Análisis y opinión

Carlos Abihaggle, un político serio que siempre sonreía

Carlos Abihaggle fue un peronista "ecuménico", uno de esos políticos que logra saltar las vallas de su partido para llegar a otros sectores

Carlos Abihaggle era serio, pero siempre sonreía. Hablaba pausado y se le notaba su formación como docente. Le gustaba explicar. No portaba ese cancherismo típico de los dirigentes que quieren impresionar ni la propensión de ciertos cuadros partidarios a hablar mal y con chicanas hacia los colegas de otros partidos.

Fue un peronista "ecuménico", uno de esos políticos que logra superar las vallas de su partido para tener llegada a otros sectores. Había dos palabras que él consideraba básicas para hacer política: "gestión y efectividad". Creía, como pocos, en la importancia estratégica que una buena institucionalidad tenía para el crecimiento de Mendoza.

En una época solíamos coincidir los sábados para tomar café y hablar de política. Aparecía con su larga figura, levemente encorvado, como les pasa a esos flacos que parecen querer agacharse un poco para estar a tono con sus interlocutores. Y siempre lo acompañaba ese esbozo de sonrisa. Este periodista iba en busca de datos sobre política, pero siempre obtenía un plus sobre estrategias para mejorar a Mendoza.

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Carlos Abihaggle.

Carlos Abihaggle.

Sabía de lo que hablaba. Uno de los cargos que más disfrutó fue el de superintendente general de Irrigación. No pudo llegar a gobernar Mendoza, aunque lo intentó, pero fue "gobernador del agua" durante cinco años. Lo atrapaba todo lo relativo al manejo del agua en una tierra desértica.

Hablaba de todos estos temas con esa naturalidad que adquieren los que han estudiado determinados asuntos con pasión y rigor. Había nacido en 1945 en Lavalle y le gustaba recordar que era lavallino. Tal vez algo de esa tierra haya influido en su carácter, poco afecto al aspaviento. Era descendiente de una familia de inmigrantes libaneses. El 20 de marzo hubiera cumplido 79 años.

Fue contador, economista, profesor universitario, ministro de Obras y Servicios, diputado nacional en dos ocasiones, titular de Irrigación y embajador argentino en Chile. Y dentro de la actividad privada, un reconocido consultor. Integró la renovación peronista que gobernó la provincia entre 1987 y 1999, con tres gobernadores seguidos: José Octavio Bordón, Rodolfo Gabrielli y Arturo Lafalla.

Se había propuesto "traer los debates internacionales a Mendoza" y difundir entre nuestra dirigencia un replanteo acerca de la posición que la Provincia debía tener en el escenario mundial. Decía al respecto cosas como ésta: "Lo que debe ser visible no somos nosotros, lo importante son los frutos que obtenemos de las instituciones con las que nos relacionamos".

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Mucho de esa forma de pensar la plasmó cuando fue embajador argentino en Chile. Como diplomático fue un hábil articulador y un promotor de esta provincia. Se empeñó en mejorar la conectividad vial con Chile, siempre trabada por las burocracias instaladas en el complejo Cristo Redentor, e incluso logró que los presidentes de ambas naciones de ese momento (Néstor Kirchner y Ricardo Lagos) lo apoyaran, pero después pudo más la máquina de impedir.

En marzo de 1976 fue uno de los tantos profesores con simpatías peronistas que cayó preso "por las dudas". Fue a parar -como decenas de mendocinos- varios meses al Liceo Militar General Espejo y luego estuvo en prisión domiciliaria.

Personaje ineludible en una crónica sobre los avatares de 40 años de democracia en Mendoza, Abihaggle fue un hombre que dejó marcas. Empeñoso, dedicado, nunca sectario, será recordado no sólo como un político comprometido con la Provincia, sino por algo mucho más inusual: haber sido buena persona.

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