Análisis y opinión

Aquel "otro país" de los Rodríguez Saá está en un brete y en su retirada busca blindarse

Los votantes de San Luis decidieron que el apellido Rodríguez Saá y su forma de gobernar no corría más. Pero todo indica que estos muchachos se la harán difícil al sucesor, Claudio Poggi

Hace varios años el gobierno "natural y sin fin" de los hermanos Adolfo y Alberto Rodríguez Saá, basado en el famoso "tomala vos, dámela a mí", se largó a promocionar las bondades turísticas de la provincia puntana. Lo hizo bajo un eslogan que resultó polémico: "San Luis, otro país". El spot publicitario trajo cola y muchos lo tomaron para la chacota.

Chistes del tipo "hoy viajo al exterior, me voy a Villa Mercedes" o "Ya saqué el pasaporte para ir a Potrero de los Funes" se extendieron hasta el cansancio. Pero el asunto dejó cierto sedimento. Fue pensado para favorecer el turismo, pero terminó como un ejemplo de grandilocuencia provinciana motivada por un aparente sentimiento de inferioridad. Lo mismo pasó con el Hollywood puntano que motorizó "el Alberto" y con ese remedo de Silicon Valley, que esbozaron, pero que no se concretó.

Este año los votantes de esa provincia cuyana decidieron que era hora de que el apellido Rodriguez Saá y su forma de administrar los dineros públicos abandonara la Casa de Gobierno. Ese doble apellido ha empezado muy lentamente a distanciarse del cenit de la política puntana, ya que se aproxima su salida del poder.

Morales-Claudio Poggi-Larreta.jpg
Gerardo Morales, Claudio Poggio y Horacio Rodríguez Larreta (en el centro de la imagen).

Gerardo Morales, Claudio Poggio y Horacio Rodríguez Larreta (en el centro de la imagen).

Los hilos

Son muchos, demasiados, los años en que esa familia peronista ha digitado todos los hilos del poder sanluiseño, además de manejar los principales medios de difusión de esa provincia y de tener injerencia en los otros poderes del Estado.

Esa salida se terminará de concretar en diciembre cuando Claudio Poggi (59) asuma como nuevo gobernador en nombre de Juntos por el Cambio. Pero ya han empezado a surgir dudas sobre si ese éxodo será real o si estaremos ante alguna nueva forma de gatopardismo, esto es, cambiar algunas cosas manteniendo el status quo.

No debe olvidarse que Poggi integró en su momento el equipo de los Rodriguez Saá al punto que en 2011 fue una especie de comodín que los famosos hermanos pusieron de candidato a gobernador para oxigenar el ambiente. Es cierto que luego Poggi dio muestras de independencia y que en 2015 fue ganado por el proyecto de Cambiemos. Sin embargo, Poggi ha debido amigarse con "el Adolfo", aprovechando la pelea entre hermanos, para asegurarse su reciente triunfo como gobernador.

Gatopardismo

La capital puntana ha sido en estos días escenario de una importante protesta en la que Poggi, gobernador electo, denunció que Alberto Rodríguez Saá, mandatario en funciones hasta diciembre, está creando "un gobierno paralelo" para que cuando asuma Poggi tenga una especie de Gran Hermano que observe todos sus pasos.

¿Cómo? A través de nombramientos en cargos estables de muchos de los actuales funcionarios, un staff que en diciembre debería abandonar por completo todos los cargos políticos. El objetivo de Alberto Rodríguez Saá sería el de intentar "tener bajo control" al nuevo gobierno para presionarlo. Como cuando los militares monitoreaban los gobiernos constitucionales entre dictadura y dictadura.

El tema de los Saá es no largar los resortes del poder o, de última, tenerlos controlados, desconociendo el mandato popular. No importa que los hermanos Adolfo y Alberto estén peleados desde hace un tiempo y que se saquen los ojos, peleas en las que los correveidiles puntanos siempre hacen aparecer como "la mala" a la actual esposa del Adolfo, la mendocina Gisela Vartalitis, dueña de buena parte de la cartelería urbana y las gigantografías de la ciudad de San Luis. El objetivo, en concreto, es tener chances de veto hacia el nuevo gobierno y, sobre todo, de inmunidad.

Desarmar

Lo cierto es que los puntanos han decidido transferir el poder a otro candidato para ver si esa provincia cuyana puede salir de una vez por todas de ese entramado de familia que no respeta la periodicidad de los mandatos y que ha convertido a la administración pública de San Luis en una empresa familiar que hace y deshace.

Nadie puede desconocer la habilidad de estos hermanos peronistas para obtener fondos de la Nación y un variado menú de canonjías, como la alevosa promoción industrial de la que gozaron con Carlos Menem a costa de afectar a provincias, como Mendoza, que debieron por años competir en absoluta inferioridad de condiciones para atraer inversiones.

Algunos puntanos informados dicen que los hermanos Rodríguez Saá presienten que por más que entre ellos haya una guerra familiar, no les conviene insistir demasiado en el ensañamiento porque los terminará afectando a ambos.

Sin embargo, Adolfo, no sólo apoya de boquilla a Poggi sino que esta semana apareció con una bandera en la marcha contra las supuestas arbitrariedades de su hermano Alberto, quien ensaya diversas argucias para blindarse ante futuras denuncias en la Justicia.

Cuarenta años

Desde el retorno de la democracia, hace 40 años, la marca Rodríguez Saá ha teñido todo el tejido político de San Luis. "El Adolfo" fue cinco veces gobernador. "El Alberto" está cumpliendo la gestión número cuatro. Entre 2011-2015 pusieron como comodín a Claudio Poggi para que actuara como una especie de gerente general de la empresa familiar, quien luego se les dio vuelta y salió espantado. Ahora ha vuelto victorioso con vuelo propio.

Ni Alberto, en la actualidad; ni Adolfo, en el pasado, creyeron que esa forma de gobernar fuese una anomalía republicana. Se les debe reconocer que el populismo peronista que instauraron en San Luis tuvo visos de -digamos- cierta eficiencia.

Se vendieron como activos gestionadores de plata que les llovía de la Nación y se llenaron de inversiones "infladas" con la promoción industrial menemista, todas cosas que alguna vez la historia se encargará de demostrar cuánto tuvieron de embeleco.