El último caso de legítima defensa ocurrió el viernes en Mendoza. El hombre es jubilado y vive en Perdriel. Ocasionalmente lo visita un sobrino. Hace 48 horas sintió la rotura de un vidrio a las 5.30 de la mañana. Reaccionó rápido, saltó de la cama y tomó su escopeta cargada con una posta de perdigones cuando ya tenía a dos delincuentes encima.

Uno de los asaltantes cargaba un televisor y el otro una estufa, que usó de proyectil contra el dueño de casa. El hombre apuntó, disparó e hirió de muerte a uno de ellos, Víctor Manuel Laciar (30). Los dos delincuentes huyeron a pie y fueron filmados por cámaras de seguridad. El herido ya agonizaba.

Un Renault 12 pasó y se llevó al malherido que estaba tirado en un zanjón. Llegaron al Centro de Salud 31 en Luján de Cuyo. Dijeron haber hallado "descompensado” al delincuente, que ya estaba muerto. Tenía antecedentes por robo simple y por violar la cuarentena duranta la pandemia de Covid-19. El momento de la huida quedó registrado:

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El jubilado que lo mató les dijo a los policías "menos mal que el otro se fue… si se quedaba o volvía… me mataba…”. Eso, porque su escopeta es de un solo disparo. El caso es un problema: el delincuente muerto vivía a unos 350 metros del jubilado. Son cinco minutos a pie. Por eso le pusieron una custodia de dos días con especial atención a los horarios de la siesta y nocturnos. Lo decidió el fiscal Gustavo Pirrello, que aplicó el principio de "legítima defensa” y mandó al jubilado a su casa, pero sin su escopeta. El arma quedó secuestrada para realizar peritajes. La guardia no será para siempre y el hombre quedó desarmado, como ocurre siempre en este tipo de casos.

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El zanjón en donde apareció muerto el delincuente luego de intentar robarle a un jubilado que le disparó, en Perdriel.

El zanjón en donde apareció muerto el delincuente luego de intentar robarle a un jubilado que le disparó, en Perdriel.

La ley argentina nos da una licencia para matar. Pero sólo en contadas excepciones. Ese "permiso” está regulado por el artículo 34 del Código Penal de la Nación. Es una legislación de fondo que no está intervenida ni reglamentada por el Código Procesal Penal de Mendoza. Es de aplicación universal.

La parte que nos interesa está explicitada en el inciso sexto de ese artículo, que indica textualmente que no será punible "...El que obrare en defensa propia o de sus derechos, siempre que concurrieren las siguientes circunstancias: a) Agresión ilegítima; b) Necesidad racional del medio empleado para impedirla o repelerla; c) Falta de provocación suficiente por parte del que se defiende”.

Entrar a una vivienda a robar, se entiende como "agresión ilegítima”. La necesidad "racional” del medio empleado es motivo de discusión frecuente. Y la "falta de provocación” se refiere a que nadie -absolutamente- "provoca” o invita a un delincuente a robar a domicilio. Este artículo tiene un párrafo más, importante, y que indica la aplicación de la legítima defensa contra "...aquel que durante la noche rechazare el escalamiento o fractura de los cercados, paredes o entradas de su casa, o departamento habitado o de sus dependencias, cualquiera que sea el daño ocasionado al agresor… Igualmente respecto de aquél que encontrare a un extraño dentro de su hogar, siempre que haya resistencia”. Pareció haber sido el caso del jubilado de Perdriel. El hecho de que un ataque sea nocturno siempre juega a favor de la víctima (y no del delincuente muerto) en un tribunal. La oscuridad impide distinguir rostros, armas y personas.

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Antecedentes y legítima defensa

Cada tanto Mendoza es sacudida por un asunto de legítima defensa. Es una figura cuya aplicación no siempre está clara. De hecho, algunos juicios han tenido fallos divididos, como el de un policía que en 2018 repelió a balazos la irrupción de tres delincuentes para defender a su esposa embarazada, también policía. Uno murió y el policía fue juzgado. Archivaron el caso con un voto en disidencia.

