Análisis y Opinión

Alerta por la fuga de cerebros en el país: amenazas ante el éxodo médico

"Nos estamos extinguiendo y a nadie le importa" advierten los médicos residentes de la Argentina, los que están sometidos a explotación y presión laboral, al pluriempleo y a salarios paupérrimos

En Argentina, el histórico lema de ascenso social de ‘m’hijo el doctor’ está desapareciendo. Hoy, los jóvenes profesionales de guardapolvo blanco, sometidos a explotación y presión laboral, al pluriempleo y a salarios paupérrimos, deciden en muchos casos emigrar. Principalmente a Europa, particularmente a España donde revalidan su título y construyen su futuro.

Según datos publicados recientemente, entre septiembre de 2020 y abril de 2022 hubo más de 370 mil argentinos que migraron. Y los países elegidos son en primer lugar Brasil, en segundo lugar, España y en tercer lugar, Chile. La razón declarada: mudanza y residencia. Y la edad prevalente es de 30 años, la edad justa de los jóvenes profesionales que deciden asentarse en otras latitudes.

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La crisis de migración médica se da en diversas especialidades, particularmente en salud mental, clínica médica y especialmente en pediatría. Por segundo año consecutivo, la SAP, Sociedad Argentina de Pediatría, alertó que han quedado vacantes más del 30 % de las plazas de residencias pediátricas. Ya se prendieron alarmas en hospitales de niños a lo largo y ancho del país. En el de La Plata, por ejemplo, faltan especialistas en varias áreas, y en el hospital de niños de La Matanza se cerraron salas por falta de personal médico. Mientras que, en Rosario, alertan por la baja de matrículas que se está produciendo desde 2019 por las migraciones al exterior.

Particularmente en Mendoza, la migración se da hacia el vecino país de Chile donde los médicos argentinos son sumamente valorados por su formación y los salarios son muy superiores. En Mendoza, se están implementando programas para retener los talentos médicos. Incentivos para cargos, disminución de las horas de guardia y disminución de la de edad jubilatoria, pero la migración hacia el país trasandino no ha cesado. Si se sigue a este ritmo, se alerta desde la SAP, en unos diez años, nos quedaremos sin pediatras en el país.

Los dinosaurios van a desaparecer

Cartel en mano, un joven residente médico disfrazado de tiranosaurio rex reclama, en las protestas del 2022, por mejoras salariales. No logra llegar a fin de mes pese a sus múltiples empleos y a las extenuantes horas de guardia.

Aunque en la pandemia todas las noches aplaudíamos al personal de salud desde los balcones y ventanas, una vez terminada, la celebración cayó en el olvido y no se tradujo en un reconocimiento efectivo. “Nos estamos extinguiendo y a nadie le importa” reza el cartel que sostiene el residente médico.

¿Por qué bastardeamos a los médicos? ¿Por qué los menospreciamos? ¿Es acaso una actitud suicida? ¿Será pura banalidad? ¿O inconsciencia? ¿Qué nos ocurre como sociedad?

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Otros países como Alemania, buscan activamente a nuestros profesionales médicos por su nivel de calificación. Miles y miles de jóvenes de otros países migran cada año a nuestro país para acceder a la deseada formación en medicina. Desde Argentina, sin embargo, una vez formados, los dejamos ir.

Dream team

De los integrantes de la selección argentina de fútbol campeona del mundo Qatar 2022, ninguno juega en un equipo argentino. A nadie le sorprende. Las sumas exorbitantes que se les ofrecen en el exterior son irresistibles y, además, materia frecuente en las charlas de café. La millonaria cifra del pase de tal o cuál jugador vende diarios, revistas y cosecha cientos de miles de clicks en los portales. Porque, total, aunque jueguen en Europa, en EE. UU. o en Brasil, después se calzan la celeste y blanca y nos dan la alegría de nuestras vidas. Son argentinos a la hora de jugar la Copa América, el Mundial o las Olimpiadas y eso es motivo de orgullo nacional.

Sin embargo, no existe la selección argentina de cardiología, de pediatría o de odontología. Los que se van, se fueron. Ya no van a atender a nuestros padres, a nuestros hijos o a nosotros mismos. Migraron. Punto a parte. No son un activo nacional en potencia para competencias internacionales como ocurre en el fútbol u otros deportes con jugadores de elite.

Nuestra selección médica se está yendo. Se desvanece y nadie la cuida.

Como decía el doctor Rene Favaloro: "es necesario insistir una vez mas que si no estamos dispuestos a comprometernos, principalmente los universitarios, a luchar por los cambios estructurales que nuestro país necesita en salud y educación, seguiremos siendo testigos de esta sociedad injusta donde parece que el tener y el poder son las aspiraciones máximas".

Cartas al país

Hace poco escuché la carta que una afamada conductora de tv escribió sobre su familia y la migración. No suelo ver su programa, lo crucé por casualidad, pero su carta me conmovió. Como en la serie “Vientos de Agua”, relata la historia migratoria de varias generaciones, de España a Argentina y viceversa. Padres y abuelos trabajadores que migraron escapando de las consecuencias de las guerras llegaron a nuestro país. Esforzándose y trabajando mucho construyeron un presente, sus hijos aún se quedaron pese a las dificultades, pero los nietos, profesionales y con sed de progreso, ahora se van.

¿Por qué debemos resignarnos y naturalizar este proceso?

Las migraciones, aunque sean por razones económicas, implican desarraigo y sufrimiento. Cómo decía el consultor Giaccobe, pareciera que el país sufre las consecuencias de una guerra, interna o externa, de la cual es necesario huir. La elocuencia de los números nos da alerta. Según datos publicados esta semana por el INDEC, tan sólo en los últimos cuatro meses 2,7 millones de personas cayeron bajo la línea de pobreza. En un cuatrimestre, pasamos del 34 al 40 por ciento de pobreza en el país. Elocuente.

¿Qué hacemos ante esta situación? ¿Cómo actuamos?

Es necesario actuar con decisión para proteger nuestro dream team médico, para que sean revalorizados y cuidados. Para que la única opción de futuro para nuestros hijos no sea la migración forzosa.

Tenemos que volver a construir un país donde el estudio y el trabajo sean vehículos de cambio y de ascenso social, del cual podamos estar orgullosos. Un país que proyecte y cuide a sus profesionales, porque se cuida a si mismo.

Mi abuelo, como tantos otros, fue un inmigrante italiano que primero recaló en EE. UU. y no se halló pero que al llegar al puerto de Buenos Aires encontró terreno fértil para hacer la América. Mi viejo y mi tío fueron doctores, abogado y médico, respectivamente, que construyeron un patrimonio. Aunque universitarios sólo llegaron a ser los varones. En mi generación, en cambio, llegamos a tener posgrados y múltiples méritos académicos, sin distinción de géneros, y amplificamos derechos civiles, aunque la economía nos cueste cada día.

Para que nuestros hijos elijan libremente dónde vivir y cómo construir su futuro, tenemos que actuar ya. Antes de que sea tarde y de que nos quedemos sin pediatras, sin salud y sin país.

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