Las encuestas están mostrando diferencias y paridades, tanto al interior de los frentes, como en la competencia entre ellos. A las complejidades normales para anticipar el comportamiento de los votantes, se agrega que hay una porción significativa de personas consultadas que no expresa con claridad cómo piensa votar.
Continuidad o cambio: ¿Habrá sorpresas en estas elecciones?
Entre hipótesis y especulaciones, en la previa se sabe que estas elecciones funcionan como una prueba de clasificación para ordenar las líneas de largada hacia las generales de septiembre.
Las PASO, además de mostrar cómo está posicionada la oferta electoral frente a la sociedad, define quiénes siguen en carrera. Pero no sólo eso, porque la foto de este domingo incidirá en lo que sigue.
De estos resultados dependerá mucho el éxito y el logro, o fracaso, de objetivos a futuro de cada sector. Por un lado, están las agrupaciones cuyo principal rival es el tres por ciento que deben superar para seguir en competencia, y por otro, se encuentran los frentes que pugnan por el orden que ocuparán en el podio.
A la hora de los conteos, habrá que observar la diferencia que exista entre los frentes para hacer las evaluaciones pertinentes, respecto de las posibilidades con vista a las generales. Como dice el principal estratega del frente emergente que a priori se piensa que saldrá segundo: habrá que observar si la diferencia respecto del primero es mayor o menor de 15 puntos. Pero también si el segundo logra superar el piso del 20 por ciento.
En ese caso, y si logra acercarse a menos de 15 puntos, el segundo sentirá que tiene amplias posibilidades por las adhesiones que pueda lograr de todos los demás votantes que podrían reordenarse como si se tratase de un balotaje, un mano a mano.
En cambio, si la diferencia fuera mayor de 15 puntos a favor de quien resultare ganador, en ese caso podría arrastrar para la próxima votación a un “voto exitista”, lo que haría aumentar la brecha respecto del segundo.
El tercero en discordia, si quedara muy rezagado, hará esfuerzos para sumar hacia las generales a los derrotados en su contienda interna (si la hubiera), pero no mucho más, porque quedará afectado por la resignación y la fuga de votos. Si la diferencia con el segundo fuera exigua, ahí si daría batalla para consagrarse como la principal referencia opositora.
Por último, si resultara alterado el orden en los tres primeros puestos previsto por la mayoría de las encuestas, el impacto sería grande, y el que pierda su escalón en el podio terminará desbarrancándose.
Nuevamente, con la relatividad del caso, son todas hipótesis y especulaciones, pero ninguna certeza antes de que se abran las urnas. Y, atento a lo imprevisible de todo lo que pueda acontecer entre el 11 de junio y el 24 de septiembre, los números pueden resultar antojadizos.
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PASO a PASO
Cuando el Congreso Nacional sancionó las elecciones primarias, simultáneas y obligatorias, se pensó en mejorar la calidad institucional a partir de una selección más transparente de las candidaturas. Se evaluaba entonces que la participación ciudadana, a través del voto en las internas partidarias, supondría una limitación a las roscas para que la oferta electoral garantizara un lugar a los mejores postulantes de cada espacio.
A esta altura, con varias experiencias eleccionarias se observa que las expectativas fueron exageradas y que los principales dirigentes partidarios continúan tallando a la hora de los armados y las negociaciones por los cargos. Aun así, las PASO siguen siendo un resorte válido para generar oportunidades, tanto a dirigentes y sectores políticos que de otra forma ni siquiera lograrían candidatearse, como a la ciudadanía que puede elegir entre distintas opciones.
Los mecanismos siempre son perfectibles y, si bien la democracia no se agota en el acto comicial, cada vez que se ejerce el voto se afirma el estado de derecho, que en diciembre cumple cuarenta años de ejercicio ininterrumpido.
Son muchas las deudas que tiene la política para con la sociedad, aunque está asumido que los errores cometidos por la clase dirigente no pueden atribuirse a los aspectos institucionales o normativos que nos rigen. Precisamente, es el mismo sistema republicano el que ofrece los métodos más idóneos para mejorar o cambiar lo que se considere necesario.
Una de las cuestiones que quizás debería reevaluarse, es si es imprescindible la obligatoriedad del voto en las PASO. En alguna ocasión, valga como ejemplo, las primarias no fueron más que una gran encuesta ajustada (y onerosa), ya que cada alianza presentó una lista única, sin competencia interna, con lo cual para nada cumplieron su fin. Podría ser ése uno de los aspectos a reconsiderar, entre otras cuestiones susceptibles de debate.
Distinta implicancia tiene la votación obligatoria en las elecciones generales, teniendo en cuenta que es imprescindible una base importante de electores para otorgar mayor legitimidad de origen a las autoridades electas y, como consecuencia, más sustento a la gobernabilidad.
No podemos desconocer que, a pesar de las cuatro décadas de ejercicio democrático, todavía tenemos un sistema republicano débil, por diversos factores, donde el descrédito del Poder Judicial, que debería ser el último baluarte de control, sanción y garantía constitucional, pone en evidencia el cruce de intereses políticos y económicos. Es la expresión palpable de la histórica puja entre los poderes institucionales y los poderes factuales.
Bienvenido, entonces, el debate sobre el tema de la obligatoriedad de las PASO, pero lo que no debemos dejar de celebrar es que el voto siga vigente como expresión de la soberanía popular.
Al mismo tiempo, destacar que sí ha implicado un avance institucional en nuestra provincia la boleta única, que ya tuvo su prueba de fuego en las elecciones anticipadas de siete departamentos. Aquella fue una experiencia que posibilitó algunas correcciones de diseño para evitar confusiones a los votantes, en aras de la transparencia de la voluntad ciudadana.
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