Antes, en 2017, un tribunal de General Alvear absolvió al policía Pablo Colilaf, que en 2013 había matado a un delincuente de 21 años que le había atacado con un cuchillo. Colilaf lo ultimó de dos disparos y fue a juicio. Durante los años de doctrina "zafaroniana", muchas intervenciones policiales fueron juzgadas como gatillo fácil, en Mendoza y en todo el país.

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Juicio. El policía Pablo Colilaf fue juzgado por exceso en legítima defensa en 2017. Fue absuelto.

Juicio. El policía Pablo Colilaf fue juzgado por exceso en legítima defensa en 2017. Fue absuelto.

El caso del jubilado de Perdriel que ocurrió el viernes fue el segundo en pocas semanas. El 21 de mayo, una oficial de la Policía de Mendoza -de la división narcóticos- que iba de civil luego de dejar a su hijo en la parada de colectivos, mató en Las Heras a un hombre que intentó asaltarla e iba armado con una "tumbera”. Se llamaba Javier Azcurra y vivía a unas pocas cuadras de donde murió del disparo policial. Minutos antes había asaltado a otra mujer.

La oficial asaltada aún tiene custodia y está de licencia, pero esta semana volvería a trabajar. Será recibida por la ministra de Seguridad, Mercedes Rus, y por el jefe de la Policía provincial, Marcelo Calipo. El delincuente muerto, claro, tenía un prontuario enriquecido.

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Operativo. Lugar en que murió el delincuente Javier Azcurra (foto) en San Martín y Bartolomé, Las Heras.

Operativo. Lugar en que murió el delincuente Javier Azcurra (foto) en San Martín y Bartolomé, Las Heras.

El caso del "cerco”

Hay más casos en los que la legítima defensa fue aplicada en hechos de inseguridad ocurridos en Mendoza. Uno muy difundido ocurrió en la madrugada del sábado 11 de julio de 2009. Dos delincuentes se metieron a robar en la vivienda de una familia relacionada a la industria química y farmacéutica, en la calle Derqui de Godoy Cruz, cerca de la Avenida San Martín.

El dueño de casa, por entonces de 50 años, forcejeó con los delincuentes que estaban armados. Uno de los asaltantes tomó a una joven de 20 años a modo de escudo. Hubo balazos. El padre de la chica disparó un revólver calibre 32 y le contestaron con una 9 mm. Los delincuentes alcanzaron a escapar, pero uno estaba herido de muerte y quedó colgado del cerco, en el jardín delantero de la vivienda. "Nos tocó un fiscal que entendía el caso y ni siquiera lo imputó”, dijo el abogado Pablo Cazabán, quien representó al empresario.

Las personas que atraviesan un caso de legítima defensa pasan a vivir en el infierno. Matar a otro ser humano implica un trauma incluso para los policías, que cuando ocurre un incidente como estos cuentan con acompañamiento terapéutico, grupos de ayuda y contención en la fuerza. Pero para las personas civiles la vida da un vuelco de campana. El miedo a la venganza es lo primero. El ferretero que en 2012 mató a dos delincuentes en Las Heras estuvo preso tres días, imputado por homicidio agravado. Pasó de atender 60 clientes diarios a vivir encerrado. Tuvo custodia durante mucho tiempo. Hace dos semanas volvió a recibir amenazas. Llegó a perder la noción del tiempo cuando ocurrió el caso. Hoy vive en un estado de guerra permanente. Fue sobreseído de las muertes, por legítima defensa.

Legítima defensa: ¿a qué tenemos derecho?

No siempre es aplicable la legítima defensa. A veces se cometen excesos que son juzgados como una negligencia. Una imprudencia al defender la vida propia o de los seres cercanos, algo muy difícil de valorar si nos ponemos en la piel de alguien que es asaltado en su casa.

