ANÁLISIS Y OPINIÓN

Lourdes Arrieta y Omar De Marchi, dos mendocinos en la vorágine libertaria

La diputada Arrieta está fascinada con su nueva vida política donde confluyen Jesús y Milei. Y De Marchi, que no logró brillo en su cargo de nexo con el Congreso, espera repuntar con Francos

Entre los mendocinos ligados al gobierno de Javier Milei hay dos que sobresalen por estar hamacándose en esa vorágine libertaria que tiene al país en vilo a la espera de un soñado saneamiento económico. Son Lourdes Arrieta (31), diputada nacional y referente de La Libertad Avanza en esta provincia, y Omar De Marchi (58), ex macrista,secretario de Relaciones Parlamentarias en la Jefatura de Gabinete y creador del territorialista partido La Unión Mendocina.

Lourdes "Lulú" Arrieta está en un estado de enamoramiento sublime con la política libertaria. Milei, Jesús y los héroes de Malvinas no se le caen de la boca. Vive enamorada de esa actividad que la ha llevado a mutar de una "indigente" (así definió a los egresados universitarios que, como ella, no conseguían trabajo) a ser una diputada nacional con un excelente sueldo, con asesores, y una nueva vida junto a gente con poder de decisión.

En su Las Heras nunca imaginó que se le fuera a dar un cambio tan rápido que la convertiría en una mujer conocida por razones tan diversas como las de ponerse un pato amarillo en la cabeza para ir a una sesión del Congreso o la de haber llevado a buen puerto las gestiones ante la Justicia de Mendoza para transformar La Libertad Avanza en partido político.

Lourdes Arrieta
La diputada nacional por Mendoza, Lourdes Arrieta, se sumó a la moda viral de llevar un patito amarillo en la cabeza.

La diputada nacional por Mendoza, Lourdes Arrieta, se sumó a la moda viral de llevar un patito amarillo en la cabeza.

De Marchi, en cambio, hace rato que es un hombre del paño político. Ha sido legislador provincial, tres veces intendente de Luján de Cuyo, y también, en tres ocasiones, diputado nacional donde llegó a ser vicepresidente primero de la Cámara. Su sueño trunco es ser gobernador de Mendoza, objetivo en el que ha fracasado tres veces. El último intento fue el año pasdo cuando enfrentó -con partido propio- a Alfredo Cornejo y salió segundo con el 29, 67% de los votos.

Estos últimos años no han venido bien aspectados para él. Se peleó con el PRO nacional (con Macri, con Bullrich, con Larreta, a cuyos amparos se acercó sucesivamente) y cuando decidió ir por fuera del PRO para enfrentar a Cornejo salteándose a Cambia Mendoza, le intervinieron la filial mendocina de ese partido. Tras diluirse su nuevo intento para ocupar el Sillón de San Martín, De Marchi se jugó entero por Milei. Mendoza y Córdoba fueron las provincias donde el libertario obtuvo los mayores porcentajes de votos, con niveles superiores al 70%. Y el lujanino tuvo su premio.

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El lujanino De Marchi con Javier Milei.

El lujanino De Marchi con Javier Milei.

Le reconociero su militancia por Milei y lo integraron a un puesto de la Jefatura de Gabinete para que coordinara la relación del Presidente con el Congreso, un puesto en el que no ha tenido brillo (porque la verdadera tramoya con el Congreso la hacían otros) y donde por estos días el lujanino fluctúa en un mar de dudas tras la estruendosa salida de Nicolás Posse como ministro coordinador, peleado con Milei por haber hecho supuestas tareas de espía sobre Karina, la hermana presidencial, y sobre otros ministros.

La que no se amilana

Lourdes Arrieta es una mujer resuelta, con pocos rollos, que avanza a pesar de las adversidades. No se puede negar que es una diputada vistosa. Hay coincidencias respecto de que tiene un look de reina vendimial. Lo suyo es la afirmación de que la política tiene un imán para los audaces. En poco tiempo ha demostrado ese carácter potente de la gente que se hace desde abajo.

