Análisis y opinión

Acelera y se manda: a la Bullrich no la tomen "por tonta" o volverá a cantarles una de Lali

Lleva 50 años en política. Con este training se anima a discrepar en un gobierno verticalista como el de Milei, aportándole un poco de sentido común a la galaxia anarcocapitalista

Editado por Manuel De Paz
mdepaz.2015@gmail.com

A sus 70 años, de los cuales 50 han estado dedicados a la política, Patricia Bullrich mira 2027 con minuciosa avidez. No le ha dado de baja a su sueño de ser presidenta del país. Los argentinos le negaron esa chance en 2023 cuando fue candidata presidencial de Juntos por el Cambio y salió tercera. Este último dato, que para un político estándar hubiera significado tapiar cualquier revival presidencial, a ella la ha envalentonado.

A las pocas horas de que Javier Milei ganara el balotaje, Bullrich pateó en el traste tanto al macrismo como al 23% de los argentinos que la habían votado en primera vuelta y se fue a vivir con el libertario que venía a terminar con la casta política. Fue dos años ministra de Seguridad Nacional del "austríaco" (ya lo había sido 4 años con Macri) y ahora es senadora nacional y jefa del bloque de La Libertad Avanza.

Ha adquirido en los últimos meses un creciente nivel de protagonismo por una razón muy singular: se anima a discrepar, aportándole un poco de sentido común a esa galaxia.

Analistas de encuestas insisten en que "la senadora posee mayor margen de crecimiento en intención de voto y competitividad que Milei, cuyo apoyo se concentra en un núcleo duro más cerrado. ¿Qué es lo que hace ella entonces? La respuesta de los investigadores es coincidente: "construir poder de negociación".

“No voy a aceptar que me tomen de tonta”, dijo Patricia Bullrich sobre las internas en el oficialismo.

Voz alertadora

Durante varios meses ella fue noticia por alzar su voz advirtiendo de que si no se ponía fin al escándalo que generaba el intento de salvar al jefe de Gabinete Manuel Adorni, investigado por enriquecimiento irregular, el asunto se lo iba a llevar puesto al propio presidente. Intervino también en la crisis de Discapacidad al alertar que un problema social como ese no puede quedar quedar en manos de traders de la city.

Meses antes había pegado el grito cuando se destapó que el diputado de La Libertad Avanza José Luis Espert había recibido un pago de 200.000 dólares de Fred Machado, un personaje investigado judicialmente en Estados Unidos por presunto lavado de dinero vinculado con el narcotráfico. Otra vez lo hizo en soledad.

Fue la única en el Ejecutivo que se animó a hablar cuando se generó una fuerte polémica política e institucional por el caso de la jueza María Verónica Michelli, a quien el gobierno de Javier Milei (en particular la hermana Karina) intentó retirar el pliego, ya aprobado y enviado al Senado, con el que esa jueza había rendido para ascender a un cargo superior. ¿La razón? Ser parienta del conocido periodista de investigación Hugo Alconada Mon, del diario La Nación. Bullrich se plantó y advirtió desde el Senado que no avalaría tal disposición por respeto institucional y por su derecho a la objeción de conciencia. El disparate de los Milei no se concretó y el Senado aprobó el pliego de la designación

La socia

"Soy socia, no empleada", dice ella para desalentar a ciertos amanuenses del presidente y de su hermana Karina. “No voy a aceptar que me tomen de tonta”, les estampa a algunas figuras claves del gobierno, como el jefe de Economía Luis Caputo, o el jefe de Gabinete Diego Santilli, quienes -asegura- le retacean o esconden información, como si ella no estuviera al frente de los senadores oficialistas.

"Conmigo no", les dijo, a la manera que enseñó la buena de Beatriz Sarlo cuando se enfrentó, solita mi alma, a las chicanas ideológicas de los panelistas ultra kirchneristas del ciclo "6, 7, 8" en la TV Pública, durante el segundo gobierno de Cristina. En el bloque oficialista del Senado ella conduce una estrategia de marcada -y molesta- autonomía, lo cual genera cierto escozor dentro de ese espacio oficialista.

