Análisis y opinión

La semana en que Javier Milei desató su lengua como nunca y nos puso a parir

Una de las grandes lecciones que nos deja esta semana de locos es que Javier Milei no quiere dinamitar al Banco Central sino a todos los argentinos

En el segundo debate presidencial, Javier Milei calificó el accionar de la "casta política argentina como una gran pantomina" (sic). Lo dijo así, con "n" y no con "m" en la última sílaba como se escribe la verdadera pantomima, que es el arte de contar una historia sin la voz. Es decir, lo contrario de lo que hacen muchos políticos que hablan de más o al cuete.

Este candidato, quien encabeza las encuestas para dirigir el país desde el 10 de diciembre y que suele tratar de burros a los periodistas y de soretes y pedazos de mierda a quienes no piensan como él, es generoso portador de errores de todo tipo.

Se vende como hijo dilecto de la Escuela Austríaca de Economía, pero dice, por ejemplo ¿entendistes? (sic) en lugar de ¿entendiste?. Se promociona como un libertario full time pero está en contra del aborto. Es decididamente un populista de derecha o lo que algunos llaman un paleo libertario, es decir, un libertario ultra conservador.

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La corrida que desató esta semana Javier Milei al alentar a los argentinos a que no renueven sus plazos fijos en pesos lleva su copyrigth y ha convulsionado al país.

La corrida que desató esta semana Javier Milei al alentar a los argentinos a que no renueven sus plazos fijos en pesos lleva su copyrigth y ha convulsionado al país.

Corrida, y no de toros

La corrida que ha desatado esta semana al alentar a los argentinos a que no renueven sus plazos fijos en pesos lleva su copyrigth y ha convulsionado al país, a sus mercados y al sistema bancario y cambiario. La inflación y el valor del dólar han estado al nivel del provocador, esto es, exultantes. Principales víctimas: los salarios

Primera lección: no era al Banco Central lo que Milei iba a dinamitar; éramos todos nosotros. Este presidenciable ha decidido hacer la gran Putin, nos está invadiendo y los argentinos seremos sus ucranianos. En sus diatribas hiperlibertarias no parece haber lugar para analizar el "ítem sufrimiento de la gente".

Por más que por estos días Milei diga más veces estiércol o excremento en lugar de mierda, su llamado a poner todo patas para arriba ha convulsionado al país de una manera brutal y ha colocado el último tramo de la elección presidencial en modo desastre.

El supuesto loquito que calificaba a Horacio Rodríguez Larreta como "un zurdo de mierda" o como "soretes que no sirven ni para basura" a los economistas que advirtieron que no hay plafond ni stock de "verdes" para dolarizar la economía, nos ha ratificado con su accionar que debemos prepararnos, como ya ocurrió con Trump y con Bolsonaro, para que nos meta de prepo en un tren fantasma que seguramente va a descarrilar.

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El clima de pánico es vital para los extremistas, sean de ultraderecha o de ultraizquierda.

El clima de pánico es vital para los extremistas, sean de ultraderecha o de ultraizquierda.

Trotskismo de derecha

En este comienzo de semana en el que Milei desató sin contención su lengua flamígera, ha dejado en claro que su populismo de derecha confluye con el de los autoritarios de ultra izquierda que defienden la tesis trotskista de "cuanto peor, mejor".

Cada afirmación suya significa un aumento del valor del dólar, que llegó a superar los $1.000, una barrera absolutamente simbólica que ha desatado remarcaciones masivas de precios y una desazón generalizada a 10 días de las elecciones presidenciales. El salario de millones de argentinos vuelve a ser el que paga el pato.

El clima de pánico es vital para los extremistas, sean de ultraderecha o de ultraizquierda, máxime en una situación como la actual donde el gobierno kirchnerista que está culminando su mandato sigue encorsetado en una política errática que siempre gastó muchísimo más de lo recaudado, sobre todo con sus planes Platita, y que nunca se planteó sanear la macroeconomía, aferrado a dogmas ridículos que no sigue ni una dictadura comunista como la China.

La gran incógnita sobre este descalabro, o mejor dicho la única esperanza, es que, como en 2001, el sistema republicano y democrático sea el que ponga un poco de orden y cordura para que podamos llegar a las elecciones y luego a la entrega del poder al que resulte ganador.

El excesivo

Es casi imposible "leer" a Milei sin enfrentarse a contradicciones rampantes. Y asusta el enterarnos de que varios de los referentes económicos que se habían acercado a él para darle una contención conceptual más moderada y menos chiflada, se están yendo de sus lado debido a sus excesos y dislates.

Milei no ha mostrado consistencia ni volumen político para ser presidente de la Nación. Con las elecciones encima, él sigue privilegiando al consultor alocado y puteador de los programas de televisión, personaje con el que ganó fama y plata en la última década, Nadie espere verlo bien plantado explicándole al electorado cuáles van a ser las propuestas concretas, tangibles, con las que piensa volver a encarrilar este país enfermo de populismo.

Esta semana tenebrosa en que Milei nos ha puesto a todos a parir, ha servido para demostrar cuán viva está su negada calidad de "casta política". Ha resultado ser el mejor de todos esos a los que él bardea con tanta alharaca.

Su desprecio por clarificar y llevar algo de serenidad a un cuerpo social amoratado por los golpes de la gestión del kirchnerismo, va a quedar como una "obra maestra" de la maldad política.

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