Pega con el estilo de Karina Milei que pasó de mujer común a estar en el centro del poder político de una nación. Mujeres portadoras de una polenta especial. La mendocina es como el esbozo de una mini Evita barrial de la ultraderecha. Karina y Lourdes llegaron con un perfil poco político pero con una fortaleza a prueba de balas. A escala, son como trombas.

La diputada no es por ahora una gran oradora, pero si tiene que hablar, habla fuerte y claro, porque para eso ha estudiado locución y se ha recibido de licenciada en Comunicación. Y lo hace con desparpajo, aunque a veces no exhiba un discurso totalmente coherente.

Lo que sí ha aprendido es a promocionar su trabajo. Grita a los cuatro vientos que por su paciente labor territorial La LIbertad Avanza (LLA) está logrando convertirse en partido en Mendoza. Pero lo más importante es que tanto Karina Milei, alias "El Jefe", como Martín Menem, presidente de Diputados, la tienen en cuenta para bajarle línea de lo que ellos necesitan. Pinta para cuadro partidario de batalla de los libertarios.

El dilema del Omar

La situación de Omar De Marchi es distinta porque es un político formado, que siente que está para más. Pero en estos meses ha aprendido que con Milei tiene que cuidar la lengua y evitar la tendencia a ser líbero. En ese sentido Milei y su hermana están en modo kirchnerista cuidando la pureza doctrinaria. No se debe mover una piedra sin que ellos lo sepan o lo hayan aprobado. Pero después se les pasan asuntos como lo de los alimentos a puntos de vencer que no entregaron a los comedores.

Tantos años de banca legislativa y de intendencia le dieron a De Marchi una gimnasia verbal que ahora no puede ejercitar. Antes no había micrófono o cámara que él despreciara. La locuacidad es parte de su carácter. Y en más de una ocasión ha demostrado su afición al picudeo. Pocas veces se exhibió tan desatado en lo verbal como cuando fue el contrincante de Cornejo para la Gobernación.

En algo De Marchi se parece a la diputada Arrieta: es de los que no se rinden. Con la diferencia que la dama está comenzando su carrera política y él ya es un político consolidado que se acerca a los 60, una edad plena y cada vez más activa, pero en la que ya no es tan fácil ponerse metas políticas a largo plazo.

El otro punto no fácil de resolver para el lujanino es si su trabajo cerca de Milei no va terminar entorpeciendo su futuro en el partido La Unión Mendocina, un ensamble ideológico donde no parecen haber muchos puntos de contacto con el anarcopitalismo, y que en la actualidad está en modo pausa. Hoy todas son dudas que recién empezarán a despejarse en las legislativas de 2025.

Un soplo

La llegada a la Jefatura de Gabinete de Guillermo Francos será seguramente un punto a favor de De Marchi (si éste sigue en ese cargo) porque el nuevo coordinador es lo opuesto al defenestrado y antipolítico Posse, quien nunca se enteró de que ya no estaba "en la empresa" y seguía actuando como un CEO.

Francos es un político con el que el expansivo De Marchi parece hablar un idioma de bienvenidas similitudes que confluyen en un liberalismo más clásico y republicano, algo que no deberán decir en voz alta para no enojar a su jefe, el León, que insiste en carajear con cosas austríacas, como el anarcocapitalismo.

Utilizando a dos figuras de la Revolución Francesa, algunos vivarachos tienen la teoría de que hay que dejar actuar a este Robespierre de derecha, para que después, instalada la nueva cultura política y económica, se pueda pensar en el paso a la etapa de un Dantón de talante más comtemporizador.

En tanto, la vorágine Milei nos seguirá hamacando, como a las "Lulú" y los "Omar" que nos han dado tema para esta columna.

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