Muchos creyeron que el grupo de Whatsapp "Hay juec@s en Berlín", que saltó a la fama por los chats filtrados en el caso Marcelo D'Agostino, había fundado su nombre en Berlín, el personaje de la serie española La Casa de Papel, que ya tiene saga propia en Netflix. Pero no.
Marcelo D'Agostino: el escándalo de los chats y la leyenda del Rey, el molinero y la Justicia
El grupo de Whatsapp "Hay juec@es en Berlín" comenzó siendo un punto de encuentro entre jueces y se convirtió en eje de resistencia judicial contra el cornejismo

El grupo "Hay juec@s en Berlín" se inspiró en la leyenda del Rey, el molinero y la Justicia.
Integrado por más de una docena de jueces penales de Mendoza, el grupo "Hay juec@s en Berlín" se autodenominó así a instancias de una leyenda atribuida a Federico II El Grande, rey de Prusia, en el siglo XVIII, que es considerada una alegoría del Estado de Derecho, la independencia judicial y la existencia de límites legales frente a los abusos del poder.
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El primero, decidido a ampliar los jardines de su palacio en Postdam y sintiéndose todopoderoso, amenazó con demoler el molino sin pagar un céntimo, a lo que el encargado respondió: "Eso sería así, Su Majestad, si no hubiera jueces en Berlín". Para el molinero, la confianza en la imparcialidad de los magistrados era inquebrantable.
La leyenda tiene el siguiente desenlace: los jueces resolvieron el conflicto en favor del molinero, ordenaron frenar la demolición y exigieron al rey que lo indemnizara. El monarca, finalmente, acató la sentencia.
Tras el escándalo de los chats, el grupo "Hay juec@es en Berlín" cerró
El grupo de Whatsapp "Hay juec@s en Berlín" cerró su actividad el lunes último, cuando los partícipes -jueces en actividad y retirados- se enteraron de que los abogados defensores de Marcelo D'Agostino -Daniel Sosa Arditi y Eduardo De Oro- habían recusado, horas antes, a la jueza penal María Belén Salido y presentaron como prueba las capturas de pantalla de intercambios virtuales fechados en abril y referidos a la renuncia e imputación del ex funcionario.
Hasta entonces y durante varios años, esa comunidad virtual fue un espacio de encuentro e intercambio instantáneos de avisos parroquiales entre jueces en su mayoría amigos entre sí. Sin embargo, el paso del tiempo, las reformas procesales, la designación de nuevos magistrados y los avatares políticos en la conducción de la Justicia y de los destinos de la provincia fueron reconfigurando el tono y contenido de los mensajes.
En definitiva, el grupo de Whatsapp "Hay juec@s en Berlín" se convirtió en un bastión de la resistencia de un sector de la Justicia Penal contra la política judicial del cornejismo y ciertos aspectos que consideran un "atropello" contra la independencia y la imparcialidad de los magistrados al momento de ejercer la profesión.
Más aún cuando Marcelo D'Agostino empezó a sonar, años atrás, como posible integrante de la Suprema Corte de Justicia -cuando se jubilaron Jorge Nanclares y Pedro Llorente- o como sucesor de Alejandro Gullé al frente de los fiscales mendocinos.
De hecho, uno de los mensajes del grupo alude, tras la renuncia de D'Agostino, al alivio de que ya no pudiera llegar a la Corte ni a la conducción del Ministerio Público Fiscal.
El grupo virtual "Hay juec@es en Berlín"
Esa comunidad virtual reunió a jóvenes magistrados, como María Belén Salido, Carolina Colucci y Diego Lusverti, entre otros. Y también a penalistas de la vieja guardia, como Eduardo Martearena y los retirados Agustín Chacón y Gabriela Urciuolo.
