La educación puede salvar generaciones. Pero por sí sola no lo hará si el niño no comió, pasa hambre y carencias. ¿Quién se puede concentrar en aprender una letra, un número, si lo único que tiene en la panza son ruidos y está calzado con agujeros?

Esta semana el periodista Matías Pascualetti relató por Radio Nihuil el caso de un niño de la escuela Tierra de Huarpes del Barrio Paraguay de Guaymallén. Las maestras le contaron que un chico se hacía caca a diario en la escuela. Lo hacía no porque tuviera un problema fisiológico, sino porque se aguantaba las ganas porque en la casa no tiene baño y esperaba cada día ir a la escuela para ocupar el sanitario. A veces aguantó tanto que terminó teniendo algunos “accidentes”.

Este niño vive con su familia literalmente en una choza con nailon y palos, acá nomás a 20 kilómetros del centro de Mendoza. Pero gracias a ese relato de Matías, una empresa de Junín donó el techo de tejas recicladas y otras personas aportaron palos para apuntalar la precaria vivienda de la familia de este nene.Hambre

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Esta historia es una como la de entre cientos de familias vulnerables que viven en Mendoza y de otras miles que habitan la Argentina.

Si este chico se aguanta las ganas de ir al baño, se puede inferir que pasará otras carencias, no solo las de infraestructura básica y difícilmente pueda concentrarse en el objetivo central de la escuela: aprender.

Fueron los hijos de esas familias a los que la pandemia más afectó. No fue sólo el Covid-19, sino el cierre de escuelas, la falta de conexión de internet y la posibilidad de tener un teléfono celular o una computadora, la mala nutrición y ausencia o poco apoyo escolar en la casa para compensar la falta de presencialidad.

Como se sabe la nutrición infantil tiene un impacto en la vida de los niños y en su desarrollo: la falta de acceso a la comida que suele ir acompañada de otras carencias, como la falta de atención sanitaria o la falta de agua potable. Es el combo para una situación de extrema pobreza y desigualdad. Y un niño con mala nutrición verá afectada su atención en la escuela, no tendrá la concentración adecuada a la hora de las tareas, además de las enfermedades que puede adquirir por falta de nutrientes.

Susana Velázquez, es maestra y directora del SEOS (Servicio de Orientación Educativo Social) Rinconcito de Luz, de Luján de Cuyo. Al lugar asisten 150 chicos a recibir apoyo escolar de primaria y secundaria. También atienden bebés, y niños de hasta 4 años a los que se los asiste con viandas que se llevan a la casa para asegurarles una cuota de nutrición diaria.

Rinconcito de Luz. El centro de apoyo educativo funciona en el Bajo Luján.
Rinconcito de Luz, en Luján.

Rinconcito de Luz, en Luján.

Susana relató que durante el 2020 “la conectividad fue escasa o nula. El remedio (en relación a las medidas oficiales) no se resolvió en todos los lugares de la misma manera. Nosotros hemos sido como muchas maestras el nexo más importante en cuanto poder alcanzar el contenido que la escuela proveía para el chico. Cuando estaba esa etapa que los chicos no podía asistir nosotros siempre estábamos en el Rinconcito brindando las raciones alimentarias que manda la DGE, el bolsón de mercadería que se entregaba por mes a las familias. Estábamos acá para proveer fotocopias, bajar los contenidos y ayudar, porque estamos hablando de niños en un contexto de familias muchas veces analfabetas. Entonces que tuviesen los chicos la información en una hoja no nos aseguraba que ese contenido iba a ser adquirido por el niño porque no había una explicación de por medio”.

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En 2018 las pruebas Aprender que evalúan comprensión lectora de textos literarios y no literarios y las capacidades cognitivas como interpretar, extraer y reflexionar en Lengua arrojaron a nivel nacional el 13,3 por ciento para el nivel por debajo de lo básico. En 2021 el resultado fue dramático: alcanzó el 44 por ciento, más del triple.

En Mendoza fue del 43 por ciento la cantidad de chicos de sexto grado con saberes por debajo de lo básico en Lengua. Mientras que en Matemáticas se supo que el 40,7 por ciento de los estudiantes se encuentra en el grupo de menor desempeño.

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Los resultados de las pruebas Aprender son alarmantes.

Los resultados de las pruebas Aprender son alarmantes.

El fenómeno es multicausal explicó Romina Durán, directora de Evaluación de la Calidad Educativa de la provincia. “ La medición de 2021 se realizó en diciembre, cuando los chicos llevaban un año y medio de no presencialidad y luego el retorno a las burbujas y eso obviamente tuvo influencia en el resultado de los chicos. Pero también otro factor asociado al desempeño es el nivel socioeconómico de las familias. Los chicos con condiciones más desfavorables están en el mayor porcentaje de los grupos de menor desempeño académico” reconoció la funcionaria.