El sábado 23 de marzo a la noche un delivery de 56 años fue asaltado en España y Videla Correa de la capital mendocina. Dos delincuentes jóvenes lo abordaron, forcejearon y le quitaron su moto a punta de revólver. La respuesta fue sacar una pistola Cal. 380 (un arma de guerra) y disparar siete veces. Le dio al delincuente que se llevaba su moto en una pierna, el tórax y el cuello. Tomó su moto y se fue.

El ladrón se llamaba Gabriel Lucero, tenía 24 años y antecedentes de robo, hurto y amenazas. Murió en el Hospital Central horas más tarde. El delivery se presentó dos días después y entregó dos armas: su pistola y un revólver cal. 38 que supuestamente pertenecía al delincuente. En un juicio abreviado en el que aceptó la culpa, lo condenaron a tres años de prisión en suspenso por exceso en la legítima defensa.

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Gustavo Lucero, el ladrón que fue baleado por su víctima, y murió en el Hospital Central.

Gustavo Lucero, el ladrón que fue baleado por su víctima, y murió en el Hospital Central.

La cantidad de disparos que alguien ejecuta cuando se está defendiendo suele ser motivo de discusiones. En una mirada superficial, parece que no es lo mismo disparar una, dos, o tres, o diez veces. Aunque como todo en los casos policiales, "depende” de las circunstancias particulares y que se cumplan algunas condiciones: tiene que haber una agresión ilegítima, una necesidad de defenderse para protección de la vida y la seguridad propia o de otros, la defensa debe ser "racional” (algo muy difícil de entender y que ningún civil podría discernir mientras se está defendiendo), y debe haber “actualidad”.

Es decir, no es lo mismo darle tres tiros a un delincuente que ingresa a la casa de alguien para robar y está en el medio de la tarea y con capacidad de agredir, que dispararle cuando ya robó y está huyendo, aunque aún esté colgado de la ventana. Ese caso sería un homicidio y le corresponderían de 8 a 25 años de condena a quien en realidad fue la víctima del robo. Este punto lo aclaró el ministro de la Suprema Corte de Mendoza, Omar Palermo, en una entrevista con nuestro programa "No Tenés Cara” por Radio Nihuil.

El juez penal colegiado Rafael Escot es presidente del Tiro Federal de Mendoza y de una asociación que nuclea a usuarios legítimos de armas de fuego. Es un experto tirador y arroja un poco de luz al asunto de la cantidad de disparos en legítima defensa: "Los que dicen que hay un exceso o es un homicidio en casos de legítima defensa, porque alguien disparó dos, tres o cinco veces, no saben de armas. No hay ningún arma de puño que pueda inhabilitar totalmente a una persona con un solo disparo. Hay estudios sobre esto. La que más se aproxima es una Magnum .357 y su efectividad es del 85% salvo que el disparo sea al cerebro o a la columna vertebral del atacante. Por eso las fuerzas de seguridad y policiales en Estados Unidos usan la técnica del double tap, dos disparos bien apuntados al mismo blanco en muy poco tiempo. O la Secuencia Mozambique, que consiste en dos disparos al plexo y uno a la cabeza… El único arma que puede garantizar efectividad del 100% con un solo disparo, es una escopeta de perdigones…”, dice el juez, aludiendo a las armas largas. Es el caso del jubilado de Perdriel, que con un solo disparo mató a uno de los dos delincuentes que entraron a su hogar.

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Juez Rafael Escot, en una diligencia judicial.

Juez Rafael Escot, en una diligencia judicial.

Escot también habla de la "racionalidad” (que no es lo mismo que proporcionalidad) del medio para defenderse, que sostiene la ley. Caso hipotético: “¿Qué pasa si una persona que se está defendiendo muere por intentar tomar un arma de menor poder o menos agresiva que otra en el momento de defenderse…?”, plantea el juez.

