedece al contexto inflacionario nacional, ya que en marzo había logrado cerrar con éxito todas las paritarias en el Estado. Y no se privan de remarcar que Mendoza, última y lejos en el ránking de asistencia nacional, es discriminada en el reparto discrecional de los fondos contantes y sonantes que hace el gobierno de Fernández.

Lo que le espera

Recibido con hostilidad por la oposición, sin embargo los mercados apreciaron positivamente que Sergio Massa se hiciera cargo de la gestión económica.

Mientras los memes están a la orden del día por la desprolijidad en los cambios, los actores económicos anticipan que puede arrancar una etapa de mayor racionalidad en la gestión.

Massa, un dirigente con capital político propio, se caracteriza por ser pragmático y dialoguista, lo que es bien apreciado por distintos sectores económicos y productivos. No obstante, nadie desconoce que lo aguarda una empresa compleja y con mínimo margen para el error. Aún así, el hecho de que alguien con espaldas y con capacidad de toma de decisiones se haga cargo del barco, implica un avance en comparación con la gestión anodina de Fernández, acosado por diversos frentes y dirigentes.

No le queda demasiado tiempo para torcer el rumbo al renunciante presidente de la Cámara de Diputados. Dirigente audaz y con la expresa ambición de presidir el país, ha de ser consciente de que también se juega su futuro político.

La agenda que tiene por delante se asemeja al peor de los mundos: asume en medio de la crisis cambiaria plagada de cepos, con mínimas reservas líquidas en el Banco Central, con una inflación descontrolada, pobreza creciente, desequilibrio fiscal, gasto público ascendente, vencimientos de deuda acuciantes, exigencias del FMI, alta presión impositiva, puja con el campo y reclamos de distintos sectores productivos, piquetes en las calles, y peleas intestinas.

Queda como incógnita cuál será el comportamiento de Cristina ante los rechazos cantados que expresarán los sectores más ideologizados del Frente de Todos, que pugnan por radicalizar un modelo distributivo sin bases económicas ni recursos de dónde echar mano.

Las primeras medidas y el equipo económico que se conocerán esta semana darán señales del rumbo que buscará dar al país Sergio Massa.

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Estabilizar la macro economía es un imperativo, teniendo en cuenta que no hay un peor ajuste ni más injusto para los pobres que la inflación galopante.

Las reacciones positivas de la población y de los principales actores económicos serán cruciales para alcanzar el éxito anhelado del programa que debe establecerse.

Pero la condición sine qua non, es el acompañamiento expreso o tácito de Cristina, quien tiene por delante varias jornadas de juicio oral como acusada de corrupción en la obra pública. El tiempo dará indicios de si existe una reconfiguración virtuosa del poder en el Frente de Todos y una cohesión en el Gobierno que ofrezca una dosis de previsibilidad para superar la crisis política y económica que vapulea a la población.

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