Pasarán los años, vendrán otros gobiernos y algunos tendrán aciertos, lo que nos dará alguna tranquilidad. Sin embargo, en ese futuro seguiremos hablando y estudiando aquella gestión nacida el 10 de diciembre de 2019. Y la definiremos como ese tiempo raro donde hubo un doble comando presidencial protagonizado por Alberto Fernández y Cristina Kirchner.
Entrampados, Alberto y Cristina están obligados a barnizar de urbanidad su sociedad política

Alberto Fernández y Cristina Kirchner.
Confirmaremos también -en ese futuro- que el tándem Alberto-Cristina nos legó una de las etapas más estrambóticas de la historia política argentina, en la que un presidente cumplía la formalidad institucional, pero acataba las órdenes de una vicepresidenta que era quien definía los temas esenciales. En el reino del revés, nos enseñó María Elena Walsh, "nada el pájaro y vuela el pez".
Pero además, será recordada como aquella presidencia bifronte y delirante en la que la jefa del Senado repartía sus mandamientos mediante cartas públicas dirigidas al país con tono de encíclica política, o bien a través de sus discursos pensados para cadena nacional donde ella fijaba agenda y no se privaba de las chicanas y de las ironías contra su superior y de hacer las críticas más descarnadas a los funcionarios de Alberto.
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Pasaban semanas o meses en los que el dúo no se hablaba ni se atendía el teléfono. Y todo era hecho a la vista del público, lo cual generaba una desconfianza poderosa, que es uno de los componentes que siempre ha alimentado la inflación. Algunas funcionarias de Cristina calificaban al Presidente de "mequetrefe" y de "ocupa de la Casa Rosada" para quedar bien con la jefa.
También eran los tiempos en que los de La Cámpora votaban en contra de leyes esenciales para el Gobierno, como el aval legislativo para acordar con el FMI y reencaminar el tema de la deuda. Tampoco faltaban las pantomimas kirchneristas, como aquella amenaza de renunciar en masa y vaciar el Gobierno de Alberto Fernández si éste no aceptaba las condiciones que Cristina le exigía luego de perder las PASO en septiembre pasado.
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Entrampados
Desde ese futuro ilusorio que planteamos volvemos a ver al Presidente cuando hacía como que resistía las decisiones de la N°2 y se juramentaba que de ahí no iban a pasar, pero a los pocos días lo que se cumplía era lo que la Vice había fijado. Cada ministro o funcionario que Cristina volteaba, significaba la conquista de un nuevo territorio. El reino del revés se da también "cuando los perros se caen para arriba y no pueden bajar después" (Maravillosa María Elena dixit).
Volvamos a hablar en presente. Ambos en la pareja presidencial están entrampados. Alberto ya perdió las oportunidades que tuvo para tomar las riendas del poder. Las desechó. Beatriz Sarlo dice con acidez que el Presidente "nunca dejó de ser un jefe de gabinete". El albertismo no pasó más allá del "modo ilusión".
Y Cristina sabe que si apela sólo al kirchnerismo y al camporismo no va a ningún lado, por más "operativo clamor" que se haya desatado ahora en busca de las presidenciales de 2023. La reelección de Alberto, un proyecto que el mandatario soñó en el momento inicial de la pandemia, es desde hace tiempo un imposible. Los índices de aprobación tanto del mandatario como de la vicepresidenta están en los mínimos históricos.
Hay un cansancio en la sociedad por la forma en que ambos han venido actuando, como dos adolescentes enojados, en medio de una fenomenal crisis económica a la que no han dedicado la pericia política que se necesitaba. Por eso es que ahora, acorralados, se sienten en la necesidad de barnizarse con un poco de urbanidad política
Merengue irrespetuoso
La "clase mierda", como le llaman algunos kirchneristas a la castigada clase media argentina, nunca va a acompañar a ese populismo del que se ufanan los "esclarecidos" para la liberación. Si Alberto Fernández renunciara, Cristina se las vería en figurillas porque una cosa es criticar desde el Instituto Patria o El Calafate, y otra muy distinta es gestionar con los manuales socialistas del chavismo.
Además no es la gestión lo que ella intenta salvar.. Ella busca poder en las sombras para seguir minando cualquier avance de los procesos judiciales en los que está involucrada, uno de los cuales, el de la obra pública "direccionada" para las empresas de Lázaro Báez, llegaría a juicio oral y público antes que termine este año.
Hay una sensación muy republicana e interesante que se observa en buena parte de la ciudadanía: es la de creer, a pesar de todo este merengue irrespetuoso que viene exhibiendo el Gobierno, que Alberto Fernández y Cristina Kirchner tienen que terminar su mandato en los tiempos que marca la Constitución, Sienten que es necesario obligarlos a que cumplan su contrato sagrado con el pueblo que termina el 10 de diciembre de 2023 y no antes.