Análisis y opinión

El insulto tiene el "mérito" de desenmascarar al que lo dice

En nombre de un berretín ideológico de trazo grueso, Javier Milei está afectando el rico tejido social, económico y cultural que históricamente nos ha unido a España, Brasil y México

Editado por Manuel De Paz
mdepaz.2015@gmail.com

¿Qué significa que un presidente insulte a otro? El reciente ataque verbal de Javier Milei al mandatario brasileño Luiz Inácio Lula da Silva no fue otra cosa que la insistencia en generar disputas grotescas, innecesarias y peligrosamente imprudentes en busca de hacer trizas normas elementales de la formalidad republicana entre naciones. ¿Cómo? Buscando humillar al político que no es del palo ideológico.

Cuando en 2023 Milei llegó a la presidencia, todos los sectores respetaron a rajatabla -como corresponde- la decisión popular que lo ungió. Con ese mismo criterio nuestro primer magistrado debería respetar a los pueblos soberanos de aquellas repúblicas que decidieron en su momento votar a mandatarios que no pertenecen a la ultraderecha. Y no ir a insultarlos a su propia casa.

De lo que hablamos es de un presidente desbocado, que no parece medir las consecuencias. Nos vendría muy bien un poco de previsibilidad y criterio. Javier Milei viene apelando a los insultos más burdos para desacreditar a mandatarios de otras repúblicas que no tienen gobiernos "libertarios".

La mirada de Javier Milei a Lula da Silva en una cumbre del Mercosur anticipaba las declaraciones que iban a venir más tarde.

Brasil, España, México, son estados con los que tenemos un historial común no sólo de intercambio económico y cultural, sino una ligazón más amplia cuyo rico tejido social no podemos rasgar en nombre de un berretín ideológico de brocha gorda.

Descarrilado

La visita de Milei a San Pablo para participar del lanzamiento de la candidatura del derechista Flávio Bolsonaro en las elecciones presidenciales de octubre próximo fue el marco elegido para descarrilar. Allí metió a Lula da Silva en la bolsa de los "zurdos de mierda" y lo calificó de "basura socialista". ¿A cuenta de qué?

Según analistas políticos de San Pablo la rumbosa visita de Milei y sus insultos no parecen haberle servido a la campaña de Bolsonaro. En San Pablo, centro político de esa nación, buena parte de esos investigadores de opinión entiende, por el contrario, que la movida del argentino le ha dado a Lula y al oficialismo nuevos argumentos de campaña.

Cuando un presidente viaja a otro país, porta consigo lo que podríamos llamar "la institucionalidad de origen". En este caso lo cuestionable fue que, por elevación, puede haber quedado enlodada la opinión "testigo" de todos nosotros. El argentino promedio no quiere estas escaramuzas absurdas propias de las que podría montar un mandatario sin experiencia.

La institucionalidad argentina es muchísimo más rica que los poderes formales y que los nombres puntuales de sus máximos dirigentes. Incluye también a sus ciudadanos, a las costumbres de éstos y a las normas de conducta de su sociedad. ¿Vive acaso usted, lector, puteándose con sus vecinos? ¿Disfruta con eso?

Javier Milei viajó a Brasil para apoyar la candidatura de Flávio Bolsonaro en las elecciones de octubre próximo. Allí arremetió contra Lula.

Con altura

De ninguna manera esto quiere decir que Milei deba estar impedido de opinar, pero mientras Lula en Brasil (o Pedro Sánchez en España o Claudia Sheimbaum en México) estén al frente de sus repúblicas y ejerzan sus magistraturas, nuestro presidente debería demostrar sus discrepancias con altura y profesionalismo político.

El debate civilizado es una de las grandes conquistas del mundo democrático y republicano. Y ha costado siglos lograr ese paso adelante. Si la política es una ciencia social, el insulto es una falta de respeto, un recurso emocional berreta. Podrá ser pan para hoy al viralizarse en las redes sociales, pero ha quedado demostrado que jamás mejora el debate público.

¿Qué necesidad política hay al envenenar con formas violentas y otras torpezas la relación de nuestro país con Brasil? Hablamos de las dos principales economías sudamericanas, es decir un ámbito donde los ciudadanos de ambos países tratan de sostener (porque ellos sí saben lo difícil que es negociar) un intercambio económico histórico y creciente

Mendoza, sin ir más lejos, tiene en aquel país el principal destino de sus exportaciones. ¿Es políticamente sano generarle a todos esos ciudadanos una crisis de expectativas?

Los diarios impresos y digitales reflejaron el último conflicto diplomático entre Milei y Lula.

Injerencia extranjera

Los diarios brasileños se han preguntado en estos días quién asesora a Milei para cometer una injerencia extranjera tan flagrante. Viajó a otra nación para insultar no sólo al mandatario brasileño sino a miembros de la Corte Suprema, ignorando los canales diplomáticos que tienen todos los países para solucionar ese tipo de confrontaciones y que no sea el presidente quien salga afectado.

Desplegar argumentos es trabajoso, pero no hay otro camino. Puede que Milei haya ganado con sus exabruptos un impacto transitorio en los medios y en las redes, pero es una acción de mecha corta. El insulto desenmascara al que lo profiere.

Argentina y Brasil son miembros fundantes del Mercosur. Los dictadores militares que azotaron a ambas naciones en el siglo pasado se manejaban con "argumentos de guerra" para amedrentar entre ellos. Sobrevivimos a esas tragedias.

Los técnicos llaman "tajo retórico" a aquella acción que opta por una agresión bullanguera en lugar del despliegue de un argumento meditado. Humillar de maneras violentas al contrincante para obtener un objetivo (en este caso era el de apuntalar al candidato de la ultraderecha brasileña) es un búmeran. Termina estrellándose en la boca del insultador.

En pocas palabras

  • Javier Milei: el presidente argentino ha utilizado insultos y descalificaciones hacia otros mandatarios, afectando las relaciones diplomáticas.
  • Relaciones internacionales: el ataque verbal de Milei a Lula da Silva generó disputas innecesarias y puso en riesgo el tejido social, económico y cultural con Brasil, España y México.
  • Consecuencias: los insultos del presidente, según analistas, podrían fortalecer a sus oponentes políticos y dañar la imagen internacional de Argentina, desenmascarando a quien los profiere.
Resumen generado por Thinkindot AI

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