Giuliana Lucoski no empezó con el yoga después del accidente en moto que hace casi 4 años la dejó al borde de la muerte. Cuando todo pasó, ya tenía ese lenguaje incorporado en el cuerpo. Lo había aprendido de chica, casi jugando, al lado de su madre. Y fue eso, dice ahora, lo que le permitió atravesar la recuperación.
Giuliana Lucoski contó cómo el yoga la ayudó a reconstruir su vida y hoy se dedica a enseñarlo
La exreina de la Vendimia Giuliana Lucoski relató cómo la práctica la ayudó a recuperarse y superar las secuelas del gravísimo accidente que sufrió en el 2022
“Yo siento que estuve preparada”, resumió la ex Reina Nacional de la Vendimia 2016 en una entrevista para Diario UNO. Preparada en el cuerpo, por la resistencia a las fracturas que sufrió a sus 28 años. En la mente, por la paciencia para atravesar meses de rehabilitación. Y en lo emocional, por una calma que -según cuenta- sorprendía incluso a los médicos del Hospital Central donde permaneció internada.
Un aprendizaje que empezó a los 6 años
El yoga entró en su vida mucho antes de cualquier exposición pública. Tenía 6 años cuando empezó a acompañar a su madre, quien había llegado a la práctica por un problema en la columna.
“Ella empezó por una sifosis, para corregir la postura. Y un día yo estaba al lado, era muy chica, y me puse a hacer lo mismo”, recuerda.
Ese vínculo se fue profundizando con los años. Su madre se formó como profesora y empezó a dar clases. Lucoski, aunque siguió otros caminos -estudió abogacía, escribanía, idiomas- nunca se alejó de la práctica.
Hoy ese recorrido tomó forma concreta en un espacio que impulsan juntas: Ananda, un centro que no se limita a las clases tradicionales. Allí conviven distintas disciplinas, desde yoga en varios estilos hasta reiki, masajes, osteopatía y talleres abiertos.
El cuerpo después del accidente
El 2022 marcó un quiebre en su vida a días de su casamiento. El accidente en moto la dejó con múltiples fracturas y un cuadro crítico que derivó en semanas de internación y una rehabilitación extensa.
Sin embargo, incluso en ese contexto, el yoga no desapareció.
“Los kinesiólogos me decían que no podían creer cómo me sentaba tan derecha”, cuenta. Aún con limitaciones físicas severas, empezó a incorporar movimientos mínimos, adaptados a su estado. Primero en la cama del hospital, después en su casa.
“Yo hacía yoga sin poder caminar. Me sentaba, me movía como podía. Siempre dentro de lo que me permitían”, relata.
El proceso no fue inmediato ni lineal. Hubo restricciones, tiempos médicos y etapas. Pero insiste en que la práctica constante le permitió recuperar movilidad más rápido de lo esperado.
“El pie fue lo último. Pero con posturas, de a poco, se fue soltando. Es constancia, no es de un día para el otro”, dice.
De la práctica personal a la enseñanza
Hoy, con una hija de 2 años y trabajando también como corredora inmobiliaria, Lucoski empezó a volcar esa experiencia en la enseñanza.
En Ananda comenzó a dar clases de yoga y a explorar otras formas de transmitir lo que vivió. No desde lo teórico, sino desde lo que atravesó en primera persona.
En su mirada, el yoga no es solo una actividad física. Incluye respiración, control emocional y una forma de enfrentar situaciones de estrés.
“También es parar un segundo, respirar y después actuar”, sintetizó.
A casi 4 años del accidente, asegura que no tiene limitaciones en su vida cotidiana. Camina, entrena y sostiene la práctica diaria que -según plantea- nunca dejó.
“No me condicionó en nada. Fue paso a paso, pero hoy puedo hacer todo”, afirmó Giuliana Lucoski.







