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Análisis y opinión

El caso Agustina desnudó los acosos, violencia  y la informalidad laboral que sufren a diario los jóvenes mozos

Dos realidades paralelas: para algunos la calle Arístides Villanueva es sinónimo de diversión y para otros es trabajo en negro, violencia física y verbal

A los tragos que traían encima le sumaron más alcohol y acoso sexual a la chica que fue quien les tomó su pedido. Como el encargado del lugar les pidió que se retiraran, se enfurecieron. Empezaron a pelear con los clientes, le pegaron al encargado y a Agustina le estallaron un vaso en la cara.

Por la agresión recibió más de 20 puntos en el rostro. Deberá someterse a una cirugía estética. Además perdió la audición del oído izquierdo, No se sabe si de forma temporal o de por vida.

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Jose Luis Pericoli (35) y Carlos Ramón Angulo (40), los agresores.

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Agustina dio una entrevista al programa Mediodía de radio Nihuil donde relató que aún no se ha puesto pensar si volverá a trabajar a ese lugar y en la gastronomía.

“Esto pasa constantemente en la gastronomía. Estoy cansada de esto, de la inseguridad, de que ya no pueda sentirme segura ni en el trabajo, porque siempre nos preocupamos por la ida o la vuelta y se suponía que en el trabajo era el lugar seguro y ahora ni eso. ¿Ahora se supone que tengo que sentirme insegura en cualquier lado?", se descargó Agustina en sus redes.

Acoso y malos tratos como moneda corriente

“No sé si voy a volver al mismo lugar, no sé si voy a seguir de moza. Esto pasa constantemente en la gastronomía. Pasó en bares cercanos y seguirá pasando” dijo amargamente

Relató que los mozos deben soportar a diario“malas caras, malos gestos, hay gente que se expresa mal o no sabe pedir bien las cosas. Recibimos insultos. También nos dicen obscenidades, nos acosan. Es más común el maltrato de parte de los hombres, pero a veces también de parte de las mujeres” contó Agustina.

Pero como Agustina hay cientos de mozos que sufren las mismas situaciones.

El viernes hubo una manifestación de trabajadores gastronómicos, la mayoría nucleados en UTHGRA (Unión de Trabajadores del Turismo, Hoteleros y Gastronómicos de la República Argentina) en donde se repitieron las voces que señalaban lo mal educados que son los clientes. Los malos gestos, las malas caras y peor aún, el acoso sexual que reciben estos jóvenes trabajadores.

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La manifestación de trabajadores gastronómicos.

Agustina contó que el dueño del local había enviado hace un tiempo una nota al Municipalidad de Mendoza donde solicitaba mayor presencia de preventores por la inseguridad.

Cualquiera que circula por la Arístides Villanueva, principal polo gastronómico de la Capital, ve que los preventores se paran en la primera cuadra y listo. No circulan y no están atentos a los malos borrachos (a esos que un trago les pega mal y terminan a las piñas con el que se les cruce) y a cualquier situación que salga de control. No se enteran porque directamente no hacen una ronda por los bares.

Sería una locura pensar en un preventor para cada local porque no darían abasto con el personal, pero sí en una presencia más constante.

Lo que sí es seguro es que el sindicato de los gastronómicos debería trabajar como ente de controlador y cada lugar tendría que contar con personal de seguridad especializado.

Los propios jóvenes trabajadores se dan cuenta cuando un cliente llega borracho o se le sube una cerveza a la cabeza. Saben que se encendió una luz roja y que la situación puede terminar con una silla rota, con vasos estrellados en el piso o en el cuerpo de alguien que circunstancialmente esté en el lugar.

Pero el caso de Agustina es el de muchas jóvenes meseras que contaron que han recibido propuestas de clientes mientras atendían su mesa. Porque el límite entre frenar el acoso y no mandarlos a… digamos a pasear, es una de las situaciones más complejas de resolver.

Cuentan que si le sonríen a un cliente a veces lo toman como una provocación y si son serias las tildan “de mala onda”.

Incluso las situaciones de acoso se dan entre clientes. Los propios empleados de los bares suelen ver a grupos que acosan a chicas de otras mesas. Y si los mozos o encargados intervienen la situación se pone aún más tensa.

¿Y a cuántas de nosotras o a nuestras propias hijas o sobrinas, las han acosado tipos que las duplican en edad o que se ponen pesados y no entienden un no por respuesta?

Conozco muchos testimonios de mujeres que ya no quieren ir a tomar algo entre amigas porque no se pueden divertir tranquilas. A veces se vuelve difícil ir a beber una cerveza sin tener miedo a que un desconocido se acerque y te lance un vaso solo por decirle que NO.

