En la cima de unas escalinatas circulares en una casa al borde de la playa en La Habana, Camila López Rivas se acuesta en el suelo de baldosas, y sonríe con picardía ante una cámara de vídeo que la filma haciendo círculos sobre su cabeza.Alrededor de ella aparecen retazos de su vestido azul de tafetán, el primero de nueve trajes en los que la niña de 14 años va a posar y que incluyen desde vestidos de boda a un bikini verde neón.
Volver a Cuba, su sueño de 15 años
