Existen actividades que -demostrado está- aumentan nuestro nivel de felicidad: hacer ejercicio físico y socializar. Sin embargo, la neurociencia propone tres hábitos para ser feliz y aprovechar al máximo nuestra felicidad.
Neurociencia: 3 hábitos para ser feliz y aprovechar al máximo nuestras emociones
Estudios sobre neurociencia han demostrado que, a través de determinados hábitos, podemos ser más felices
Freud, el padre del psicoanálisis, creía que este estado de ánimo es "el resultado de satisfacer necesidades acumuladas que han alcanzado un nivel elevado de tensión". Pero mucho antes, Aristóteles consideraba que era posible lograrla combinando los bienes externos, del cuerpo y del alma.
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El psicólogo adjunto de la Universidad de Cardiff, Cliff Arnall sostiene que existe una fórmula que tiene en cuenta las temperaturas, la socialización, el contacto con la naturaleza y las vacaciones, entre otras cosas.
Arnall no está del todo equivocado, pero la neurociencia ha ido más allá y demostró que las emociones tienen su origen en estímulos que provocan reacciones químicas en nuestro cerebro. Por lo tanto, pueden ser manejadas a pesar de las condiciones externas.
Neurociencia: 3 hábitos para ser feliz
1. PONERLE NOMBRE A LAS EMOCIONES
Un informe científico publicado por la National Library of Medicine demuestra que "etiquetar" los sentimientos frena la actividad de la amígdala, la zona del cerebro que se activa cuando nos emocionamos. Por este motivo los psicólogos recomiendan escribir o hablar sobre lo que nos sucede. Además, este hábito puede ayudarnos a tomar distancia de algunos problemas, mirarlos con perspectiva y gestionarlos mejor.
El 'journaling', (que podría entenderse como registro periodístico) y se ha puesto de moda en el último tiempo, es una técnica de registro de pensamientos, experiencias, reflexiones y hábitos en un cuaderno, agenda, smartphone, tablet u ordenador.
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Un ejemplo cercano y conocido: luego de la muerte de su hija, la escritora chilena Isabel Allende escribió 'Paula' (1994), y en una entrevista posterior, aseguró que trabajar en esa publicación le ayudó a enfrentar el duelo y le salvó la vida. Esto demuestra que ponerle nombre a nuestras emociones y plasmar en un papel lo que nos sucede tiene efectos positivos en la mente.
2. ABRAZAR
Sí, abrazar. El contacto físico entre las personas reduce la segregación de cortisol en nuestro cerebro. Esto permite que se libere oxitocina y serotonina. Un artículo publicado en la revista PLOS ONE revela que recibir o dar un abrazo se asocia con la atenuación del estado de ánimo negativo que aparece cuando experimentamos un conflicto personal.
Por caso, la profesora de neurociencia y comportamiento de la Universidad John Moores de Liverpool, Susannah Walker, detalla en su teoría que "desde bebés estamos predispuestos a abrazar para garantizar nuestra supervivencia". Lo que, de adultos, nos condiciona a asociar esta manifestación de afecto con un sentimiento de protección que nos conduce a reducir el estrés y, por supuesto, ser mucho más felices.
3. HABLARSE A UNO MISMO EN POSITIVO
De la misma manera que las relaciones con los demás son fundamentales para desarrollar una vida feliz, el vínculo con uno mismo también lo es. Asiduamente, y más cuando nos encontramos en situaciones en las que no nos ajustamos a nuestras propias expectativas, nos lanzamos mensajes negativos: "soy un desastre", "soy muy torpe" o "siempre me equivoco", por destacar ejemplos conocidos.
La forma en la que nos tratamos influye directamente en la narrativa que creamos sobre nosotros mismos y condiciona nuestro comportamiento futuro. Así lo demuestra el estudio de la Universidad de Michigan, liderado por Ethan Kross, que expone que cuando nuestro diálogo interno se establece en primera persona, tendemos a pronunciar frases negativas como las anteriores. Sin embargo, cuando nos dirigimos a nosotros mismos en segunda persona ("este error no te representa", "puedes superar esto" o "lo estás haciendo genial") tomamos mayor distancia de las emociones y somos más racionales, e incluso más optimistas.
Con información de National Geographic.