Pero además contuvo a dos penalistas que hace más de 20 años mantuvieron severos enfrentamientos mientras compartían la hoy desaparecida Quinta Cámara del Crimen: Gonzalo Guiñazú (ya jubilado) y Rafael Escot, quien fue descubierto y denunciado en la Suprema Corte por los demás integrantes de "Hay juec@es en Berlín" como quien había filtrado las capturas de pantalla que aludían, en abril, a la renuncia e imputación de Marcelo D'Agostino por delitos en contexto de violencia de género.
Escot, que admitió haberlo hecho bajo el argumento de que "D'Agostino es mi amigo y merece, como todo ciudadano, ser juzgado por un juez imparcial y no por alguien -como Salido- que ya tiene una preopinión de que deben dictarle la prisión preventiva", en clara reacción al comentario de la jueza Belén Salido, fue calificado como "traidor" y otras cositas más por sus colegas de profesión y de comunidad virtual durante una acaloradísima reunión cara a cara cuando el escándalo era noticia.
La "doble vara" judicial y la inhibición de la jueza de los chats
Cuando finalmente la jueza Salido rechazó, este jueves, la recusación de los abogados Daniel Sosa Arditi y Eduardo De Oro por el contenido de los chats del grupo "Hay juec@es en Berlín", negó el temor de parcialidad invocado por los defensores del ex funcionario, atacó la legitimidad de las capturas de pantalla ofrecidas como prueba para que se apartara y aclaró que no se había referido a D'Agostino sino a la "ecuanimidad" del Ministerio Público Fiscal para investigar al ex subsecretario de Justicia. Había puesto en duda la imparcialidad de la investigación apuntando a la conducción.
Aclaremos que al mismo tiempo que rechazó la recusasión, Salido anunció que dejaba el Tribunal por razones propias.
Esa mañana, en Radio Nihuil, su colega Carolina Colucci había hablado, en sintonía con Salido, de "doble vara" judicial para investigar a ciudadanos comunes y poderosos -o con cierta influencia política-, como Marcelo D'Agostino por haber sido parte del gobierno de Alfredo Cornejo durante 15 años. A esa hora, el escándalo estaba en boca de todos y no sólo de la prensa: también en pasillos y oficinas del Polo Judicial y de los Tribunales provinciales.
El dilema, según cómo se mire
En este episodio, hay dos posturas claramente definidas y lógicamente contrapuestas.
1) Los integrantes de "Hay juec@s en Berlín" ponen el foco en la conducta de Escot, defienden la privacidad de los chats y cuestionan la legitimidad de los mismos al ser presentados como prueba para apartar a Salido. Invocan el derecho a la privacidad protegido por la ley. Y aseguran, en la denuncia administrativa contra Escot, que "traicionó" para favorecer la defensa de Marcelo D'Agostino y que esa acción merece, cuanto menos, una sanción de parte de la Suprema Corte de Justicia.
2) El denunciado Escot y la defensa técnica de Marcelo D'Agostino, entre otros, cuestionan que el 5 de junio, cuando fue sorteada para integrar un tribunal de apelación en el caso del ex funcionario, Salido no se haya inhibido de inmediato teniendo en cuenta que el 10 de abril dudaba de la imparcialidad del Ministerio Público para investigar y de la probidad del ex funcionario, a quien ya veía favorecido por su reciente pasado en el Gobierno.
¿La vuelta del "Camarón"?
En síntesis, para muchos, este escándalo remite a la vieja leyenda del Rey de Prusia y el molinero. Y las consecuentes pujas entre poderosos y ciudadanos comunes que la Justicia puede zanjar. Como en Berlín.
Para muchos otros, remite a una vieja historia en la vida judicial de Mendoza: la puja política entre los blandos y los duros de la Justicia.
Y esbozan que es una reedición del viejo enfrentamiento entre Alfredo Cornejo y el "Camarón", como se conoció al Tribunal de Apelación que tuvo como referente a Eduardo Martearena y que siempre tuvo fama de permisivo, aún en exceso, al momento de dictar sentencias sobre personas bajo proceso penal.