Las lágrimas rodaban por el rostro de María Rosa Mendoza a medida que se alejaba del Cotopaxi. El volcán de 5.897 metros (más de 19.000 pies) ha condicionado toda su vida.El agua que bebe procede de sus glaciares. Sus vacas pastan en sus faldas. A sus hijos les cuenta historias sobre su letal erupción de 1877, e incluso entona un cántico popular que alaba su temible majestuosidad.
Vidas arraigadas a los pies de volcán en Ecuador
