Cada día, al caer el sol, un batallón de heroinómanos con pocos dientes y las venas inflamadas camina hasta una furgoneta blanca que distribuye jeringas, gomas y una cucharita. Los paquetes los proporciona la organización CAMBIE que sale cada noche en busca de adictos quienes a cambio de entregar sus jeringuillas usadas reciben otra nueva para impedir que estas queden tiradas en el suelo, que las pise algún escolar o que pase hasta diez veces de un brazo a otro aumentando el riesgo de transmisión de VIH o hepatitis.Hugo Castro, coordinador del proyecto, ni hace reproches ni da consejos a Wilson Pineda, de 39 años de edad, pero le enseña cómo hacerse correctamente un torniquete en el brazo para encontrar la vena en lugar de pincharse el destrozado músculo. El paquete entregado incluye agua destilada para que los drogadictos no se limpien las heridas con aguas de los charcos.
Una polémica campaña para los adictos