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Imágenes que dejaron los incidentes del martes cuando fue agredida una moza en la Arístides.

Una buena idea sería que los bares y restaurantes trabajen con protocolos para combatir la violencia machista y tener personal capacitado y preparado para prevenirla. En esto deberían ayudar los gobiernos municipales y provinciales y no solo ocuparse de las sanciones sino ayudar a deconstruir patrones.

El 8 de marzo, una fecha más que significativa por la lucha por los derechos de la mujeres, el jefe comunal de Capital, Ulpiano Suárez, dio a conocer el proyecto de ordenanza para erradicar el acoso callejero de la Ciudad. Mediante un programa que contemple concientización, prevención y fuertes sanciones a los infractores.

Quizás este mismo proyecto se podría aplicar en comercios como bares y restaurantes donde el acoso es moneda corriente.

Trabajo informal= Trabajo sin derechos

Desde el gremio nos pusimos en contacto con Agustina para brindarle toda la asistencia legal gratuita y la asistencia de obra social que pueda llegar a necesitar. Nuestro reclamo es muy simple. Desde hace tiempo nosotros estamos solicitando una sanción de clausura establecida por la ley 25.212 la cual especifica que en caso de reincidencia de tener empleados informales se puede clausurar el local 10 días hábiles”. Estos dichos pertenecen a Emiliano Tejada, coordinador gremial y presidente de la Juventud Sindical de los Gastronómicos en Mendoza

Explicó que solo 5 o 6 comercios en la Arístides trabajan en regla, con su personal en blanco. El resto tiene al personal en negro. Misma situación ocurre con los bares y restaurantes de la Peatonal Sarmiento

“Con esto no quiero decir que vamos a salir a clausurar a todos los locales, más en la situación económica que está la Argentina, sobre todo, teniendo en cuenta que el 43 por ciento de los mendocinos está en situación informal pero realmente necesitamos una sanción ejemplificadora” solicito Tejada.

Es que tal como explicó el joven gremialista, el control gubernamental hacia los trabajadores no existe. La situación económica es tan mala que se ha naturalizado el trabajo informal.

Tanto Agustina Tramontana como sus compañeros están en la informalidad y como ellos la mayoría de los jóvenes que trabajan en la gastronomía. Esto implican que no acceden a aportes previsionales, a obra social ni cobertura de ART

“El 60% de nuestro padrón tiene entre 18 y 30 años. Nosotros queremos profesionalizar el rubro. Por eso necesitamos que la informalidad cese de una vez por todas” expresó Tejada.

Incluso Humberto Montivero, titular de UTHGRA, señaló por Radio Nihuil que la mayoría de las denuncias que recibe el sindicato son por informalidad y otro porcentaje por los malos tratos en el rubro.

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En los locales gastronómicos de la Arístides Villanueva hacen falta más controles.

“Hace años que estamos detrás de esto, de que se termine la violencia. No sacan una ley. Tanto la Subsecretaria de Trabajo como nosotros hemos hecho todo tipo de inspecciones. Hacen una multa, no la pagan y tiran los papeles a la basura cuando vamos con la parte de seguridad e higiene o la parte laboral. Yo creo que esto es la patada inicial para que estas cosas ya no ocurran más. Le hemos ofrecido a la chica todo lo que necesite, porque es un accidente de trabajo y tendría que estar blanqueada”.

Claramente hay ineficacia en las inspecciones y en la tarea de la Subsecretaria de Trabajo que mira para el costado una problemática con la que conviven cientos de personas en uno de los rubros de la economía que ha crecido como es el turismo y la gastronomía.

Al ritmo que crecen estos rubros, la informalidad se sostiene por más voces de condena que se alcen.

Cientos de empresarios de la gastronomía se han enriquecido gracias a la rotación del personal joven al que nunca formalizan. Se abusan de la necesidad de miles de chicos que necesitan un empleo rápido y si se quejan saben que al otro día habrá otra fila de jóvenes dispuestos a trabajar muchas horas por poca paga y malas condiciones laborales.

Como escribió Agustina este caso no fue el primero ni el último. Pero quizás las graves heridas físicas y psicologícas que sufrió sirvan para que empresarios, Gobierno de Mendoza y el Sindicato de Gastronómicos, tomen conciencia de este flagelo. Y trabajen en terminar con la gran precariedad del sector y todas estas malas situaciones no queden en el olvido cuando se vaya apagando el tema en los medios de comunicación.

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