Otros casos

Los casos de legítima defensa no siempre ocurren entre delincuentes y victimarios. A veces, la "agresión ilegítima” de la que habla el Código Penal ocurre en asuntos de violencia intrafamiliar. En marzo de este año, una joven embarazada de 28 años apuñaló a su pareja, que intentaba asfixiarla. Todo ocurrió delante de tres hijos del matrimonio de 6, 8 y 13 años, en la casa familiar del barrio Sarmiento, en Godoy Cruz. La chica había denunciado a su esposo dos veces por violencia de género, en 2019 y 2022. Dio a luz al día siguiente de matarlo y semanas más tarde se decidió la aplicación de la figura de legítima defensa.

Un caso más complejo ocurrió años atrás en el seno de una familia muy conflictiva de Guaymallén, de apellido Molina. Un joven de 18 años le arrebató el arma a un tío que le estaba apuntando a la cabeza, y desde el piso le disparó y lo mató. El juicio fue tan complejo, que los jueces no pudieron llegar a una conclusión y reabrieron el debate ampliando el testimonio de una mujer, hermana del muerto y tía del joven acusado. Al final, se juzgó el caso como un exceso en legítima defensa.

Sin armas

En ocasiones no se usan armas en los casos de legítima defensa. En 2018, un delincuente llamado Marcelo "Chito” Cornejo de 25 años, murió por asfixia cuando un carnicero de Corralitos que acababa de ser asaltado se le arrojó encima y le rodeó y apretó el cuello. Fueron dos los carniceros que salieron tras el ladrón. No recibieron acusación penal. Los salvó que el delincuente no tenía heridas externas y que arrastraba una falla cardíaca. Un transeúnte tomó fotos verdaderamente impresionantes.

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La imagen tomada por un transeúnte, en las puertas de la carnicería donde murió un delincuente.

La imagen tomada por un transeúnte, en las puertas de la carnicería donde murió un delincuente.

La protección legal y la academia

La ley protege a la persona que mata en legítima defensa. Son menos frecuentes los casos controversiales, aunque en general los que la pasan mal en los tribunales cuando matan a alguien ya sea "cumpliendo su deber” (así dice el Código Penal) o en legítima defensa, son los miembros de las fuerzas de seguridad. En estos casos, lo que hacen los fiscales mendocinos es imputarles el homicidio en lugar de archivar el caso para que les quede margen de sobreseer, si corresponde “... y evitar que los organismos de Derechos Humanos compliquen los expedientes…”, dice una fuente. Garantismo versus mano firme.

La consulta académica es imprescindible. Carlos Parma es mendocino, camarista penal de menores y además exhibe una extensa trayectoria en el Poder Judicial y como autor de numerosas obras de derecho. Es formador de abogados, jueces y fiscales en varios países. Aquí va un podcast en el que participó, sobre Legítima Defensa.

De las varias citas que aporta el juez Parma, elegimos una sobre la "racionalidad” de los medios empleados: "…si contra un leve ataque sólo hay a disposición medios defensivos enérgicos, cabe utilizarlos a pesar de la diferencia de intensidad…” (Günther Jakobs, Derecho Penal. Parte General, Marcial Pons, Madrid, 1997). Es lógico. Cualquier hecho violento que implique peligro es un momento muy traumático, de un estrés casi imposible de manejar. Una persona que está siendo atacada, agredida de forma "ilegítima” para usar un término del Código Penal, usará lo que tenga a mano así fuera un tanque de guerra, para repeler a delincuentes que se meten a su casa. La discusión posterior sobre la legalidad de ese arma, no existe en el contexto de una acción de legítima defensa.

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Opinión. Camarista Carlos Parma. Autor de numerosos trabajos sobre Legítima Defensa.

Opinión. Camarista Carlos Parma. Autor de numerosos trabajos sobre Legítima Defensa.