Como dijimos siete de cada 10 alumnos del nivel socioeconómico bajo, esto el 68,1 por ciento no alcanza un nivel satisfactorio en comprensión de textos y cuatro de cada diez no llega ni al nivel básico esto es el 41,9 por ciento. Mientras que Matemáticas el 25,5 por ciento de los alumnos de nivel alto no llega a un nivel satisfactorio y el número alcanza el 68 por ciento entre los más pobres.

La panza vacía en la universidad

En su edición del 18 de junio el diario Página 12 publicó que en una sede de la Universidad Nacional del Comahue, el 10 por ciento de los alumnos ingiere una comida diaria. Además un día a la semana estos jóvenes no comen por falta de recursos.

Estos críticos problemas nutricionales también fueron detectados en la Universidad de La Plata. Según la Federación Universitaria Argentina la situación se repite en Buenos Aires y en otras casas de estudios del país.

El disparador del estudio a 1.016 alumnos de Neuquén y Río Negro fue la percepción de muchos docentes que advirtieron que sus estudiantes “desatendían” las clases más de lo normal.

El dato alarmante es que 160 alumnos padecen una insuficiencia alimentaria grave.

El 40 por ciento de estos estudiantes provienen de Bariloche y zonas vecinas donde deben hacer frente a costos por desarraigo, gastos de alquiler, transporte y comida.

Estos jóvenes si bien lograron llegar a la universidad, difícilmente la puedan terminar con estas dificultades económicas que repercuten directamente en su alimentación y por ende en su falta de concentración para los estudios.

Escuelas públicas versus escuelas privadas

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Las pruebas Aprender han mostrado disímiles rendimientos entre escuelas públicas y privadas.

Las pruebas Aprender han mostrado disímiles rendimientos entre escuelas públicas y privadas.

Otra muestra de la brecha económica son los datos de los estudiantes de escuelas públicas y privadas.

En las de gestión estatal solo el 48,6 por ciento obtiene un porcentaje alto en Lengua y el 48,8 en Matemáticas. Mientras que en las escuelas privadas la proporción llega al 76,8 para Lengua y 72 por ciento para Matemáticas.

El licenciado Martín Nistal, analista de datos del Observatorio de Argentinos por la Educación explicó que en las escuelas privadas hay población de mayor nivel socioeconómico medio o más acomodado y en las estatales hay chicos con condiciones más bajas.

“Pero los peores resultados deberían darse entre los chicos que hoy están en segundo y tercer grado que son los que todavía no evaluamos y que son los que peor afectó la pandemia” explicó Nistal.

María Magdalena Lacunza, licenciada en Educación e integrante del equipo de investigación de la doctora Ana María Borzone explicó que si los gobiernos escolares dan pautas generales no debería haber diferencias entre la escuela estatal y la privada.

“A la escuela privada le va mejor porque les tira los contenidos a los chicos y que se hagan cargo los padres que hacen un gran esfuerzo y en alguno casos hasta le pagan a una maestra particular para que le enseñe como corresponde a los niños. ¿Pero qué hacen los que no aprenden? Se terminan yendo de la escuela privada a la pública. Y en la escuela estatal la maestra no puede dar una atención personalizada. Como tampoco sabe porque no le han enseñado a enseñar y los chicos tampoco tienen maestra de apoyo extra escuela. Ninguna de las dos escuelas está enseñando bien. Hay algunas escuelas privadas específicas que sí, pero en general las subvencionadas tampoco enseñan bien y trasladan la carga a la familia. La brecha es cada vez mayor” analizó Lacunza.

“Habría que ver qué nos está pasando que estos chicos no puedan aprender a leer y a comprender sobre todo” se preguntó Susana Velázquez, acostumbrada a tratar con la pobreza a diario.

El SEOS Rinconcito de Luz antes estaba en el Bajo Luján, un gran villa a la vera del río Mendoza. Pero con la reubicación y entrega de casas, también el centro de apoyo fue trasladado.

“Hay que entender que esto no es solo cambiar de mobiliario. La casa transformó a algunas familias pero hay otras en cuanto a la cultura del trabajo, la valoración como personas, que no es tan simple el cambio. Acá hay niños cuyos padres son empleados municipales, papás que hacen changas, mamás con asignación, mamás solas, abuelas a cargo de los niños, padres solos, todo tipo de familias. Problemas de adicciones, de abusos, características de las poblaciones vulnerables. Hay gente que salió del penal y no puede trabajar porque no le dan el certificado de buena conducta” detalló Susana

“¿Por qué tengo que seguir eligiendo yo lo que debe comer tu hijo? Ellos deben elegir qué deben comer sus hijos, eso da dignidad, grandeza. A veces falta poder acceder a las cosas del Estado y que corresponden por derecho, como el derecho a la salud, a hacer deportes, no solo a la educación. Habría que ver cuales de esos derechos vulnerados son los que más influyen en el resultado de estas pruebas” se preguntó la referente social.