No son pocos los que la quisieran más modosita. Sus críticos dicen que Bullrich está armando un perfil propio hacia 2027 y recuerdan que la vida política de esta mujer ha sido un muestrario de cambios y mutaciones partidarias. En realidad ha podido llegar a ser alguien en el mundo anarco-capitalista porque previamente construyó durante décadas su molde y, por lo tanto, su leyenda.

Karina Milei y Patricia Bullrich.

Su currículum

Arrancó con la Juventud Peronista y el montonerismo de los años '70, después estuvo en el menemismo y en el duhaldismo, para recalar a fines de los '90 en la alianza UCR-Frepaso que llevó a Fernando de la Rúa a la malograda presidencia que solo duró dos años, donde La Piba -como la llamaba aquel mandatario- fue ministra de Trabajo y luego de Seguridad Social. Se sumó después a la Coalición Cívica de Lilita Carrió, con quien ganó una diputación nacional. Recaló en 2015 en el macrismo, donde estuvo 10 años como afiliada al PRO. Su rol más destacado fue el de ministra de Seguridad, tanto con Macri como con Milei.

El proyecto menos productivo fue el de candidata presidencial de Juntos por el Cambio. En mayo de 2025 firmó ante Karina Milei la ficha de afiliación a La Libertad Avanza. A ella no le molesta convivir en una permanente tensión. Es su esteroide. Dice que respalda al gobierno en las iniciativas que considera centrales y, al mismo tiempo, marca diferencias cuando entiende que hay referentes de la Casa Rosada que toman decisiones sin consultar a quien, como ella, después debe defenderlas en el Congreso. Le parecen extremas algunas "insensibilidades" y no quiere enterarse por los diarios de decisiones claves que debieron ser planteadas en las reuniones de la "mesa política".

Chochos con Lali

Lo que les está diciendo la senadora a los hermanos Milei y a otros mandos de la Rosada es que ella "tiene tela para diferenciarse sin romper tejidos". Pero además está probando al presidente para saber cuánto está dispuesto a tolerar en una aliada con molde propio.

En medio de la tormenta por los recortes de fondos en Discapacidad (incluidas las denuncias por casos de probable corrupción) Bullrich publicó un provocativo video en el que se la ve trabajando en su despacho del Senado al tiempo que escucha y tararea un tema de Lali Espósito, cantante con la que el presidente ha mantenido una rimbombante disputa ideológica desde el inicio de su gestión.

La canción es "No me importa", que entre otras estrofas dice: "No voy a vivir con miedo a nacer/ si voy a morir que sea más tarde/ no voy a parar por miedo a correr / sé que quisieran poder controlarme/ nunca fui lo que querían de mí y no me importa/ acelero y voy".

Para estar a tono con la picardía musical de Bullrich, el mandatario se mostró esta vez más avispado. Cuando le preguntaron si estaba molesto con su senadora por escuchar a Lali, respondió: "¿Cuál sería el problema de que escuche a Lali? Para mí no lo hay". Es más, dijo que a raíz de la polémica con la artista se obligó a escuchar algunas de sus canciones "y me gustaron".

Es decir: Milei y Bullrich participan de una liasson táctica, en la que van y vienen buscando mantener el engarce ideológico. Como ambos tienen rasgos de inclasificables se permiten márgenes de autonomía y tensión política. Ella ya no es la "ministra de" sino la jefa de bloque del libertarismo, un cargo que le facilita cierto vuelo propio para poder seguir indagando en la loca idea de ser la próxima presidenta.

En pocas palabras

  • Patricia Bullrich: con 50 años en política, busca potenciar su perfil para 2027.
  • Autonomía en el gobierno: se anima a discrepar y marcar diferencias dentro del espacio libertario.
  • Estrategia política: mantiene una relación de cierta tensión, buscando negociar poder sin romper el bloque.
Resumen generado por Thinkindot AI

MÁS LEÍDAS