El juez Parma aporta una visión personal: "Es imposible que una ley mande a un ciudadano que está habitando su casa a dejarse matar por un intruso…”. Está en línea con un aporte que rescatan en documentación del Instituto de Seguridad Pública de Mendoza, donde citan una encíclica del papa Juan Pablo II, de 1995, Evangelium Vitae. “... el valor intrínseco de la vida y el deber de amarse a sí mismo no menos que a los demás son la base de un verdadero derecho a la propia defensa (...) nadie podría renunciar al derecho a defenderse por amar poco la vida o a sí mismo” dice.

Claro, hay casos en los que la legítima defensa no califica. Uno muy conocido ocurrió a principios de la década del '70, en inmediaciones del edificio histórico que perteneció hasta hace poco al diario Los Andes. Un hombre de apellido Sotomayor -alertado por su esposa, que era profesional de salud mental- mató a un joven al que presumió delincuente, cuando salía por la medianera de su casa. Tiró con un arma 9 mm, pero resulta que el chico estaba jugando al carnaval con otros jóvenes que se habían parapetado en un patio del matutino centenario. A Sotomayor le dieron una condena de 19 años de prisión por homicidio.

Es posible matar por error en legítima defensa, y puede que el caso sea juzgado de ese modo, como una negligencia. Es como un accidente de tránsito en el que alguien muere, la pena nunca supera los seis años de cárcel. Pero no siempre aplica.

Cuándo es legítima defensa

Deben cumplirse varios principios, que citamos de modo resumido:

- Debe haber una agresión ilegítima. Cualquier agresión típica de un delito habilita a defenderse. Los casos más difundidos en Mendoza son aquellos en que delincuentes entran a una casa o un comercio y terminan muertos. El derecho de defenderse, apuntan en el IUSP de Mendoza, empieza en el mismo momento de la agresión y no después. Una víctima muerta, no puede repeler ni hacer cesar ningún ataque.

- Necesidad “racional” del medio para impedir la agresión. El CP lo dice textualmente, pero aún así suele confundirse racionalidad con proporcionalidad, o igualdad matemática de medios para repeler un ataque. Nadie le va a preguntar a un delincuente qué arma tiene, para hacerse de una equivalente. Cualquier ciudadano elegirá lo que tenga a disposición y será legítimo, siempre que se cumplan todas las condiciones de legítima defensa.

- Falta de provocación suficiente por parte del que se defiende. Esto es complejo de entender pero cabe un ejemplo forzado: ¿Quién va a “provocar” a un delincuente para que robe en su casa, o le ataque? Esta condición es para diferenciar una legítima defensa de un homicidio en riña, o de un crimen común.

- Actualidad. El CP no la indica en su texto de los artículos 34 (legítima defensa) y 35 (exceso al defenderse), pero es un concepto importante y todos los abogados, jueces y fiscales consultados para esta nota lo destacaron. Para que la defensa sea legítima, debe estar ocurriendo la agresión. Si ya terminó (el caso del ladrón que ya está escapando, o que no ofreció ninguna resistencia) la víctima del robo tendrá suerte si sale de un juicio con tres años de prisión en suspenso por exceso en la legítima defensa. Pero también arriesga de 8 a 25 años de condena por homicidio si le toca un tribunal garantista.

Conclusión

Preservar la vida es una obligación, pero ese ejercicio tiene límites definidos por la ley, que siempre admite interpretaciones. Hecha la ley, hecha la trampa dice el refrán.

Hay que prestar oído a la naturaleza humana. Ante una agresión, sólo podremos huir o defendernos dice el juez Carlos Parma. Si estamos en casa, no habrá dónde escapar. Apenas cabe defenderse para proteger la vida propia y de nuestros seres queridos. Aunque haya que volarle los sesos a alguien, lo que de vez en cuando ocurre. Eso sí, lo que le sucede después a quien mata a un asaltante es el infierno. Una persona que atraviesa este trauma no lo olvidará jamás. Su vida estará marcada por ello y por el miedo. Aunque haya un delincuente menos.