Como dijimos al comienzo, la educación salva, pero nadie lo hará con la panza vacía. Y si no hay oportunidades de trabajo estable es muy fácil salir y entrar nuevamente a la pobreza y a la marginalidad.

“No solo nos hace más pobres la ausencia material sino también tener una mirada mezquina de las situaciones. Hay niños, que son los menos que leen muy bien. Y al resto obviamente le influye la falta de atención, las ausencias que tienen, las angustias de sus familias” concluyó Susana Velázquez

El método de enseñanza y más horas de clases a partir de agosto

Los resultados de las pruebas Aprender que son una pequeña foto de la realidad educativa y social del país cayeron como baldazo de agua fría porque si un chico no puede leer claramente no podrá desarrollar sus habilidades esenciales como el pensamiento crítico, la resolución de problemas y la toma de decisiones. Leer por tanto, es un proceso reflexivo, que profundiza la metacognición, el pensamiento crítico y activa la imaginación. De ahí esto que venimos repitiendo que los chicos no solo no saben leer sino que no comprenden lo que leen.

Entonces si todo esto es tan importante ¿qué falta en la escuela, además de la profundización del problema para los chicos con menos oportunidades económicas? ¿falta tiempo en el aula? ¿hay que mejorar los métodos de enseñanza?. Se puede decir que falta de todo un poco.

El director general de Escuelas, José Thomas, sostiene que el camino es el seguimiento de trayectorias, conocer la realidad de cada uno de los alumnos, la formación docente y poner “todos los recursos disponibles como tiempo y materiales en aquellos chicos que lo necesiten”.

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José Thomas, director general de Escuelas de Mendoza.

José Thomas, director general de Escuelas de Mendoza.

La licenciada Lacunza dijo a Radio Nihuil que la clave está en el método de enseñanza. Explicó que en las escuelas argentinas se da hace 40 años el método Global, el de la psicogénesis.

Se trata de un método para la enseñanza de lectura y palabras en el que los chicos deben interpretar subjetivamente. “Prácticamente no se enseña a producir textos”.

Junto con Borzone propone enseñar a los más chicos a través de juegos la combinación de letras de manera sistemática. “Se hace más cargo el docente de enseñar que el alumno de descubrir”.

Mendoza comenzó a aplicar en 2017 el método de enseñanza de la doctora Borzone que es el de dominar las correspondencias sonido-letra y poder leer y escribir palabras ya en la mitad de primer grado.

“Mendoza hace unos años cambió el método de enseñanza pero comenzó en jardín y en los primeros grados. A los de sexto grado, que son a los que se les tomó las pruebas Aprender no los alcanzó este sistema de enseñanza” explicó Lacunza

La especialista explicó que hay que comenzar a trabajar en las dos puntas: los chicos de nivel inicial y los alumnos del nivel terciario. “Mendoza no ha cambiado el nivel terciario. Si bien se hicieron capacitaciones a los docentes que ya están en ejercicio, lo conveniente es enseñar en el proceso de formación del maestro".

El titular del gobierno escolar, José Thomas, firmó la resolución del Consejo Federal que da las pautas generales para agregar más horas de clases.

Nación pidió una hora más, pero como Mendoza ya tiene media hora más en su jornada diaria, completará esos 30 minutos desde agosto en escuelas primarias estatales.

El convenio con Nación es para que se haga cargo del 80 por ciento del salario de los docentes que brindarán esa media hora extra en focalizar contenidos de Lengua y Matemáticas.

“Desde agosto comenzaremos con 50 escuelas rurales, urbano-marginales pero estamos trabajando para sumar la mayor cantidad de escuelas que operativamente se pueda”, explicó Thomas.

En definitiva, no se puede seguir abordando un problema tan crítico, como muestran los resultados, con las mismas recetas. Hacer un cambio de paradigma sobre cómo enseñar es urgente

Ya hemos referido en otras columnas a que hay chicos que llegan al secundario sin saber leer, por lo que está claro que hay una generación completa que necesita hoy un programa específico de apoyo complementario.

Y por último, como explicó el especialista en educación, Martín Nistal, no se puede seguir resignando la meta de invertir el 6 por ciento del PBI en educación, meta que en prácticamente los últimos diez años no se cumplió.

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